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La poesía en Aragón – Textos comunicaciones y ponencias –

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Raúl Herrero:  El Postismo. Segundo asalto. El Postismo y sus afluentes en Aragón.

a Josefa Echeverría, viuda de Antonio Fernández Molina

a Antonio Chicharro, hijo de Eduardo Chicharro

El Postismo es un movimiento incomparable de la creación, imaginación y vida de la idealidad en vísperas del reino de la sabiduría intuitiva y desenfrenada.

Cuarto Manifiesto Postista[1]Chebé (Eduardo Chicharro) – Ory (Carlos Edmundo de Ory)-

Como no puede ser de otra manera, dedicaremos buena parte de esta semblanza en torno al Postismo en general, a su vinculación con Aragón en particular, a la exposición que se presentó bajo el rótulo Pintura moderna y Post-ismo (sic)[2] en las Galerías de Arte Macoy, de Zaragoza, del 17 al 27 de mayo de 1948.

18685599_1515147585230563_188137185_nPor lo mucho que revela de la época y del movimiento estético-literario propio de nuestro estudio, y con la pretensión de facilitar a los interesados la documentación que hemos manejado respecto a dicha muestra, reproduciremos íntegramente el folleto-programa de la exposición y los artículos de la época, relacionados con esta, que nos han parecido de interés. Se nos perdonará, por tanto, que en tamaño cenáculo dedicado a la poesía alojemos algo más que un codo en la disciplina de las artes plásticas. Nos respaldan dos razones poderosas. En primer lugar, por tratarse de la más obvia, aunque dicha muestra no se proclamara como exclusivamente postista, aunque sí lo fuera en espíritu, como más adelante veremos, constituye el acontecimiento vinculado con el Postismo de mayor relumbre e importancia histórica en Aragón. En segundo término: La estética y los operantes del Postismo fomentaron la corriente sanguínea, los vasos comunicantes, entre pintura y escritura, por lo que el estudio de su movimiento, sea desde el nivel plástico o literario, podría quedarnos cojitranco si se prescinde por completo de una disciplina. En este trance arrastramos por nuestra memoria los dibujos del poeta Carlos Edmundo de Ory; el paso de Francisco Nieva, todavía dedicado a las pintura en los primeros años del Postismo, a la escritura, con el resultado de novelas y piezas dramáticas; la condición de pintor y profesor de artes plásticas y de pedagogía del dibujo del también escritor Eduardo Chicharro; la duplicidad de literato y artista de personalidades como Antonio Fernández Molina y Antonio Beneyto… Más adelante, al ocuparnos de las exposiciones postistas, volveremos sobre esta cuestión. Pero convendría que, aunque solo fuera por esta vez, sorprendiéramos a nuestro tema desde el principio y nos adentráramos en su origen y significado, para aquellos legos en la materia.

Corría el año 1944 cuando Eduardo Chicharro y Carlos Edmundo de Ory se conocieron en el café Pombo de Madrid. Lo que no impidió que el café Castilla se convirtiera en el cenáculo oficial de la nueva estética: el Postismo.

Nacido en Madrid el 13 de julio de 1905, Eduardo Chicharro Briones recibe una educación italiana. Con su familia se encamina a Roma en 1913, con siete años; regresa a España en 1925 para cumplir el servicio militar. Vuelve a Italia en 1928 como pensionado de la Real Academia de Bellas Artes de España en Roma, donde conoce a Gregorio Prieto y coincide con Ramón María del Valle-Inclán. Retorna definitivamente a España en 1943. Pintor, profesor de Dibujo Artístico en la Escuela de Artes y Oficios, profesor de Pedagogía del Dibujo en la Escuela de San Fernando de Madrid, profesor de dibujo en la Academia de Bellas Artes, impartió su magisterio, entre otros, a Enrique Gran, Joaquín Ramo, Ángel Orcajo, Antonio López García, Lucio Muñoz, Francisco Nieva; además era hijo de Eduardo Chicharro Agüera, pintor de cámara de Alfonso XIII, director de la Real Academia de Bellas Artes de España en Roma desde 1912 hasta 1925[3]. En 1937 contrajo matrimonio con Nanda Papiri (Fernanda Leonessa Papiri Raponi [1911-1999]”, que sería posteriormente nombrada como «la musa del Postismo».

En una fecha tan temprana como 1917 Eduardo Chicharro ya había pergeñado poemas, al parecer inspirados por Tagore, eso sí.

En el texto [Autobiografía][4], redactado por Chicharro para Ángel Crespo, con vistas a una antología que el segundo preparaba del primero, se nos refiere:

Yo empecé por malos caminos: retórica, retórica, retórica. Además las ubres de las que mamé en mis comienzos no podían ser más mortíferas: Tagore, Poe, Vigny, Musset, Baudelaire y el mismísimo Dante. Me contagié luego de Lorca. ¡De García Lorca, nada menos!

En 1945 Chicharro publica la pieza teatral, ambientada como tragedia griega, Akebedonys en la revista Fantasía (nº 22, Madrid). Se representó el 17 de junio, diez años antes, en el Conservatorio de Madrid.

Carlos Edmundo de Ory nace en Cádiz el 27 de abril de 1923. Hijo del poeta modernista Eduardo de Ory, fundador de las revistas Azul, Diana y de los suplementos literarios de España y América, así como de la Academia Hispanoamericana. Gracias a la biblioteca de su padre, a edad temprana Carlos Edmundo tiene acceso a las obras de Juan Ramón Jiménez, Salvador Rueda, Rubén Darío, Amado Nervo, Villaespesa, Paul Verlaine y a una profusa caterva de poetas contemporáneos, en especial hispanoamericanos. Los primeros versos que conserva el poeta datan de 1940, año en el que fallece su padre, al que le dedica su libro, o cuadernillo, Sombras y pájaros. Con el tiempo Ory reunirá ocho volúmenes de escritura primeriza con influencia de la estética modernista y de Federico García Lorca. El poeta, amigo de su padre, José María Pemán, añade un texto a algunos de estos cuadernos a modo de prólogo. En octubre de 1942 Ory se traslada a Madrid.

En 1944, el mismo año de su encuentro en el «Café Pombo», Chicharro y Ory componen los romances que serán conocidos como Las patitas de la sombra. Estos poemas se editarán de manera dispersa en años sucesivos, no siempre reconociéndose la autoría de ambos. Por incomprensible e inverosímil que pueda parecernos el conjunto no acudirá a las prensas como libro independiente hasta el año 2000. Y lo hará en la editorial zaragozana Mira, en su colección «Autores buscados», en una meritoria edición de Antonio Pérez Lasheras y Alfredo Saldaña, con dibujo del niño Tony en la cubierta. Tamaño retraso entre la redacción y la publicación definitiva evidencia la marginación que sufrió el Postismo durante décadas.

Lasheras y Saldaña detallan en su estudio introductorio:

Las patitas de la sombra presentan, como conjunto poemático, numerosas dudas de composición y de constitución que afectan a la estructura misma de la obra. Es preciso tener en cuenta que se trata de una obra inédita, compuesta por dos autores que después siguieron trayectorias muy diferentes y, en ocasiones, incluso, distantes. A lo largo de los más de cincuenta años que han transcurrido desde su redacción inicial, la obra ha sufrido alteraciones, cambios de ordenación, supresiones y, quizás, adiciones. Algunos de los textos que la componen han sido publicados como obras de uno de los dos autores… [5]

También en 1944 Silvano Sernesi, un amigo italiano de Chicharro, al que conoció en Roma en 1941, y que andaba por Madrid con su familia, —su padre es director de la Banca «Il Lavoro» en la capital de España, se apunta a la aventura de la nueva estética y encarna el papel decisivo, gracias a la acomodada situación económica del progenitor, de sufragador de los gastos del Postismo; eso incluye, entre otras cosas, tarjetas de visita con los nombres de los tres fundadores (o Reyes Magos, ya que la Epifanía postista toma cuerpo en la Noche de Reyes de 1945), las revistas Postismo y La Cerbatana, órganos de expresión postista, ambas editadas en 1945, etc. La esposa de Chicharro, la artista italiana Nanda Papiri, adopta el papel categórico de musa del movimiento y autora de una fascinante obra plástica amparada en sus postulados.[6] Pero no acaba en este punto la influencia italiana de la estética postista. Sucede que el pintor Gregorio Prieto, años más tarde, declarará que la génesis del Postismo conviene situarla en una serie de fotografías artísticas o fotomontajes que realizaron entre 1928 y 1932, en colaboración, Gregorio Prieto y Eduardo Chicharro, entonces ambos pensionados en la Real Academia de Bellas Artes de España en Roma. A la creación fotográfica la acompañaron algunos textos, poemas, al parecer destinados a festejar las imágenes. De hecho uno de estos poemas, el romance de Chicharro «Resurrección», dedicado precisamente a Gregorio Prieto, se publicó en la revista Postismo (pág. 9). Según parece Eduardo Chicharro destruyó su obra en 1943, tras su regreso a España, motivo por el que no habrían llegado hasta nuestros días estos textos, salvo el citado. En cualquier caso nos preguntamos: si Chicharro destruyó todos sus poemas en 1943, ¿por qué conservó el incluido en la revista en 1945? Lo mismo que nos preguntamos en relación con su pieza teatral Akebedonys de 1935, aunque publicada 10 años después.

En 1978 el pintor de Valdepeñas introdujo el material de sus colaboraciones romanas con Chicharro en la Biblioteca Nacional, en una muestra antológica de su obra. En la actualidad estas creaciones pueden admirarse en la Fundación Gregorio Prieto de Valdepeñas. En el programo A Fondo, emitido el 6 de febrero de 1976 por TVE, presentado por Joaquín Soler Serrano, Gregorio Prieto responde a una interpelación del presentador respecto a su época artística inspirada por el pop-art, con las siguientes palabras: «Ahora he cambiado el nombre de pop-art por el de Postismo. […] El Postismo ahora yo lo voy a lanzar como una época de… lo último, más allá de lo abstracto, mas allá del pop, más allá del superrealismo… […] las raíces del Postismo… Nació en Roma en el momento justo en que teníamos como director al fantástico don Quijote de Valle-Inclán, que fue donde empezó el Postismo con Chebé…»[7]

Gregorio Prieto sentía una obsesión quijotesca por los molinos de viento. Y ésta le llevó a principios de los años 80 a la población de _HUS3399Malanquilla, en la provincia de Zaragoza, con el fin de promover la reconstrucción de un molino de viento en la localidad. En 1981 firmó en el libro de honor de la Asociación Cultural «Miguel Martínez del Villar», de Malanquilla, con el dibujo de unas aspas y la siguiente leyenda: «Para Malanquilla y su molino».  En 1982 el ayuntamiento de la localidad lo nombró hijo adoptivo.

