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Blanca Langa, escritora y poeta

Blanca Langa

poemas

ÚLTIMO VIAJE




En esta tierra mía está mi origen.
Aún conservo en mi piel olor a hierba
y un pálido reflejo de trigo en mi cabello
que la hoz del calendario
me tornará en ceniza,
y mis verdosos ojos
como el trébol
se volverán más dulces y más graves,
y ésta mi piel
gastada por los años
empezará a ser surcos algún día,
destinada a ser tierra de la tierra
que me parió a la vida
en una madrugada de verano.

Mas cuando llegue el día de mi viaje
esa ventana que siempre mira al mundo,
a los undosos mares de la espiga
mecida por el viento,
a las leñosas manos de los árboles,
esa ventana
donde vuelan mis ojos al espacio,
dejadla abierta,
para que no se duerman las palomas
que vienen a posarse en el alféizar.

Y, si me sobrevives,
di que he sido,
ven a sentarte donde te he soñado,
lee palabras que nunca recibiste,
siéntate ante mi mesa
y déjame que escriba con tus manos
y que siga mirando
un imposible cielo con tus ojos.
Apoya la cabeza en los cristales
y quédate en silencio,
no recuerdes.

En las dulces veladas del otoño,
en los raídos libros de poemas,
recóbrame otra vez.
En estas sobremesas sin palabras
en que apartan tus manos mis cuchillos
y mis versos suicidas,
en las blancas e inmensas cuartillas que emborrono,
donde fluye despacio la tristeza,
busca apenas la sombra de mi sombra,
esa invisible huella de mis dedos,
perdidos en los tuyos;
búscame junto al río
manso y claro
donde asoman los chopos a mirarse,
en el agua que canta como un verso tranquilo.

Tú sígueme viviendo aferrado a la vida.
Yo, enraizada en la tierra
como un árbol,
resolviéndome en trébol o en espiga,
creciéndome en la vid 
o en la amapola,
sustentando tus pasos y mis pasos,
vestida con tu piel,
empezaré a vivir de otra manera.

(Cementerio de gorriones, 1989)

 

LA HERMANDAD DE LOS PERROS
      “Pobres poetas, pobres hermanos de los perros”
                        Luis Andrés
 

 

Era un lugar de sombras.
Acechaba el dolor las patas de los perros
y marcaba con brasas corazones dormidos.
Mutilaba la risa la tristeza.
Un no quedarse,
un nunca,
a ningún lado.

Pero alguien dijo: “¡Aquí!
¡Hoy es el día!”

Se fueron acercando con su miedo,
las frentes seccionadas por el hacha
de un finísimo rayo de deseo.

Encendieron la sed y la esperanza:
-Háblanos tú, que entiendes el vacío.
Aún no hemos abrazado entre las sombras
la mitad intocable de nosotros.
(Y les abrió la paz en las palabras).

-Háblanos tú, que nombras las estrellas.

(De Poemas a viva voz III, 1994)

 

A MIS PADRES

 

 

Aún están ahí, tal como eran,
mis sonrisas felices y mis sueños
de mariposas grandes y de azúcar.

Aún están ahí, en vuestra fuerza,
las alas arrancadas a mis miedos
bajo la atenta luz de vuestros ojos.

Y sé que aún vigiláis mis ilusiones
-que aún están ahí-, igual que entonces,
cuando cabía el mundo en vuestras manos
y todo era más fácil y seguro.

Aún podemos dejar que se deslicen
nuestros dedos de lluvia en los cristales
y dibujar los sueños en las nubes.

(Porque aún están ahí, casi intocables,
vuestra sonrisa azul y mis recuerdos).

(De Poemas a viva voz III, 1994)
ESTÁIS AQUÍ

 

 

       I
Es un gato la noche, negro sobre el tejado,
ovillado en mis pies con cansada pereza,
que bosteza en el humo del último cigarro.

Es un perro la noche. Con sus dientes de sombra
mordisquea mi piel con tenaz abandono
y relame mi frente con su lengua de sueño.

       II
Cuando al cerrar mis párpados al mundo
guillotino la luz de los objetos,
poco antes de encontrar el fondo de mis ojos,
os va acercando a mí la mano de la noche.
Apago la consciencia, el último adjetivo
cierra mi voz al borde de la pluma.

