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Rafael Lobarte, poeta y traductor de poesía

Rafael Lobarte

poemas

 

DOCE CORONAS BLANCAS
          ...Salue aeternum mihi, maxime Palla;
          aeternumque uale.
          Vergilius, Aeneidos XI.97-98

          A la memoria de mi sobrino Daniel Alastuey Lobarte (1983-1997)

 

 

I.- CORONAS DE LAMENTO

1

Se han cerrado tus ojos para siempre.

Se ha quedado inmóvil para siempre
tu blanca mano como un ala rota.

Se apagó para siempre el agitado
fuelle que consumía tu aliento.

Ha cesado el manar siempre abundante
de palabras y besos por tu boca.

¡Ya nunca más me abrazarán tus brazos!
¡No me verán tus ojos frente a frente!
¡Ya no me besará tu dulce boca!

2

Esos ojos enormes,
redondos y oscuros,
callada, amargamente,
sorbo a sorbo bebían
todo el mar.

            De Doce Coronas Blancas

 

 

II.- CORONA TRISTE


Tú, que en un tiempo fuiste
mi más grande alegría,
en los días aquellos
que poblabas de azul
y de labios fragantes
-con tu sola presencia añorada
disipando ese turbio
dolor que en torno a mi frente ceñía
su diadema oscura-,
eres hoy la mayor de mis tristezas.

            De Doce Coronas Blancas

 

 

III.- CORONAS DE CUERPO YACENTE


1

En la flor apagada
de tu casta mejilla,
dejé la ofrenda suave de un beso.


2

Como una blanca flor
entre coronas blancas,
como un ave dormida
en la más tierna rama,
como un río callado,
como un temblor de nácar...,

te fuiste por el vano indeciso
que conduce a lo incierto.


3

Me hubiera gustado devorarte
despacio con los ojos,
saciarme de tu yerta
figura con mi boca,
para así retenerte
en mi interior, anclado,
más íntimo a mí mismo que yo mismo,
inaccesible al fin,
a las hambrientas fauces del olvido.


            De Doce Coronas Blancas

 

 

IV.- CORONA ROTA



¡Cuánta ilusión blandías en tus ojos
inundando los cielos 
de luz y que es ahora
una indefensa flor quieta y truncada!
¡Cuántos anhelos tuyos ya esparcidos!
¡Cuánta ardiente alegría!
¡Cuánta nostalgia inmensa
se desbordó en tu pecho 
fatigado del aire!
¡Cuánto dolor enmudecido, cuántos
sueños de una vida
más justa y más hermosa
y no, en su raíz, 
hendida y desolada!
¡Y cuán precioso y puro,
cuánto inocente amor
te has llevado contigo
bajo la oscura tierra endurecida!


            De Doce Coronas Blancas

 

 

V.- CORONA DE AUSENCIA


Qué extraño.
Ayer se puso el sol -un sol de oro-
sobre el río,
y hoy la lluvia ha renovado el verde
de las hojas.
Pero tú no estás aquí, conmigo.

Y una multitud adamascada
de hombres y mujeres,
de chiquillos,
bullía por los bares y terrazas
como en días de fiesta.
Pero, en cambio,
tú no estabas ya aquí, conmigo.

Cuando venga la noche,
la noche abierta toda del estío,
con el cáliz amargo
de la definitiva
e inconcebible ausencia,
iré a mi soledad
de nuevo acostumbrada,
y tú ya no estarás aquí, conmigo.


            De Doce Coronas Blancas

 

 

VI.- CORONA VOTIVA


No quiero que descanses,
no quiero que tropieces
en la triste quietud
que asolaba tu cuerpo
e impedía tu marcha
sembrándote el camino
de clavos aguzados
y dolientes espinas
-un inmisericorde
y vengativo dios así lo quiso-;
quiero que tu reposo
sea un raudo vuelo,
un agitar de alas,
una pura ascensión,
un caminar erguido
con paso trepidante,
para que se desborde tu alegría
por el verde horizonte 
sin fin de la esperanza.


            De Doce Coronas Blancas

 

 

VII.- CORONA DEL REENCUENTRO


Yo no sé dónde estás,
ni sé dónde se han ido
tus ojos y tu boca,
tu caliente mejilla,
tus manos delicadas.

Tal vez alegre te deslices
por la orilla segura
en que asombran los pájaros
y refrescan las ramas;
o tal vez todavía
inseguro tropieces
por entre ásperas sendas
y naves encalladas.

Pero allí donde estés,
allí por donde vayas,
será dulce acudir
y encontrarme contigo
en un atardecer 
de brisas y de palmas,
y jugar el más bello de los juegos
sin decirnos la última palabra.


            De Doce Coronas Blancas

 

 

VIII.- CORONAS BLANCAS


1

Para  ti he compuesto este ramo
de blancas flores. Tómalas:
gladiolos y claveles, margaritas...

Quiero que te acompañen
en esa muerte lenta
que ahora terrible te consume.


2

Daniel
se ha perdido
por el verde laurel
escondido.


Daniel
se ha marchado
sobre un blanco corcel
encantado.

Cuando sea la una,
Daniel
se asomará a la luna.

Daniel.


            De Doce Coronas Blancas
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