El caso es que la portada de la revista Postismo, publicada en enero de 1945, lucía una de las fotografías arriba aludidas (en concreto la titulada «Il penduto», conservada en la Fundación Gregorio Prieto), pergeñada por Eduardo Chicharro y Gregorio Prieto durante su estancia en Roma, en la que el segundo ejercía de modelo. Esta retrato de Prieto, ataviado con un casco extravagante y con el naipe del ahorcado del tarot bajo la barbilla, se convirtió en una figura icónica del movimiento postista[8]. En este primer y único número se incluye un primer manifiesto postista firmado por Eduardo Chicharro.  Y, por fin, la pregunta: «¿Qué es el Postismo?».

Los que despachan este movimiento estético-literario, o sea, de artistas y escritores,  de escritores-artistas, como un remedo del surrealismo, sin más, sufren una grave desorientación o acometen una malintencionada simplificación. En este primer manifiesto Eduardo Chicharro afirma:

El Postismo es el resultado de un movimiento profundo y semiconfuso de resortes del subconsciente tocados por nosotros en sincronía directa o indirecta (memoria) con elementos sensoriales del mundo exterior, por cuya función o ejercicio la imaginación, exaltada automáticamente, pero siempre con alegría, queda captada para proporcionar la sensación de la belleza o la belleza misma, contenida en normas técnicas rígidamente controladas y de índole tal que ninguna clase de prejuicios cívicos, históricos o académicos puedan cohibir el impulso imaginativo.[9]

Y más adelante:

El Postismo no se forma calcando las huellas del surrealismo y modificando algunas enunciaciones de su credo. El Postismo no es una resurrección del surrealismo. El Postismo es la resultante inevitable de los «ismos» precedentes.[10]

Y a continuación, Chicharro desarrolla:

La música es, de las manifestaciones libres, la más postista porque es la más abstracta; es también la más, la única, perfectamente patética. Pero la poesía es la más completa, porque participa de las condiciones de lo móvil (progresión), de lo inamovible (materia) y de lo perspectivo (imagen), condiciones elementales que entrañan las posibilidades musical, corpórea y plástico visual, siendo esta última, la pictórica, la más noble de las no sé por qué llamarlas artes, pues es la que realiza el acoplamiento de lo materialmente creado, objeto afín a sí mismo y de lo ilusorio, ficción perfecta. […] La euritmia no podemos considerarla como arte exenta por hallarse en nacimiento y, si acaso, distribuida como característica en las demás manifestaciones; pero, indudablemente, el Postismo saca ya buen partido de ella (euritmia-buen ritmo). […] … y en el Postismo el «juego» es ya la base de su técnica. El simple ritmo en poesía o en música, es «juego». [11]

Eduardo Chicharro, que dedicará una composición de su ciclo Cartas de noche (1950-1960) a Beethoven, menciona la música como 18644297_1515139831898005_68109646_n«la más postista» de las manifestaciones libres; la música, un elemento que siempre resultó ajeno a las premisas de André Breton y del surrealismo[12]. De lo musical, con acierto y lógica, pasa a la euritmia y al ritmo. En el Postismo, a menudo, el desarrollo del poema viene impulsado por el acento del verso, por su fonética, más que por un automatismo surrealista. Por tanto no nos sorprende que sean formas clásicas, como el romance o el soneto, las elegidas mayoritariamente por los postistas para acomodar algunos de los poemas evidentemente adscritos a su estética. Estas formas las hallamos en Chicharro y Carlos Edmundo de Ory, desde luego en los romances de Las patitas de la sombra, pero también en los sonetos que componen La plurilingüe lengua (1945-1947), de Chicharro, o en el «Romance al poeta postista Silvano Sernesi», en el «Soneto paranoico» y en el «Soneto a Greta Garbo» escritos por De Ory; en el caso de Silvano Sernesi en el «Soneto a Carlos Edmundo de Ory» y el «Romance a Carlos Edmundo de Ory»; y, adelantándonos a los que se añadirán al Postismo, o a su influencia, en una fase posterior, contemplamos el «Soneto de la mujer gorda» y el «Romance del paseo perdido», de Gabino-Alejandro Carriedo; el «Romance de lluvias», de Félix Casanova de Ayala, o el «Soneto con pantera» y el «Romance del deseo», de Ángel Crespo; entre los filopostistas, los anti-sonetos, de José Fernández Arroyo; en el caso de Antonio Fernández Molina mencionamos sus volúmenes Sonetos crudos (1985) y Lluvia de sonetos (1993), aunque publicados en fechas alejadas del advenimiento del Postismo la influencia de su estética se nos muestra evidente. Jaume Pont en su ensayo El Postismo. Un movimiento estético literario de vanguardia nos advierte que los sonetos «Pornografía», «Alicia en el país de las maravillas» y «Tofamilarin», de Fernando Arrabal, aparecidos en la revista Índice en 1966: « … reúnen todas las características del juego poético postista: humor, eufonía musical, juegos de palabras e imaginería onírica».[13]

A principios de los años 60, Fernando Arrabal pone en práctica una serie de sonetos en colaboración, que se llamarán Sonetos Pánicos, empero con una vocación que recuerda al Postismo. En su elaboración, dirigidos por Arrabal, participan: Luce Moreau, José Fernández-Arroyo, José Luis Mayoral y Gisela Micaux. En 1995 Fernández-Arroyo los publicó en una edición de autor limitada a 50 ejemplares con el significativo título Sonetos Postistas ¿Sonetos Pánicos? Sonetos pánicos ¿Sonetos postistas?

La creación de los sonetos se ajustó a una rígida norma propia de la exactitud pánica y ‘patafísica. Arrabal realizó una lista con 44 títulos para los sonetos, les asignó tres rimas diferentes, en las que habían de terminar los versos endecasílabos. A cada uno de los participantes envió la relación de títulos, con las tres rimas de los versos correspondientes, para que, una vez compuestos, con la sola inspiración que pudieran sugerirles los títulos, los remitieran a su casa, en París, donde el melillense ejercería de organizador de la argamasa consecuente. El resultado de esta experiencia, unos sonetos a caballo entre el cadáver exquisito surrealista y los textos colaborativos postistas.

En el año 1995 la editorial aragonesa El último Parnaso publicó estos textos junto al poemario de Arrabal Mis humildes paraísos.

Conviene repasar que en 1963 Arrabal, Jodorowsky y Topor fundan el movimiento Pánico, y que el melillense vinculará ciertos arrojos de su movimiento al Postismo[14]. El disparate, en cierta medida también lo lúdico, el humor, emparentan a Alphonse Allais (creador de los poemas holórrimos, es decir, acomodados con palabras homófonas y con una rima que comparten todos los versos), al fumismo, a la ‘patafísica y al dadaísmo con los postistas y, siguiendo la misma línea de transmisión, con los pánicos. Tanto el movimiento pánico como el Postismo, en este aspecto al igual que los surrealistas, buscan antecedentes de sus propuestas, o, incluso, apelan a que ellos no son los creadores, sino los descubridores de tales estéticas, sin que lo dicho les impida incidir en la originalidad que reclaman. Los postistas citarán obras tan diversas como La Biblia, el Quijote, a creadores como Rabelais, a modo de ejemplos postistas antes de la constitución de la estética. Tal vez el culto a lo maravilloso, a las «excepciones», suponga el punto en común entre las estéticas y movimientos referidos.[15]

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Antonio Pérez Lasheras y Alfredo Saldaña en su estudio introductoria a Las patitas de la sombra nos remiten al disparate poético ubicado en torno al siglo XVI, así como a «la poesía cortesana y trovadoresca con sus dezires, preguntas y chistes y demás composiciones en las que el juego es uno de los elementos fundamentales». Y precisan: «Bien es cierto que la primera vez que esta poesía sin sentido se define como disparate se encuentra en Juan del Encina, a principios del silgo XVI, pero también lo que es que podemos encontrar manifestaciones de esta poesía algunos años antes…».[16] Conviene mencionar que De Ory definió el Postismo como «la locura inventada» y Chicharro como «culto al disparate». En definitiva, insisten en la «desautomatización del lenguaje», en palabras de Jaume Pont, por medio de «homofonías en cadena, imantación desde el significante de nuevos significados, humor y contrafacto lingüístico, relieve del plano del sueño y de sus símbolos en clave metaliteraria». [17]

En las revistas Postismo y La Cerbatana se incluye una sección con el título «Por el niño», dedicada a la infancia. En el caso de la primera publicación el texto lo ilustra un dibujo del niño Tony, hijo de Eduardo Chicharro y Nanda Papiri, al que acompaña la leyenda: «¿Qué inspiración habrá movido al niño Tony?». Ese interés por la niñez, por lo infantil, no confundir con lo pueril, se evidencia también en la poesía con cierta expresión naíf que, en ocasiones, se combina en los textos postistas con cultismos y vulgarismos. En exposiciones y revistas postistas se incorpora obra plástica realizada por niños o inspirada en las pulsiones del dibujo infantil. Ese aspecto resulta fundamental para imbricar la influencia del Postismo en las revistas El pájaro de paja, dirigida por Carriedo, en compañía de Federico Muelas y Ángel Crespo, y Doña Endrina, de Antonio Fernández Molina.  En la primera con los dibujos realizados por el propio Carriedo con un dedo mojado en tinta, además de los delicados trazos de María Luisa Madrilley, de estética marcadamente ingenua y delicada, que encontramos en las viñetas de las portadas de cada número; en el último, carta undécima, descubrimos el poema de un tal Jacki Brun, un niño de 5 años. En la revista Doña Endrina, de Fernández Molina, nos topamos de nuevo con dibujos de Madrilley; en la sexta entrega se nos presenta un poema firmado por un niño. El estilo naíf y el lenguaje infantil que presenta Arrabal en su primer teatro, en especial en El triciclo (1953), se consideran evidencias de sus vínculos con el Postismo. Ángel Berenguer afirma: «Tanto la memoria como la precisión técnica y la importancia de la imaginación son elementos claves de la estética arrabaliana, lo mismo que el lenguaje de “los niños y de los salvajes” […] Es también lugar común entre los arrabalistas, el humor presente en la obra del autor melillense que no deja de aparecer en los postistas…». [18]

En abril de 1945 florece la segunda revista postista: La Cerbatana. La censura había suspendido la anterior, Postismo. Juan Eduardo Cirlot, que incluirá la entrada «Postismo» en su célebre y fundamental Diccionario de Ismos (1949), celebra la llegada de la nueva estética enviando una carta a la redacción. Un fragmento de la misma figuraba en el interior de La Cerbatana, junto a otras recibidas, bajo el título genérico de «Nuestros amigos esos locos». Entre los que allí comparecen, con muestras más o menos entusiastas, o con fragmentos de poemas, no siempre legibles, encontramos a Joaquín Soler Serrano (que firma como Redactor Jefe de Radio España). La página 16 la ocupa la sección «Opiniones glosadas de la Nueva Estética», en la  que se recogen citas referentes al Postismo de Wenceslao Fernández Flórez, Camilo José Cela, que demostró un interés inusitado por la nueva estética, Tomás Borrás, Julio Trenas, Emilio Carrere…

En 1946 La Estafeta Literaria publica el Segundo Manifiesto del Postismo firmado por Chicharro, De Ory y Sernesi. Entre tanto, según nos cuenta Jaume Pont:

Los postistas se reunían en el estudio de Chicharro, sito en Pasaje de Alhambra 11, organizando verdaderos «happenings» (o sesiones postistas) en compañía de artistas simpatizantes del grupo. Asiduos de estas reuniones, donde se recitaba o se representaban los textos más increíbles, eran los hermanos Ignacio y Francisco Nieva, el poeta nicaragüense Carlos Martínez Rivas, Ángel Crespo, Félix Casanova de Ayala, el pintor Tony Stubbing, la escritora italiana Milena Milani, Carlos Cardozo, Ignacio Aldecoa, Mathias Goeritz, y Manolilo «el pollero».[19]

 

En 1947 El tercer manifiesto postista aparece en el suplemento de La Hora, El Minuto, nº1, II época, firmado por Chicharro hijo.

