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Almudena Vidorreta, profesora y poeta

Almudena Vidorreta

poemas

ZAHORÍ




Una vez fui zahorí

que vio a través de los párpados,

de las dos ventanas opacas

tras las que se encuentra el mundo,

y entre sueños vi su rostro:

me miraba fijamente,

con los labios enlutados

y las pupilas vivas.

Y qué es el sueño

sino la imagen helada de la muerte,

o una mujer de cabello cano

que me persigue allá donde vaya.

Y qué, la vigilia,

sino tus manos suaves,

que me despiertan del miedo

con la complicidad del que siente

que esta noche, otra vez,

puede que tengamos visita.


Días animales (Zaragoza, Prensas de la Universidad de Zaragoza, 2013)
SOLEDAD
 

Ya estoy sola

como los caminos secos,

como la tierra yerma y las palabras forzadas,

como los dulces agasajos del oficio.

Sola como los laureles del pasado,

los manuscritos perdidos

y los legajos rotos

o, también,

sola como las migas en el suelo

por las calles por las que no transita nadie,

ni siquiera los pájaros.

Sola como el polvo de Auschwitz,

como la arena pisoteada,

vacía completamente.

Con los párpados averiados,

atrancados con lágrimas secas como cuñas,

lloro raudales de sangre

y miro desde fuera la película

donde se ha rodado la escena:

una mano desnuda e invisible

desliza su cuchilla

y el filo de la sal atenaza mis recuerdos.

No hay mayor certeza que el dolor.


Días animales (Zaragoza, Prensas de la Universidad de Zaragoza, 2013)
LATET ANGUIS IN HERBA

 

Hoy soy la sierpe con las fauces rotas

que estaba latente entre la hierba

y quiso devorar de un solo gesto

a un ejército entero de ratones.

Pasando con esfuerzo la garganta,

aquellos indefensos animales

gritaban en el momento de su muerte,

porque son descendientes del cisne,

que, aunque hermoso, ataca.

Soy la destructiva cazadora

hambrienta de presas débiles,

frágiles, tanto como tú,

y cambio de piel más fácilmente

gracias a su paso por mi cuerpo.


De Días animales (Zaragoza, Prensas Universitarias de Zaragoza, 2013)
LA LEYENDA DEL PELÍCANO

 

Hay en el dolor y hay en la rabia

parte de un canto que no es mío.

Cómo darte crédito y alzarme,

cómo perturbar tu invierno apacible…

Igual de meritoria me parece

esta retirada antes de tiempo.

Qué harías por mí;

no me atrevo a preguntarte.

Armada en la batalla de la vida,

me bebo de un trago la savia

derramada por tus ojos,

siempre cansados y dolientes.

Eres el mesías del milagro,

el pálpito que todos tuvieron,

pero yo renuncio a ti,

desdeño la idea de tu muerte

encaramado a mi propia sustancia

y lloro para que mi lágrimas arrastren

las huellas de tu herida, cuesta abajo.

Solución salina y silencio para siempre

que refresca mis entrañas de hielo.

Ahora alimento a mis criaturas

que crecen sin la ayuda de nadie,

bebiéndose la sangre que me brota

de las heridas del pecho.


De Días animales (Zaragoza, Prensas Universitarias de Zaragoza, 2013)

 

CEREZO

 

Me corté los años

en el tronco del cerezo que arrancasteis,

como si fueran mis días una señal más

confundida entre los círculos concéntricos

que lo hacían diferente a cien mil otros.

Vomitamos su fruto por temor a los gusanos

y así también lo dejamos arder

para aprovechar la madera

sin preocuparnos lo más mínimo

del olor que desprendía o del periodo de quemado.

Debiéramos haber sangrado resina los dos

pero estaba seca ya en sus cicatrices.

Si hubiera estado cerca todo el tiempo

sabríais que no es posible arrancar de raíz

tanto amor y tanto miedo de la tierra.

Los cerezos de corazón

y el corazón mismo de los hombres

tienen eso,

que siempre dejan algo de su esencia

germinando incontrolable

en el lugar donde crecieron y dieron fruto,

aunque a veces, de una forma inesperada,

sean expulsados de su hueco

o se hayan convertido por exceso de azúcar

en mero pasto dulce de gusanos.

 
De Lengua de mapa (Zaragoza, Prensas Universitarias de Zaragoza, 2010)

 

[COLOFÓN]

 

Días hay en los que viene un verso lento

y me susurra al oído la palabra fértil

que, no por precisa ni por exacta,

arranca las palabras de la tierra.

Hundir los dedos en el barro,

húmedos, como lengua que traza un mapa,

surcando los caminos del insecto

y mi cuerpo se vuelve monte de parto

que da a luz un ratón

y no era nada.

El poema empezó desde el instante

en que vino la muerte

y ya no estabas tú sobre los árboles

ni bajo el estiércol de mis manos,

y no hubo ya más cumbre sin causa

ni caída sin descenso.

El suelo es la tierna criatura

que refiere lo que oye

desde el tránsito incesante de nuestros pies.

 
De Lengua de mapa (Zaragoza, Prensas Universitarias de Zaragoza, 2010)
 

CARTA VII

 

No soy como tú

soy diferente, llegó a pronunciar la hija del hombre

hasta tres veces antes del canto del gallo.

Tragará la sangre de su propio padre a borbotones,

será acusada de recaer en el pecado original

y la vida volverá a sucederse de manera irremediable

igual que las novelas que ya están escritas.


Empecinada en cada cosa como si le fuera la vida en ello,

toda vendida cuando el Padre ejercía su derecho a veto no legítimo

y jamás tan ansiosa por ser sincera como aquel día:

No soy como tú...

Y en cada gesto, descubrir la falsedad de tal creencia,

y hallar rastros de su sangre

hasta en las muecas más recónditas

o las reacciones reservadas sólo para la intimidad.

No soy como tú

y repetir su deseo cada día y cada noche

en un intento vano por cambiar las normas,

en un conjuro imposible para el desarraigo.


No soy como tú,

pero serlo.

 
De Algunos hombres insaciables, Zaragoza, Aqua, 2009
 

CANTO IV

 

La nueva raza de mujeres que sobrevendrá tras la lluvia

también empezará con el verbo,

con la acción original y el pecado mismo.


Yo soy Juan Rulfo,

ya lo dije una vez y os lo repito ahora.

En mis entrañas sus criaturas se estremecen,

porque soy uno y soy todos los poetas,

como una vez fui una y todas las mujeres

en cada uno de los hombres que buscaron en mi carne

y hallaron el perdón en mis caderas apresadas.


Ni siquiera enseñasteis a leer como aprendices

a aquellos que estaban a punto de heredar la Tierra.

En todas las otras palabras,

en todos los otros escritos estaba dicho

y lo único que hice fue verterlos en un solo molde,

fundirlos y planear el regreso

mientras agito mi cabeza de péndulo cansado

como quien dijera que te lo advertí.


Por eso volveré y seré mujer,

y en mis labios estará la respuesta

lista para ser devorada.


La nueva raza de mujeres que sobrevendrá tras la lluvia

también empezará con el verbo,

con la acción original y el pecado mismo

si es que estás dispuesto a volver a caer.

Digo lluvia, lluvia, lluvia,

porque primero volverá a ser la palabra,

una y otra vez

cuyo sentido será indescifrable

y no habrá diccionarios que revelen el proceso,

sólo lluvia que traerá la justicia

y un séquito venido del Reino Eterno

que sabrá el origen y el destino del hombre

así como yo hoy conozco el tuyo.


De Algunos hombres insaciables, Zaragoza, Aqua, 2009

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