Estáis aquí. Os nombro y os reúno,
como un brazo de estrellas que se posa en silencio
sobre el hombro feliz de mi memoria.

(De Poemas a viva voz III, 1994)

 

TU NOMBRE
 

 

Borré tu nombre.
Como borran las olas los nombres de la arena
cuando la inmensa lengua del mar los aniquila.
Como lamen los niños, de sus dedos,
el rastro de la miel
robada y prohibida.
Y fue mucho más fácil
que borrar el tatuaje de tristeza
que se grabó en mi piel cuando te fuiste.

Me ahogaba en un “gin tonic”
aferrada a la voz de Pavarotti.
El capitán del barco, enloquecido,
motín a bordo, el barco a la deriva,
naufragaba en las tascas de los puertos.

Borré tu nombre.
Entre copas y alcohol se incendió en humo,
quemó los techos de las cafeterías
donde a veces me oculto para verme.

Borré tu nombre.
Tu nombre de metal sonoro y frío
golpeaba mi garganta, me vencía.

Cuando la inmensa lengua del mar lamió la playa
borré tu nombre,
sonido de limón y caramelo
si, atrapada en tus ojos, lo decía.

Borré tu nombre,
sembré flores de olvido
y me tendí a soñar bajo el perfume
mortífero y letal de las adelfas.

(De Franjas de sombra, 2000)
LAS ÚLTIMAS PALABRAS

 

 

¿Qué será de los hombres que empuñan las palabras,
de las mujeres que tejen las palabras, 
de los niños que juegan con palabras? 
¿Qué será de los árboles 
que recogen un viento de palabras,
del pájaro que canta, 
de las piedras que escuchan,
de la boca sonora de los ríos? 
¿Y de los mares, que borran con su lengua las palabras 
de los cuerpos de arena de las playas?  

¿Qué serán, sin los hombres, las palabras
con las que se hace el pan, la paz, el hambre, 
la guerra y el amor, 
la luz, las sombras, 
los mitos y la vida? 
¿Qué será de la altísima palabra 
que busca las estrellas? 

Porque sabedlo bien, 
sabedlo todos: 
vientos vendrán que rasguen las cortinas, 
vendavales que barran las imágenes, 
cierzos de luna que arrasen los espejos 
y las bocas podridas de los mundos. 
Y entonces, ¿qué será de las palabras? 
Ésas que abandonamos al nacer 
en el musgo carnoso de la tierra 
y que sólo encontramos en los sueños. 
Ésas que recobramos al dormirnos 
en la senda extraviada de lo oculto.  

¿Qué será de nosotros ese día 
en que un viento desgarre, ineludible, 
nuestras bocas de arena y arrebate 
de los últimos labios las palabras?   
  
            (De Tal  vez sea la luz, 1996.
Poema premiado en el Concurso Literario
para personal del M.E.C., 1996)

 

MEMORIA DE LA SANGRE

 

 

¡Cuántos sonidos habitan los silencios
y los muros de piedra inexpugnables!
¡Cuántos están, para nacer, buscando
los labios que los vuelquen a la vida! 
¡Cuántos habrán segado nuestras manos
sin saber que eran únicos y altísimos!  

Quiero volver a deshacer mi boca, 
al origen del mar quiero volver, 
regresar a la tierra y descrecerme. 
Encontrar en la lengua de los niños
bandadas de palomas y palabras
que estaban por nacer y por abrirse. 
Cómo añoro la boca del océano 
que guardaba en su vientre las palabras 
cuando todo era luz, silencio todo, 
en un mundo callado e incompleto.
Añoro la matriz que cobijaba 
en su líquido seno mis latidos. 
Nada ignoraba entonces y mi sangre 
descifraba los códigos genéticos 
de mil años de Historia, de dos mil…  

De mujeres, de hombres y de objetos, 
que ahora desconozco, 
tuve entonces
mensajes en mis venas, datos, nombres… 
¡Qué dulce la memoria de la sangre
que todo lo presiente y adivina,
y que todo conoce, y todo sabe!  

(Y qué triste memoria la del hombre, 
que aprende, 
aprende, 
aprende, 
y todo olvida).

(De Tal vez sea la luz, 1996)
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