En 1948 acontecen las dos exposiciones postistas. La primera se realiza en la «Galería Bucholz» de Madrid, con el título Exposición de 16 artistas de hoy. Antonio Fernández Molina, acompañado por José Fernández Arroyo, conocerá el Postismo en la inauguración de esta muestra.

Ángel Crespo en su artículo «Mis caminos convergentes»[20] describe el ambiente:

Se empezaban a echar entonces los cimientos de la poesía social, y los adversarios del régimen creyeron erróneamente que un realismo de raíces burguesas y, en consecuencia, afines a la ideología oficial iba a ser el instrumento literario más apto para combatirla. Por otra parte, los poetas jóvenes sufrían la penuria de información creada por la censura y por la dificultades de comunicación con el exterior […] Faltaban, además, algunos años para que se produjese la eclosión nacional de revistas de poesía cuyos efectos en la comunicación y en la información estéticas serían irreversibles a partir de los 50.

El Postismo, lejos de ceder, se convirtió en una corriente subterránea. Sus adeptos nos marginamos voluntariamente de los grupos literarios afectos al régimen y de los inspirados por una oposición semiclandestina de la que, en otros terrenos, éramos parte activa. Nos reuníamos con frecuencia en nuestras casas y en algún que otro café y, de vez en cuando, organizábamos en el estudio de pintor de Chicharro actos en los que se leía poemas y se discutía, a veces apasionadamente. Los jóvenes poetas que tenían prisa de hacer carrera se guardaban mucho de confraternizar con nosotros, no obstante lo cual nunca nos sentimos solos gracias, de una parte, a la incorporación a nuestro grupo de escritores y artistas como Gabino-Alejandro Carriedo y Francisco Nieva y, de otra, al intercambio de ideas con otros que, como Miguel Labordeta y Juan Eduardo Cirlot, actuaban también al margen de los caciquismos del régimen y de la oposición. Dispuestos a mantenerla y no enmendarla, Ory y yo organizamos, en 1948 y en la sala de arte de la librería Bucholz, que era la mas vanguardista de Madrid, una exposición, titulada 16 Artistas de Hoy. Figuraron en ella obras de Vázquez Díaz, Nanda Papiri, Francisco San José, Rodríguez Luna, Lassa Mafei, Agustín Redondela, Gregorio del Olmo, Luis Planes, Antonio Guijarro, Vázquez Aggerholm, Molina Sánchez, Juan Castelló, Hernández Carpe, Camilo José Cela, Carlos Edmundo de Ory y Enrique Núñez-Castelo, los tres últimos a título de poetas. «Hay en esta exposición —escribí en el catálogo— obras de consagrados. Ellos presiden y dan atmósfera. También hemos buceado en el fenómeno postista. Queremos darle cauce, dejarle verse fuera de sus estudios». Para nuestra sorpresa, la crítica se mostró tolerante, cuando no elogiosa, y ello nos hizo concebir unas mal fundadas esperanzas.

Añadiremos, con Jaume Pont, lo chocante que nos resulta la ausencia de obra de Eduardo Chicharro entre las expuestas en la Galería Bucholz. Si bien su esposa Nanda Papiri participa con el óleo «El sol y la sombra incandescente» y dos temples: «La mala palabra» y «La calumnia». De Ory colabora con ocho dibujos y Camilo José Cela, al que se menciona como poeta, con el óleo ¿postista?: «Padre con sus hijos».

Unos meses más tarde, en mayo de 1948, tiene lugar la exposición Pintura moderna y Post-ismo(sic) en Zaragoza, organizada por Eduardo Chicharro, que, previamente, exhibió una muestra individual en la misma galería. Lo primero que nos llama la atención es la denominación de «post-ismo», con un guión de separación entre la t y la i. En este sentido nos remitimos a la nota 2.

María Isabel Sepúlveda Sauras[21] nos presenta los antecedentes y algunos detalles de la muestra:

… la Delegación Provincial de Educación Popular organizó a finales de 1947 un ciclo de Pintura Española Contemporánea, patrocinado por el gobernador civil de la provincia, Tomás Romojaro Sánchez. Aunque su celebración estaba prevista en la recién estrenada sala Gracián, fue trasladado —no sabemos por qué— a las galerías Macoy y se inició con una demostración del pintor barcelonés Pedro Serra Farnés, un «verdadero maestro de la escuela paisajística catalana», que manejaba a la perfección todos los matices de la luz.

Dentro del mismo ciclo, otro paisajista de fama nacional, Jacinto Olivé, ofreció un conjunto de marinas y puertos, resueltos con gran habilidad técnica. Y prosiguió con Eduardo Chicharro, hijo, más conocido como Chebé, que trajo veintinueve obras entre retratos, naturalezas muertas, paisajes y flores, resueltas con notable modernidad, aunque sin que ninguna de ellas perteneciera a la corriente postista, una nueva estética de la que Eduardo Chicharro era el expositor «jefe».

Sin embargo, dos meses más tarde se reavivó la polémica sobres su ideas estéticas y el Postismo, ya que las galerías albergaron una exposición de pintores postistas cuya selección había corrido a cargo de Chicharro. Este, con el deseo de aclarar la situación, envió una carta abierta a la prensa zaragozana…

En una nota de su trabajo Sepúlvedas Sauras recoge un fragmento de la crítica que Ostilio realiza de la exposición individual de Chicharro, publicada el 9 de marzo de 1948, en la página 4 del diario Amanecer, que, por cierto, acogerá con cierto entusiasmo, y, en cualquier caso, con generosidad informativa, la muestra postista. En el artículo titulado «Chicharro hijo presenta una gran exposición. El creador del Postismo, sin Postismo»: «Ostilio señala, igualmente, que se trata de un pintor formidable, lleno de inquietud y de conocimientos profundos del oficio, autor de una pintura culta, elegante y sensible».

La exposición de pintura «postista y «moderna» se celebra en las Galerías de Arte Macoy, (sita en la calle Alfonso I, número 1, entresuelo), propiedad del fotógrafo Manuel Coyne. El local se inauguró en 1944 y permaneció abierto hasta 1949.

El domingo 16 de mayo de 1948 el diario Amanecer, en su página 3, publica una breve nota con el titular: «Mañana se inaugura una Exposición postista»: «… mañana tendrá lugar en las Galerías de Arte Macoy la inauguración de la exposición de pintura moderna y Postismo, última del ciclo de pintura española contemporánea organizada por la Delegación Provincial de Educación Popular y patrocinada por el excelentísimo señor gobernador civil».

La carta a los aragoneses de Eduardo Chicharro, redactada con motivo de la muestra, la imprime la prensa aragonesa con generosa relevancia el 18 de mayo de 1948. Heraldo de Aragón la incluye completa, en tanto que Amanecer suprime algunos pasajes y resume el contenido de diversos párrafos. Este segundo periódico publicará dos curiosos reportajes que, por su interés histórico y por lo mucho que revelan sobre la época, incorporamos íntegros a nuestro trabajo.

Chicharro se expresa en su misiva del siguiente modo. Ahí va el texto completo, siguiendo el publicado por Heraldo de Aragón:

 

Pintura y moderna y post-ista (sic). Carta a los aragoneses

Era mi deseo acompañar el envío de obras que desde Madrid se ha hecho para esta Exposición, pero motivos de salud me lo impiden. Dos razones me impulsaban a ello, la sentimental de verme otra vez en esa encantadora Zaragoza al lado de quienes tan desproporcionadamente para mi modesta valía me comprendieron, apoyaron y agasajaron, y la específica de preparar personalmente el terreno para esta Exposición más que singular, difícil de enjuiciar. Por eso recurro a la Prensa. Mi preocupación la mueve el interés artístico; aunque no solo lo artístico: nuestro o vuestro Delegado provincial de Educación Popular ha emprendido, como todos sabemos, una iniciativa harto encomiable, la de llevar a Zaragoza pintura española seleccionada y en honor a la verdad hay que decir que si en el ciclo de este primer año —ya bastante digno de por sí— no han figurado más y mejores artistas, ello se debe a la injustificada desconfianza con que muchos de los de fuera considerábamos ese mercado la afición del público y, ¿por qué no confesarlo?, las tendencias de sus críticos. Por consiguiente: digna y muy interesante la iniciativa de don Félix Ayala, que todos esperamos siga en pie y siempre con mayor éxito; sin una base real la resistencia de muchos artistas a exponer en esa plaza solo justificada por cuanto se refiere a mercado.

La experiencia, tan recientemente hecha por mí, me ha enseñado que en Zaragoza existe un verdadero interés por parte del público, una respetuosa curiosidad, una innegable inquietud en los círculos intelectuales. Es un error suponer que el movimiento circulatorio, la vitalidad, el juicio de aceptación e imposición de lo nuevo, forzosamente hayan de ir siempre de la capital a las provincias; muchas veces son las provincias, más abiertas a la comprensión más alerta, menos distraídas que la capital, por el cúmulo de problemas que sobre esta gravita, las que descubren, las que reexportan, ya popularizadas, las varias innovaciones. En pequeñas imprentas de Santander o Vigo, en laboratorios modestos de Málaga, en Orfeones de Castellón, en exposiciones de Córdoba, o en certámenes poéticos de Cádiz han nacido o tomado carta de naturalidad muchas cosas que se desconocen en Madrid y en Barcelona o que habían pasado desapercibidas en estas capitales. Así, pues me es grato subrayar una vez más el alto espíritu de comprensión que he hallado en Zaragoza. Los recortes de Prensa, la referencia de una charla por radio, me han valido en Madrid, para dejar perplejo a más de un empedernido incrédulo. Y algo que ha dejado honda impresión en mi alma, uno de los hermanos Albareda, a quien —perdóneme este buen amigo— yo creía como imposibilitado a juzgar ideas tan desaforadas como las post-istas dada su preparación eminentemente clasicista y académica ha sabido en un perfecto resumen de mi conferencia en el Ateneo expresar tan certeramente ideas brotadas de mis labios en confuso y desordenado tropel. Es más, cúmpleme reconocer que el señor Albareda no se ha dejado ni en un leve resquicio escurrir hacia alguna ironía a la que, por supuesto, hubiera tenido más que derecho.

Perdóneseme este extenso preámbulo: en él se contiene ya la mitad de lo que me proponía decir. Que esta exposición colectiva de las Galerías Macoy es terreno sumamente resbaladizo; que en Madrid —también a cargo de una entidad oficial , el periódico La Hora— se acaba de realizar una Exposición análoga (ocho de los expositores son comunes a ambas) y la Prensa y crítica de Arte, si bien no silenciándola, si bien no atacándola apriorísticamente, han parecido cogidas desprevenidas y (…)[22] ; que dentro de lo nuevo y dentro de la primicia y anonimato de los que vienen con aires de avanzadilla, esto es lo más nuevo, lo más avanzado y lo más original que hemos podido reunir y, por tanto, lo más difícil de juzgar.

Recibí el alto honor de que por parte del señor Delegado se me encargase lo más material de la Organización: la selección de obra. No he hecho, pues, sino cumplir al pie de la letra órdenes y seguir directrices de lo que quería hacer para esta Exposición al señor Ayala, la tarea no ha sido fácil —ya me previno delicada y diplomáticamente el organizador—, pero en la dificultad misma he hallado la pauta. El mayor obstáculo estribaba en un precedente habido como a nadie se le esconde en Zaragoza mismo entre un grupo de jóvenes avanzados[23] —a quienes no he tenido el por mí deseado placer de conocer— y la crítica. La sana intención que pongo en cuanto digo y el buen sentido de todos hagan viables estas palabras y que sirvan de satisfacción a un grupo de artistas que con su entusiasmo llevan aparejado su «tantico» de explicable agresividad.

Uno de los peros que creo opuso la crítica fue aquel de que esos jóvenes no traían novedad alguna, que remozaban «picassismos», «cezannismos »y «matissismos» ya trillados. Adopté entonces la consigna: de lo nuevo, exclusivamente lo personal, de lo personal solo aquello sustentado por una pureza de intenciones o una autenticidad técnica. Yo mismo he creído deber incluirme en el catálogo y he de reconocer, tal vez con pena, que me reputo encasillado —como post-ista— en el último de la clasificación expuesta. Era mi deseo que figurasen en el elenco nombres como los de Miró, Zabaleta, Palencia, Goeritz, Palazuelo y Ciruelos; no ha podido ser, pero tal vez quede mejor así. Si pocos o ninguno de los que exponemos tenemos la categoría de nombre de alguno de ellos puede que representemos algo más personal aún. Estoy seguro que únicamente seres como Picasso, Dalí y Miró pueden codearse sin ninguna especie de rubor interior con un niño se siete años y con una pintora intuitiva y elemental como Nanda Papiri. En nuestra exposición figuran unos cuantos postistas, algunos que se acercan al Postismo (movimiento muy amplio, por cierto, hasta el punto que incluye, teóricamente, las últimas maneras respectivas de Picasso —100%—  y de Dalí en parte), un verdadero anarquista de la pintura, y un indefectible representante del más puro surrealismo.

Por último, no queda sino establecer breves prolegómenos, de lo que, en conjunto, representa esta pintura. Fracasado el realismo de pintura imitativa, que tan altos exponentes tuvo en España con Pradilla, Casado del Alisal, Carlos Haes, Apeles Mestres, etcétera, fracasado hoy por falta de pintores verdaderamente enamorados del sujeto pintado, más exhibicionistas de una  técnica (absurda en todo caso) y de un virtuosismo interesado que de visión directa del natural que pueda desprenderse del cuadro, en el mundo entero han surgido otra vez —como en los antiguos— la idea de que el cuadro sea «desinteresadamente» bello, y, contra los antiguos, en esto de que represente hechos interiores del artista que se trasladan al espectador sin gran necesidad de apoyarse en la naturaleza. Unos lo han conseguido, otros no. Los cánones estéticos ciertamente han sufrido revolución —más que evolución— y hoy lo «bello» puede surgir hasta de lo horrido, siempre que se mantenga el nexo emotivo entre autor y espectador siempre que la «invención», el mecanismo puesto en juego, hablen sensorialmente al alma por medio del color incoercible, de la vida autónoma de las formas, de la música y siempre del ritmo, del ritmo, del ritmo…

Esto es la forma de creación más justificadamente tal que hasta ahora se haya conocido. Desde los rupestres, desde los primitivos y arcaicos de todo arte, desde el «negrismo» desde los paranoicos, los discordantes y los obsesivos, este es el arte más natural, lógico y temperativo que hemos podido reunir de lo que se hace en España.

 

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Pintura de Eduardo Chicharro

Gracias a la generosidad del estudioso del Postismo Jaume Pont hemos tenido acceso al programa-folleto de la exposición de Zaragoza. En portada un dibujo característico de Nanda Papiri, en la última página otro Carlos Edmundo de Ory. Un texto de Eduardo Chicharro, tras la nómina de artistas expuestos, reza lo siguiente:

 

Este grupo de artistas no incluye ningún figurón de las Bellas Artes. Tampoco representa a un grupo de esos que llaman «los, lo que sean». Tampoco es post-ista en su totalidad. Los postistas aquí somos: Nanda Papiri, Carlos Edmundo, Chebé y el niño Tony; sin embargo, siguen el post-ismo los señores San José, Luis Lasa Maffei y Francisco Loredo; los demás se acercan a la idea post-ista en el siguiente orden: Castelo, Gregorio del Olmo, Castelló y la niña Lilla; Castelló es un artista independiente; Caballero, el único surrealista puro.

En España —no excluida la propia Zaragoza— y particularmente en Madrid, hay muchos otros artistas de vanguardia que practican la pintura libre y sana, pero no todos podían figurar en esta exposición, por las siguientes razones: los del grupo de Valdivieso, Lago, Palazuelo, etc., porque forman coto cerrado y por ser tan engreídos —como algunos de nosotros mismos— no han querido aceptar nuestra invitación. D. Benjamín Palencia porque, por exceso de cautela, ha preferido excluirse. El señor Zabaleta porque, empezando justamente ahora a tener cierta personalidad —pues se ha independizado de la influencia «palenciana», si bien para acercarse algo a los picassianos— y a ser cotizado comercialmente, anda sumamente cauto. Otros por estar de viaje, otros por indolencia, otros —como Miró— por no permitírselo sus contratos con el extranjero…

No busque, pues, el espectador, ni grupos, ni escuela, ni «ismo». No busque tampoco, en esta exposición, la totalidad de lo mucho —ya se ha dicho que muchos, faltan—. No obstante podría encontrar aquí algo de lo más nuevo y, desde luego, el post-ismo al completo.

Pero —y por lo mismo— se exhorta al espectador, y particularmente a los artistas nuevos de Zaragoza, así como a la intelectualidad, que no juzgue a la ligera estas varias facetas del arte moderno español.

Ninguno de los que presentan —en eso se ha puesto especial cuidado— copia o sigue escuelas extranjeras a través de las revistas de arte. Cada cual da su nota, muy española, sin dejar de ser muy universal.

La pintora Nanda Papiri, la que hasta ahora representa más pura y hondamente el post-ismo, es italiana de nacimiento, pero ha pasado a través del cedazo de lo español; recia disciplina que nos ha dado gente como Picasso, Juan Gris, Salvador Dalí. Así, en esta exposición, se verá cómo algunos sienten aún el surrealismo —ejemplo, Francisco Loredo— cómo otros delatan su primer maestro —ejemplo, San José— cómo otros inventan abstractamente con ritmos y fibra que salen del cuerpo poético puro —como Carlos Edmundo de Ory— y se verá cómo todos trabajan febrilmente, abejas ciegas llenas de instinto, alrededor de la cálida miel de sus manos; y en todos hay valentía, principio, despertar y, más que nada, una alegría infinita de optimismo y buenas intenciones hacia la pobre humanidad lacerada, confusa y rastreramente comercial.

Uno por todos.

Chebé (Chicharro hijo)

Madrid, 3 de mayo de 1948[24]

 

En las siguientes páginas, bajo el exordio «Una entrevista rápida con…», las biografías de los artistas redactadas en primera persona. Nos parece adecuado reproducirlas por su atractivo, tanto en lo que respecta a las aspectos que sobre sí mismos señalan los artistas, como por las informaciones que revelan.

 

Chebé (Chicharro hijo)

Exceptuando Castelló, soy el más viejo de todos estos (13 junio 1905); y de todos ellos y de unos y de otros soy amigo, colaborador, esposo, padre y, en cierto modo, desordenado maestro. Sigo, haciéndolas dependientes o independientes entre sí, las siguientes actividades: padre de familia, retratista, pintor realista, post-ista, poeta, novelista, crítico de arte, catedrático de Estética, Pedagogía y Dibujo, etc. Con Carlos Edmundo de Ory y el italiano Silvano Sernesi, descubrí el post-ismo, que estaba en el aire desde que el mundo es mundo y que hoy se «mascaba» ya. Todo en arte es aproximativo, relativo y discutible; sin embargo, hay una cosa  con la que no transijo: o se es artista, o no se es; o se posee una sensibilidad, o no se tiene ; o se conoce el oficio, o se suple con algo mágico; o se inventa algo, o no vale la pena; no hay otra mala pintura que aquella que no es pintura.

Nanda Papiri

Nací en Roma, en febrero de 1912. Nací un día en que llovían estrellas. En Roma, pintaba por placer. Allí, todo el mundo quería mis cuadros. En el año 1942, llegué a España con mi marido y mis hijos. Aquí, todo me gustó, menos la mala pintura. Yo he preferido crear una cosa nueva: el post-ismo. Aunque sabiendo que a la gente no le gusta esto, siempre pienso que ha de llegar el día en que lo comprenda. Esta pintura, alegre y mágica, llamada post-ista, que tanto trabajo nos cuesta a mí y a los que conmigo colaboran en el arte nuevo. ¡Dejaos de admirar a los pintores pasadistas y pensad que estamos en un siglo moderno, donde hay más poesía que nunca, y se ha inventado la bomba atómica! Yo, como italiana de origen, y gustándome mucho España, quiero que los españoles admiren y aprecien el arte libre.

Juan Castelló

Yo no he tenido enseñanza práctica alguna. Nací esporádicamente, como un hongo. Me dijeron que pintara y empecé a hacerlo en un vestido que llevaba, lo que ocasionó que mi padre me propinara un puntapié. Procuro parecerme lo menos posible al mono, aunque imito. Mi gusto es coger los colores y emborracharme de color. Por petulancia, digo lo siguiente: La exposición de cuadros debe ser una colaboración espiritual con el espectador. Despertar la curiosidad para que funcione la fantasía, sin la cual, la vida es, además de efímera, árida. La pintura pues no puede ser una tortura sino todo lo contrario: re-crearse. Por eso la nuestra es alegría y optimismo. Es vivir con fruto. Es amarse los unos a los otros.

Luis Lasa Maffei

Nací en Manila, el 26 de septiembre de 1923. Mis primeras clases de dibujo fueron a la edad de siete años. Luego, en Roma (1939) empecé a pintar con Chicharro Hijo, durante un año, continuando después en Madrid, en 1943. Aparte de estas enseñanzas, influyeron grandemente en mi sensibilidad las continuas y detenidas visitas a los museos de Europa . En el British Museum de Londres, en el Louvre, en los museos de Berlín, en los múltiples de Roma y, muy especialmente, en el Prado es donde pude estudiar las mejores obras de los grandes maestros de la pintura hispana y extranjera. No tengo preferencias por ningún pintor antiguo ni moderno. Me gustan todos por igual, sean buenos o malos; en ellos siempre hay algo que aprender y apreciar. Yo pinto porque verdaderamente me gusta, y eso es todo.

Francisco Loredo

Nací en Madrid, en 1918 y soy médico y poeta. Creo en una pintura abstracta y fundamental, como creo en la poesía unida al hombre. Desligar estos conceptos es cosa que no concibo. El humanizar deshumanizando la pintura y el dibujo, descubre cauces formales que conducen al primer día del Arte. Aquí debe uno pararse y esperar.

Carlos Edmundo de Ory

Tengo 25 años. Creo en lo abstracto y tengo la lógica de los violines. Soy un místico, aunque nadie lo sabe. Recorro calles de Madrid, como un negociante, con mi cartera bajo el brazo, pero al terminar la jornada, en mi lecho encuentro la sabiduría. El techo falso derribo de las vanidades. Miles de versos malos me vienen al oído. Por mi nariz entra humo de tristeza. La Naturaleza —esa varita mágica petrificada— que llamó Novalis, embruja al Arte, desvirtuándolo. Hablar del cosmos es hablar del caos. Solo la soledad, protectora bufanda, nos libra de las miasmas lóbregas. En los escombros de mi biblioteca encontrarán un día mi corazón. La flor de la amistad la conservo dentro de los cristales de un «pisapapel» mágico. La vida me parece un harapiento imbécil, sin cama de hospital ni manicomio.

Francisco San José

Nacimiento: Madrid, 1920. Benjamín Palencia me inicia en el dogma del arte nuevo en 1939 y me hago alumno de su escuela de Pintura Libre. Mi pintura es muy sencilla. Después de varios años de aprendizaje, la he desprovisto de la corporeidad, he confiado a las formas verdes, amarillas, malvas, el poder de tranquilizar mi espíritu. Todo objeto de la Naturaleza para mí, es la expresión de un movimiento. El movimiento lo señala un punto que se desplaza. Y es lo que trato de decir con líneas y colores en mi pintura.

Gregorio del Olmo

Nací en Madrid, en 1921. Pinto naturalmente. No me concibo sin pintar ya que, para mí, la pintura es una fuerza de las que exigen salida. Me acuerdo, cuando niño, una personalidad escolar me entregó un premio ante un público de chicos; era una caja de óleo, la misma que utilizo ahora. Me agrada cuanto es familiar, que tiene sabor hogareño amable. Me molesta lo enfático. He estudiado atentamente las escuelas y procurando incorporar sus enseñanzas a mi modo de ser y ver. Fidias, los primitivos italianos, Goya, Van Gogh, han sido mis maestros.

Enrique Núñez Castelo

Nazco bajo el signo de Tauro, en 1918. De chico, y mientras lleno de dibujos los márgenes de los problemas, se me inculca el horror al artista, ese melenudo que nunca come, y me vuelvo un niño serio. Luego, la guerra despierta mi sensibilidad. Salto del álgebra a la economía, a la filosofía, a la poética, a la plástica. Sé que tengo algo que expresar, pero ello no se manifiesta cuando lo deseamos; hay que inflamarse. Con un grupo de jóvenes tomo contacto con Benjamín Palencia, contacto breve, porque la vida me aparta nuevamente de la pintura. Dibujo y escribo de noche, a cambio del sueño. ¿Escribir, dibujar? Esto me preocupó algún tiempo, hoy no. Pienso que el medio es accesorio…

El niño Tony

Nací en Roma —en 1940, de Eduardo Chicharro Hijo y de Fernanda Leona Papiri— vine a España, donde me enseñaron el español que me gusta mucho; me gusta bastante para hacer poemas. Yo, por ejemplo, digo: «El pincel mojaba tinta con la carroza de ruedas las bol y se encontró con la persiana escupiendo hierro. Yo no tengo confianza en trabajar. Los ojos de la nieve con el botón de impermeable hace un pelo de oreja fantástica». Estos son mis versos postistas que los hago y los haré pensando en el nubaconcorpisto. Me gusta el post-ismo porque es lo más moderno que hay, y también lo más difícil. En Madrid he visto a la Telefónica tragarse un clavo podrido, y he visto una ventana con un baúl que se dirigía al comedor de caridad.

La niña Lilla

He nacido en Roma, pero soy española y tengo ahora diez años. A mí me gusta más dibujar que jugar porque es más bonito. Me gusta más el dibujo que la poesía, porque el dibujo se ve y se hace con la mano. Y me gusta más con colores. Pinto figuras porque no sé hacer otras cosas, como mi hermanito Tony. Y me gusta que parezca que se mueven. El post-ismo no me gusta porque no son cosas naturales.

José Caballero

Nací en Andalucía, en 1915. Hoy que la palabra «surrealismo» está tan en boga, se debe ocultar su verdadero sentido para desorientación de los «snobs» que utilizan de mote como clasificación o designación de cualquier sandez. Desde los 19 años me entrego a la práctica del surrealismo y ni nada ni nadie me hizo torcerme. No trato de epatar con rarezas de tipo anecdótico y creo que mi pintura nada tiene que ver con este fausto sentido del falso surrealismo.

El impreso se cierra con el catálogo de las piezas artísticas. Como curiosidad señalar que se especifican las obras que sus creadores vinculan con el Postismo, el surrealismo o derivados como el Postismo-infantilismo. Suponemos que las piezas en las que no se detalla estilo pertenecen a la denominada en el frontispicio del programa como «pintura moderna», así, en líneas generales. A continuación transcribimos el sumario:

Chebé (Chicharro Hijo)

  1. El escritor frenético
  2. ¡Maldita sea! (post-ismo)

Nanda Papiri

  1. Himnos y danzas en la montaña en honor del Sol, la Luna y la estrella Sirio
  2. La valla musical
  3. Aurora

6 a 9. Dibujos (post-ismo)

Castelló

  1. Desnudo con indumento de encaje
  2. Concierto campestre (post-ismo)
  3. El vaporcito
  4. Retrato

Luis Lasa Maffei

  1. Motivo ornamental
  2. Pintura decorativa
  3. Cuatro dibujos (post-ismo)
  4. Tres dibujos (post-ismo)
  5. Dibujo (post-ismo)

Francisco Loredo

  1. Cinco dibujos (post-ismo – surrealismo)

El ermitaño – El optimista – El vicioso – Salvamento de náufragos – Musa y poeta

Carlos Edmundo

  1. El flautista (post-ismo)
  2. Tres dibujos (post-ismo)
  3. Ocho cabezas (autorretratos) y una viñeta

San José

  1. Estación de ferrocarril (post-ismo-infantilismo)

24 a 26. Tinta china y Temples (post-ismo)

  1. Temple

Gregorio del Olmo

  1. Cuatro cabezas (post-ismo)
  2. Cuatro dibujos
  3. Figura con laúd

Castelo

  1. Cinco dibujos (post-ismo)

El niño Tony

  1. Ocho dibujos (5 años)
  2. Dibujo (7 años) (post-ismo)

La niña Lilla

  1. Seis dibujos (7 años)

Pepe Caballero

  1. Presencia histérica de Don Quijote en el eco de una mujer manchega (surrealismo)

Nota: Los dibujos enmarcados en un solo conjunto, pueden adquirirse por separado.

El diario Amanecer publica dos reportajes sobre la exposición firmados por Francisco V. Montalbán, con material gráfico incluido. El 20 de mayo de 1948, el primero, arranca en la página 4 con el titular: «¿Qué es el Postismo?». A continuación el periodista recoge, a modo de mistéricos aforismos, lo más granado de las declaraciones de algunos sondeados:

«Una deformación espiritual».

«Estamos demasiado civilizados para comprenderlo».

«Tiende a inquietar a los espíritus poco equilibrados».

«Visto esto, yo soy un “hacha”».

 

Al costado se reproduce una obra con el siguiente pie de fotografía: «”El escritor frenético”, un cuadro de Chebé (Chicharro hijo), en el que aparece el novelista y escritor Félix Ayala asido a un tenedor y bajo una larga teoría de huevos crudos…».

La información incluye, en su centro, una imagen, con varios espectadores arremolinados en torno a un cuadro, con el rotulado: «Don José Galiay, don Fausto Gavín y otras diversas personalidades descubren la “jaimitada” que, a modo de bigote, figura en uno de los cuadros de la exposición».

En el cuerpo del artículo se nos especifica que la escena transcurre frente a uno de los dibujos de Carlos Edmundo de Ory, si bien no se añaden más pistas respecto al contenido del hecho propio de un «jaimito».

 

Reproducimos el reportaje:

El paseante de la ciudad encuentra escasos motivos de distracción. La falda larga de una señora que se la alargó un poquitín más que las precedentes, la invasión del comercio por la oleada de plexiglás, un pequeño atasco en la circulación, son motivos nimios que le hacen girar la cabeza unos cuantos grados a izquierda o derecha. Pero, en seguida, la normalidad. O la vulgaridad, que es igual.

Dan la siete y media los cierres metálicos de las tiendas al caer, y con las siete y media, el paseante comprende que un rato a exposiciones podría ser una nota original en el lento correr de la tarde. Y penetra en una sala de exposiciones, en nuestro caso, en la sala Macoy.

Por la escalera se cruza con el público que está de vuelta  de la exposición. Publico muy variado en edad y calidad. El profesor de Arte, el pintor, el grupo de colegialas, un tranviario, un catedrático, un concejal.

Pero todo este público regresa de la sala con una expresión común, igual, general a todos. Todos sonríen; a todos les ha hecho gracia la exposición. Y como el paseante ha visto en la puerta, en un cartel, que la exposición es de «Postismo», el paseante que no sabe lo que es esto, empieza a suponer que el «Postismo» es una cosa para hacer reír.

Él ya está en el vestíbulo de la exposición. Toma un catálogo y le sorprende que en la portada de este hayan puesto el dibujo de un raro engendro de la Naturaleza: un pulpo con cara de sacristán. Pero como se le habla en el catálogo de pintura moderna, él comprende que es que no comprende nada y da un paso más; lee las notas del programa, las acotaciones literarias que ha hecho cada autor. Firma por todos un señor que, llamándose nada menos que Chicharro, prefiere el nombre de Chebé. Y luego sabe de este señor —porque él lo dice— que, entre otras actividades, se dedica a padre de familia.

Sigue leyendo el paseante, y se entera de que Nanda Papiri nació un día en que llovían estrellas, que Castelló vino al mundo esporádicamente: que por la nariz de Ory  entra humo de tristeza: que el niño Tony ha visto a la telefónica tragarse un clavo podrido…

En fin, el paseante ha entrado al salón. Cuadros, telas, papeles. Y una gran multitud. Unos hablan desaforadamente: otros se acarician la barbilla y tuercen la cabeza buscando el principio de un cuadro; algunos ríen a mandíbula batiente; los más sonríen, con sonrisa de perdón: incluso hay quien en el bigote de un autorretrato de Carlos Edmundo descubre una palabra de esas que suelen escribir los «jaimitos» en la esquina del colegio, cuando los «jaimitos» comienzan a hombrear…

 

Lo que dijeron ellos

El paseante, que por no saber nada de nada quisiera encontrar una mano amiga que lo guiara por aquel dédalo de cosas extrañas, observa que un periodista está preguntando, interrogando a uno y otro señor, a cuantos allí pueden decir algo de interés, acerca de la impresión que tales señores van recibiendo de la Exposición. El periodista no les fuerza a contestar, y, muchísimo menos, les inclina su voluntad en un sentido u otro. Al paseante le parece que ha descubierto el modo de saber algo concreto, e, incluso, mañana, en el periódico, va a constatar la fidelidad del informador.

En fin, él abre la oreja y oye estos sucesivos diálogos entre el redactor de Amanecer Francisco V. Montalbán y los señores que se irán citando en cada lugar.

 

Un pintor

Veamos, veamos. Se ha acercado un señor de cierta edad. Debe ser pintor profesional, pues el periodista le ha llamado artista. El señor, que luego dice ser Félix Fuentes, contesta:

—Creo sinceramente que todo lo que se pone en un marco y se presenta en una exposición, no es una obra de Arte. Por ejemplo, esto que estamos viendo aquí. Esto no es Arte. Pero, además de no serlo, tiene un agravante más: la de que a sus autores les permite decir que los que repudiamos esto, lo hacemos porque no lo entendemos… ¡Y a esto no hay derecho, la verdad!

 

Un médico

Ahora, el interrogado es un doctor. El doctor Aramendia, un entendido en estas cosas, a juzgar por la desenvoltura con que se mueve entre artistas y críticos. Dice:

—Sin comentarios: esto es una deformación espiritual de unos señores. Además, yo les diría, por ejemplo, al autor de ese cuadro que representa a una mujer monstruosa: «Caballero: ¿a usted le gustaría tener una hija así…?».

 

Otro artista

Otro pintor en el diálogo. Mariano Gratal ha oído decir el paseante que se llama. Contesta.

—Los que nos hemos educado en un sentimiento estético no comprendemos esto, pese a que tratemos de poner en ello toda nuestra preparación, junto a nuestra mejor voluntad. Acaso sea que estos señores nos traigan una nueva civilización, lo que por ahora no se vislumbra… En una palabra: que estamos demasiado civilizados para comprender el Postismo.

 

Otro doctor

Un doctor al habla. El doctor Oliver. Siempre los doctores en Medicina fueron hombres cultos, dados a las cosas del espíritu, aparte las cosas del cuerpo, que son las de su obligación.

El paseante oye al doctor Oliver expresarse así:

—El Postismo es una aspiración legitima que tiende a despertar una inquietud indudablemente conseguida en espíritus poco equilibrados.

 

Un magistrado

El periodista aborda a todos. Ahora se ha acercado nada menos que al excelentísimo señor presidente de la Audiencia, don Emilio Lacalle. El ilustre magistrado sonríe bondadosamente, y contesta:

—Pues, ¿qué quiere usted que le diga? Que ahora resulta que yo soy un hacha en pintura. ¡Visto esto!

—¿Ya conocía usted el Postismo?

—Si no el Postismo, algo parecido. Lo primero que recuerdo del género fueron unas vacas con patas verdes. Yo dije que no había visto nunca vacas así, y se me contestó que acaso es que no las comprendía. ¡Así que no sé…!

 

Y dos señores que no quieren opinar.

Entran don José Galiay y don Fausto Gavín. El primero es el director del Museo. El visitante se aproxima y escucha con el mayor interés esta opinión de don José:

—Nada, nada. Aquí no hay nada que decir.

—¿En absoluto nada?

—Nada… que se pueda publicar.

Don Fausto Gavín, ilustre crítico musical, no añade, no quiere añadir una sola palabra… las dichas por su amigo y acompañante. Únicamente alega:

–Pero ¿qué va uno a decir de esto? Por Dios, ¡ni una palabra¡ ¡Sería tan tremendo!

El visitante comienza a orientarse. Pero promete volver otro día y hacerlo mejor.

 

Al día siguiente, el 21 de mayo, el intrépido gacetillero vuelve a las andadas y publica, de nuevo en la página 4 de Amanecer, la continuación de sus pesquisas. El titular repite la pregunta: «¿Qué es el Postismo?». Y algunas soflamas extraídas del contenido del reportaje nos responden:

 

«Ni lo entiendo ni lo quiero entender».

«Ya veremos qué sale de todo esto».

«Lo más extremista que ha pasado por Zaragoza».

 

Junto a estas perlas una fotografía en la que figuran varias personas ante un par de obras. Justo debajo se exclama: «”¡Ándate al corno!”, dice don Juan Moneva».

En el centro del texto, una imagen con cuatro individuos que contemplan un cuadro, el siguiente pie: «Zarazaga, Emilio Alfaro, Bayo Marín y señora, ante el “Desnudo con indumento de encaje”, uno de los cuadros de pintura moderna que figura en la exposición».

El reportaje arranca:

Dejábamos ayer al paseante anónimo orientándose acerca del Postismo a través de las opiniones que dieron varios visitantes de la Exposición. Y como el hombre encontró muy sugestivas las respuestas, ha vuelto por la Sala Macoy y ha seguido «haciendo oreja» a las manifestaciones de nuevos visitantes siempre siguiendo a nuestro redactor F. V. Montalbán.

He aquí lo que el paseante oyó:

 

Al pintor Bayo Marín

—Aquí hay Postismo y surrealismo, dos cosas distintas que en modo alguno se han debido mezclar. El surrealismo tiene cierto fundamento.

—Pero ¿y del Postismo, qué nos dice usted?

—El Postismo es un camelo sin disculpa. Pues aunque a mí me gusta que exista un afán de inquietudes, de aspiraciones hacia nuevos modos de hacer, esto desacredita el intento. Además, aquí se ha hecho una mezcla de cosas muy distintas. Vea usted ese «Retrato» y ese «Desnudo con indumento de encaje», tienen vitola de cuadros. Pero lo demás… ¡Lo demás, ni lo entiendo ni lo quiero entender!…

Al crítico D. Emilio Alfaro

—Después de ver el título de la Exposición esto me parece bien. En alguna obra se ve detrás a un pintor. En general, se adivina una tendencia que no ha cuajado. ¡Ya veremos qué sale de todo esto…!

Al profesor don Mariano Velasco

–Yo interpreto el Postismo como una inquietud por salirse de las normas clásicas. Y creo que la fortuna de la aspiración depende en buena parte de la simpatía con que se la quiere ver.

Al escultor Armando Ruiz

—Considero esta Exposición como lo más extremista que ha pasado por Zaragoza. El extremismo constituye un fermento que, en determinadas circunstancias, puede resultar práctico. Pero solo un fermento. De todos modos, esta Exposición se salva. Hay en ella unas calidades, mezcla de espontaneidad, sinceridad, primitivismo y preocupación, más otras especies, por lo cual ella no deja de resultar interesante y sugerente.

Ya es un mérito de esta Exposición el flotar en ese naufragio de impotencia, vulgaridad, «pos» pedante, ignorancia supina, notoriedad barata, «revolucionarismo» tabernario, rencor, celos, vejez senil y cursilería a todo pasto, que constituyen el repugnante conglomerado de otras estériles manifestaciones de esta índole.

A una señora, a la señora de Armando Ruiz

—Yo no puedo, como mi marido, que solo vive para el Arte, enjuiciar esta Exposición desde su punto de vista de profesional. No puedo ni quiero. Aprovecho la oportunidad de tener que hablar de una Exposición revolucionaria para revolucionarme yo también. Esta vez me salgo con la mía, saltándome a la torera las opiniones de mi marido, que por macizas, pesan como el plomo. Y en este aspecto grito… ¡viva la libertad! Esta exposición me parece muy requetebién. Y la encuentro tan requetebién, porque muchas de las obras en ella expuestas las sabría hacer yo. Y esta coincidencia, y esta facilidad, me encantan. Me declaro «postista» a rabiar. Y voy a ver si convenzo a mi marido para que se haga también «postista». Porque es que, laborando a base de principios tan serios como él trabaja, cuesta mucho producir obras. ¿Por qué tantos años de esfuerzos, fatigas, disgustos y preocupaciones como él se ha dado? Nada de sangre, sudor y lágrimas. Facilidad. Y esta facilidad la encuentro yo en el Arte revolucionario. Y donde hay facilidad no hay…[25]

Al profesor Dr. Moneva y Puyol

—Yo resumiría mi opinión con esta exclamación única, dirigida a los señores expositores: «Ándate el corno». Y es que me molesta mucho que las nuevas generaciones, que la generación actual, nos quiera hacer pasar las coces por pasos de rigodón.

—¿Nada más?

—¿Le parece a usted poco?

A don Félix Ayala

—Amigo Ayala, ¿quieres decirme tu opinión sobre el Postismo?

— A mí no me gusta opinar, sino devorar lo nuevo. Además no debo opinar, soy el organizador de esta Exposición y he pretendido con ella dar a conocer a los zaragozanos un movimiento nuevo desde sus «halladores», y no desde cualquier mixtificación que les llevaría al error.

—¿A qué atribuyes que la gente se sorprenda tanto ante estas cosas?

—Sé que esta Exposición es muy difícil que pueda comprenderla la gente en general. Son muchos los que se pararon en la pintura realista y todavía siguen ahí esperando. Pero como siempre ocurre lo inesperado —según Maurois— ahora ven esto —sin haber visto nada de lo anterior y hasta sin siquiera haber oído hablar de sus antecedentes— y les vuelve locos. Además, como el Postismo es español, para muchos no vale nada, y vale más el existencialismo, porque viene de Francia, por ejemplo. ¡Aquí somos así!

—¿Y tú, qué opinas?

—Yo no juzgo, porque, además es muy difícil juzgar. Basta recordar los comienzos de Delacroix, o de Delaunay, o de Picasso, o de Juan Gris, o de Gauguin, o de Dalí, y comprobar las consecuencias. Creo que todo «ismo» lleva en sí una rebeldía, una apetencia hacia algo nuevo, y estimo, como Ramón, que los cuadros se les deben encargar a los pintores, de tal calidad «que no representen el mundo» porque este, los que tenemos ojos —nuestros ojos— ya lo vemos, y necesitamos «el que otros ven», por lo menos para saber «cómo lo ven».

—¿Buscabas algún fin con esta Exposición?

—Sí: al organizar este certamen quise enseñar a Zaragoza algo de lo más nuevo que hoy se hace en «surrealismo» y en «Postismo», y hacer comprender a todos que las aspiraciones vanguardistas en el Arte nunca pueden encasillarse en un terreno político determinado para hacerlas servir como bandera de partido, que opinen y juzguen los demás, ¡si se atreven! Yo quiero permanecer al margen: observo, devoro lo nuevo y concedo a la «realidad inconcebible» un permiso para lo imposible.

—Pero ¿no opinas, verdad?

—No. Luego… me reservo mi opinión, porque es mucho más difícil haber aprendido a callar que a hablar, y hoy me siento virtuoso, amigo Villalgordo.

Y como el paseante se dio por satisfecho, abandonó la Exposición.

***

 

En torno a 1946 dos jóvenes castellanos: el palentino Gabino-Alejandro Carriedo y el  ciudadrealeño Ángel Crespo, que ya había publicado en La Cerbatana el soneto «De mi loco, al loco de Carlos Edmundo», se lanzan a la difusión del Postismo. Crespo redacta múltiples artículos sobre variados temas postistas en Lanza, periódico de Ciudad Real en el que colabora asiduamente.[26] Carriedo bendice Palencia con el único número de la revista Nubis (octubre, 1946), en la que colabora con dos poemas Carlos Edmundo de Ory. A Crespo y Carriedo se sumará el poeta Félix Casanova de Ayala, oriundo de San Sebastián de la Gomera. Otros artistas aumentan su presencia en el entorno del Postismo como Ignacio y Francisco Nieva. En esa época —1946— Silvano Sernesi regresa a Roma y desaparece del ambiente postista, salvo por el envío de algún poema fugaz a las revistas de los amigos[27]. Crespo, Carriedo y Casanova desean someter al Postismo a una revisión. Tal vez la prueba más evidente del cambio de orientación que pretenden la tengamos en la emisión, desde las antenas de «Radio SEU» de Madrid,  el día 9 de agosto de 1949, del programa «En serio sobre el Postismo», en el que intervienen Gabino-Alejandro Carriedo y Félix Casanova de Ayala, gravitados por la escritora María Pilar de Sandoval.[28]

En cualquier caso, a partir de 1950 surgen diversas revistas de poesía, —en las que también colaborarán sobresalientes e insurrectos artistas plásticos—, que, si bien no pueden calificarse de puramente «postistas», al menos mantienen en sus índices algunos autores y textos con un espíritu afín a su estética. Por otra parte, los propios Carriedo, Crespo y Casanova de Ayala a media que avanza la década presentan una poesía que cambia de registro, tal vez inspirada por un «reformado» Postismo, vinculándose a lo que se ha dado en llamar «realismo mágico»[29], para terminar, en ciertos casos, aproximándose a corrientes como la poesía social (que despunta en esos años) o a recursos existenciales, más convencionales y propios de la época. Los poetas que colaboran en estas nuevas revistas evitan en su mayoría los estilos afines al régimen, como el garcilasismo; empero algunos discurrirán, aunque sea ocasionalmente, por el humanismo desaforado y tremendista o por la vía religiosa-existencial, en parte inaugurada por el libro de Dámaso Alonso Hijos de la ira (1944). A estos autores, compañeros de generación y con gustos colindantes, se les ha englobado bajo el emblema de «pajarerismo» (evidentemente por su aglutinación en torno a la revista El pájaro de paja, la primera de todas ellas en publicarse y una de las más próximas al Postismo) o bajo el epígrafe de  «Generación del 51» .

Antonio Martínez Sarrión en su prólogo a la antología de Carriedo: Nuevo compuesto descompuesto viejo refiere: «… los mismos poetas bautizarían, en parte para adquirir distancia del Postismo, “realismo mágico”, término hoy desleído por su extensión a multitud de discursos entre los que destacan algunos mayores de la literatura latinoamericana de las últimas décadas».[30]

Algunas de las revistas que moldearían esta nueva sensibilidad serían El Pájaro de Paja (dirigida por Gabino-Alejandro Carriedo, Ángel Crespo y Federico Muelas Madrid: 1950-1956), Deucalión (Ciudad Real, dirigida por Crespo, 1951-1953), Poesía de España (dirigida por Crespo y Carriedo, Madrid, 1960-1963); Doña Endrina (dirigida por Antonio Fernández Molina, Guadalajara, 1951-1955); Trilce (dirigida por Antonio Leyva y José Antonio Suárez Puga, Guadalajara, 1951-1953); Arcilla y pájaro (dirigida por Prudencio Rodríguez, Juan Ángel Iglesias y Jacinto Berosa: Cáceres, 1953); Haliterses (dirigida por Juñio Calvo Alfaro, Delfín Escoda y Carlos de la Rica, Barcelona, 1952-1953); Aljaba (dirigida por Emilio Ruiz Parra: Jaén, 1951-1953); El molino de papel (dirigida por Amable Cuenca (1-12) y Eduardo de la Rica (13-50) Cuenca, 1955-1967); Ambo (dirigida por Eduardo Chicharro y Francisco Nieva: Madrid, 1950 aprox., único número), Despacho literario (dirigida por Miguel Labordeta, Zaragoza, 1960-1963); Orejudín (dirigida por José Antonio Labordeta, Zaragoza, 1958-1959); Arquero (1950-1954, fundada por Antonio Gala, Rafael Mir y Julio Mariscal y dirigida por Gloria Fuertes)…

18643668_1515142778564377_610072708_nEntre las arriba mencionadas se establece una corriente de nombres, de colaboradores habituales. En sus páginas escriben con frecuencia: Manuel Pacheco, Rafael Millán, Gabriel Celaya, Gloria Fuertes, Carlos de la Rica, Antonio Leyva, Antonio Suárez de Puga, Juan Eduardo Cirlot, Mario Ángel Marrodán, y, por supuesto, Crespo, Carriedo, Muelas, Casanova de Ayala, José Fernández Arroyo, Antonio Fernández Molina; y los próceres del Postismo Eduardo Chicharro, Carlos Edmundo de Ory e, incluso, Silvano Sernesi; de entre los aragoneses se incluyen las firmas de Manuel Pinillos y Miguel Labordeta. En lo plástico colaboraron, con menor o mayor asiduidad: Gregorio Prieto, Mathias Goeritz, María Luisa Madrilley, Francisco Nieva, el grupo Pórtico… Evidentemente a Goeritz, fundador de la escuela de Altamira junto a Ángel Ferrant y Ricardo Gullón, entre otros, no se le puede calificar como postista, aunque publicó en revistas de la órbita y estableció vínculos con Carlos Edmundo de Ory (según el diario De Ory conoció a Mathias y su señora el 20 de enero de 1948)[31], Ángel Crespo y Antonio Fernández Molina. Sin embargo, el interés por el arte infantil supone un nexo de unión entre la estética postista y la escuela de Altamira. Mathias Goeritz promovió en España la colección Artistas Nuevos, junto a Ferrant y Benjamín Palencia en los números iniciales, más tarde solo con el primero, que dedicó el número IV al arte infantil (Niños artistas. Creaciones. Con texto de Martin S. Soria, 1948). Ya en México propició la Exposición de pinturas de niños jaliscienses (1951) en la galería José Mª Zepeda Estrada de Guadalajara (México). En la interesantísima monografía que le ha dedicado Chus Tudelilla leemos: «Con Palencia y Ferrant, Goeritz aprendió la importancia del dibujo infantil y compartió el interés por la prehistoria y lo primitivo, que supo encauzar a la idea, ya proclamada por Ferrant, de la creación del hombre-niño, la del nuevo prehistórico».[32]

De las revistas arriba enumeradas tal vez Ambo sea la más puramente postista. Pero la ausencia de una cronología de la misma, al tratarse de un único número sin fecha, nos impide analizar su desarrollo. Nos centraremos, por tanto, en El pájaro de paja y en Doña Endrina puesto que nos parece que las dos ejemplifican la pervivencia del espíritu postista. Ya en 1952 Fernández Molina, director de Doña Endrina, había organizado una exposición de inspiración «postista», que de haberse celebrado unos años más tarde se hubiera enmarcado como «happening», y que sorprendió a una Guadalajara desprevenida.

En Doña Endrina, en los números 2 y 5, colaboró el pintor Laguardia, creador, junto a Lagunas y Aguayo, del Grupo Pórtico. En el número 4 se incluye un poema de Atilano Lamana, al que se nos presenta con esta nota: «Ingeniero industrial. Vive en Zaragoza. Ha publicado poco. Vivió en París. Es joven. Muy vinculado a la pintura». Miguel Labordeta publicó en Doña Endrina 2 poemas «Balada del profesor gorrión (fragmento)» y «Viernes con argumento». Por su parte, Manuel Pinillos aparece con «Celestial saludo», dedicado a Ángel Crespo. Si la estética de Miguel Labordeta se encuentra más cercana a las posturas de los colaboradores más arriesgados, no será así en el caso de Pinillos, vate en el entorno del humanismo de posguerra y lo «existencial».

El primer número de El Pájaro de Paja principia con una proclama bajo el rótulo de «La escoba», que mantiene una clara sintonía con el Postismo. Lo mismo sucede con «El rastrillo» , la argumentación con la que se abre el último número.

Jaume Pont apunta:

Pero lo verdaderamente definitorio del continuismo postista de El pájaro de Paja reside en la adaptación de aspectos puntuales de aquel ismo estético-literario, desde una vertiente revisionista o de «aggiornamento» que está más por el aprovechamiento de las estrategias puntuales postistas que por su maximalismo teórico o revolucionario. Dicho posicionamiento es perfectamente visible en poemas como «Caza menor» (n. 3), de Félix Casanova de Ayala, «Dos poemas importantes» (n. 8), de Gloria Fuertes, y en especial un poema del libro Los animales vivos (1951) de G. A. Carriedo, «La langosta» (n.4), que si se acoge lúdicamente a las recurrencias homofónicas postistas, o a sus típicas correlacciones secuenciales y rítmico-musicales, lo hace como entreveramiento de una realidad, la del mundo animal, plena de resonancias mágicas.[33]

En El pájaro de paja Miguel Labordeta participó con los poemas «Hermano hombre» y «Severa conminación de un ciudadano del mundo»; Manuel Pinillos con «Mundo en fiesta».

Miguel Labordeta, siempre atento a las expresiones experimentales de su tiempo, tuvo conocimiento del Postismo. Como también del letrismo, la poesía visual y la poesía concreta, por ejemplo. En este aspecto nos gustaría mencionar que colaboró en facilitar una exposición de los poetas Julio Campal y Fernando Millán en la Agrupación Artística Aragonesa de Zaragoza. Sería discutible si la influencia de la estética postista se manifestó en algún poema de Miguel Labordeta; nosotros creemos que sí. En cualquier caso, la OPI (Oficina Poética Internacional), creada por Miguel Labordeta, no resulta ajena al gusto por el juego de los postistas.

Antonio Pérez Lasheras y Alfredo Saldaña señalan:

… se creó la mencionada OPI (Oficina Poética Internacional), una broma, un juego (de reírse por no llorar) en el que Miguel fue su principal sacerdote, una religión dedicada íntegramente a la poesía, una profesión que exigía sus ceremonias, rituales, jerarquías y, evidentemente, documentación. La OPI fue una invención de Miguel, pero surgida de un deseo de aunar las voces disidentes (en España y en el mundo entero, aunque con la evidente limitación lingüística) con respecto a la poética oficial. [34]

En la introducción a la edición facsímil de la revista oficial de la OPI, Despacho literario, José Carlos Mainer menciona: «… José Antonio Novais, José Antonio Rey del Corral y Meneses (Mariano Meneses es un heterónimo de Fernández Molina) concurren en una poética sencillista que algo tiene que ver con la ascendencia postista…».[35]

Años después de la ocultación del autor de Viento idílico, acaecida en 1969, se organiza un homenaje a su figura (Homenaje a Miguel Labordeta, del 4 de marzo al 3 de abril de 1977),  en el que participaron, entre otros: Luis Buñuel, Ricardo Senabre, José Carlos Mainer, Santiago Lagunas, Pablo Serrano, Carlos Edmundo de Ory, al que conoció en Madrid durante la época del Postismo y con el que mantuvo una fluida correspondencia. Carlos Edmundo de Ory señala en su Diario el 31 de mayo de 1948: «Recibido Sumido (25 poemas), que me envía su autor, Miguel Labordeta. He hecho notas en el libro. Escribiré a Miguel Labordeta y le haré una reposada y larga crítica de su casi bello libro. Un futuro postista quizás. Siguen las discusiones verdaderamente inútiles con Ángel Crespo, el joven estudiante que simpatiza con el Postismo, pero que no tiene profundidad postista»[36].

Antonio Fernández Molina queda impresionado por la lectura de Sumido 25 en la Biblioteca Nacional, cuya lectura le había recomendado Ángel Crespo. Cuando en el primer número de Doña Endrina se incluye un poema de Miguel Labordeta, ambos poetas únicamente se han comunicado por el cauce epistolar. Un buen día Fernández Molina toma un tren a Zaragoza para transformar su amistad en presencial. Labordeta le destapa a Pinillos; al que Molina publicará en su colección de libros Doña Endrina el poemario La muerte o la vida (1955); en la misma colección también aparecerá el descaradamente poemario postista de Félix Casanova de Ayala: La vieja casa (1953). Fernández Molina, que por entonces vive en Guadalajara, pasa por Zaragoza durante su luna de miel para celebrar una merienda rodeado de Miguel y José Antonio Labordeta, a los que se suma un grupo de amigos de la ciudad. Tiempo después Miguel Labordeta le ofrecerá el puesto de redactor jefe de la revista Despacho Literario.

Al poco tiempo Fernández Molina se convierte en secretario de redacción de la revista de Camilo José Cela: Papeles de son Armadans. Y, por lo tanto, se traslada a Mallorca. Gracias a su influencia publicarán en la revista de Cela varios aragoneses como el propio Miguel Labordeta, además de Rosendo Tello, Manuel Pinillos, José Antonio Labordeta, Luis Yrache, etc.

En 1975, tras abandonar Mallorca y Papeles, Fernández Molina recala en Zaragoza y despliega su dotes de conferenciante, pintor y dinamizador cultural. Algunas de sus narraciones, meridianamente emparentadas con el Postismo, aunque también con el letrismo y la experimentación visual, las publica en Zaragoza, como es el caso de Rin-tin-tin cruzando los Alpes y Adolfo, de perfil, editadas en un solo tomo.[37] Al igual que sus novelas Los frutos de la noche (una historia camp)[38] (1993), La liebre mecánica[39] (1997) y La llama invisible[40] (2002).  José Luis Calvo Carilla escribe sobre la narrativa de Fernández Molina:

… pese a su tardía aproximación al grupo, es uno de los postistas más consecuentes y más representativos. Y lo es precisamente en la medida en que el contacto con el grupo constituye para Fernández Molina un revulsivo auroral, del que va a retener como herencia ese común espíritu de rebeldía estética, abierta dialécticamente a todas las disidencias contemporáneas.[41]

La condición de escritor-pintor aproxima a Fernández Molina a concepciones y desembocaduras postistas. Al igual que sucede en el caso de Antonio Beneyto que, curiosamente, se estrenó como artista exponiendo con Molina en Mallorca con dos muestras conjuntas. La primera, en 1968, en las Galerías Costa; la segunda, el mismo lugar, al año siguiente.

En 1996 Fernández Molina cataliza, junto a un grupo de poetas jóvenes de Zaragoza, entre los que nos encontrábamos, una serie de inspiraciones artísticas y de anhelos en una revista modestísima, realizada en fotocopias, que vendrá al mundo con nombre postista: El pelo de la rana (1996-1998). Es obvio que la rotulación de la revista fue obra de Fernández Molina. En el primer número se incluyeron dos dibujos de Nanda Papiri, la musa del Postismo, uno en portada y el otro en contraportada. En el editorial de la página 3, que abría la publicación, se afirmaba:

 Queremos recoger en nuestro seno la herencia vital del romanticismo y de sus nietos: dadaísmo, surrealismo, Postismo, esterismo; del movimiento pánico y de cualquier otro rincón individual o colectivo que nos estimule, de cuanto es eje de la rueda que defiende la genialidad por encima de la mediocridad, del sincero sentido de servir a una finalidad artística universal…

En su libro de memorias Fragmentos de realidades y sombras, Antonio Fernández Molina lo recuerda de este modo[42]:

[El pelo de la rana] … tiene el formato de un breve cuadernillo escolar de antaño. Su humilde aspecto me recuerda, incluso en su prosodia, a la mítica El pájaro de paja. Aunque de apariencia modesta, acogió originales de notables escritores como Camilo José Cela, Julio Campal, Ramón Gómez de la Serna, Fernando Arrabal, Andrés Rubio…

El número dos (…) está dedicado a Fernando Arrabal y su salida coincidió con su primer viaje a Zaragoza, a donde vino para intervenir en un ciclo sobre literatura española contemporánea.

Camilo José Cela dedica a la revista un poema, al que titula con el mismo nombre de la publicación, que apareció en su sección del diario ABC «El color de la mañana». En los versos compara a la recién nacida El pelo de la rana con la decana El pájaro de paja.[43] Desafortunadamente la falta de medios pescó al batracio.

En el año 2000 Fernando Arrabal visita Zaragoza para asistir a la inauguración de una exposición en el Museo Pablo Serrano, en torno a su figura y con fondos de su colección de arte. En ese momento coincide, por supuesto, con Antonio Fernández Molina, también con Antonio Beneyto, que concurre desde Barcelona. Sin duda, fue un encuentro memorable donde las anécdotas se multiplicaron. A la cena se sumó el actor aragonés Marcos Agón, amigo de entrañable recuerdo.

Durante muchos años el director de escena Mariano Cariñena trabajó la obra de Arrabal. Y en Zaragoza puso en escena algunas de sus piezas. Es el caso de El gran ceremonial, en 1987.

Respecto a Beneyto, en un artículo publicado en Barcarola, Jaume Pont refiere[44]: «En esta cadena del ser filopostista se inscriben Antonio Beneyto y su galería de afinidades electivas». Jaime D. Parra en el catálogo Beneyto creador postista concluye: «El Postismo de Beneyto se instala en el placer de los sentidos, en el impulso frenético de la imaginación, en una absurdidad equívoca, en una lógica interna y técnica, en una estética libre de ataduras».[45]

El Museo de Teruel organizó durante cinco años (1989-1993) una serie de jornadas y exposiciones que, teniendo a Luis Buñuel y al surrealismo como epicentro, analizaron diversas experiencias de la vanguardia española. El cuarto año el título elegido para el encuentro fue «El surrealismo en la posguerra española». Entre los invitados a conferenciar se incluyó a Carlos Edmundo de Ory, junto a otros notables como Juan Manuel Bonet, Emmanuel Guigon, Antonio Saura, Francesc Rodón, Enrique Granell, Manuel Pérez-Lizano, Modest Cuixart y Joan-Josep Tharrats. La conferencia que pronunció De Ory (30 de noviembre de 1992) con el título «Sobre el Postismo hoy» se publicó en la revista Turia ( nº 24-25, 1993, págs. 156-175) y constó como apéndice a la edición de Las patitas de la sombra, preparada por Pérez Lasheras y Saldaña, ya citada en varias ocasiones a lo largo de ese trabajo.

En su texto De Ory resume con habilidad la historia del Postismo, además de esclarecer el llamado «enderezamiento postista» y de vincularlo con trabajos de Raymond Queneau. Dedica los últimos párrafos a la vinculación de Fernando Arrabal con el Postismo.

Al tiempo que la referida jornada en Teruel se organizaba la irremplazable y esclarecedora exposición: Ciudad de ceniza. El surrealismo en la posguerra española (del 29 de octubre al 29 de noviembre de 1992). El nombre de la muestra lo adoptaron de un verso de Juan Eduardo Cirlot. En el ámbito expositivo se dedicó una especial atención al Postismo. En el catálogo figuraba un texto fundamental de Antonio Fernández Molina: «Notas en torno del pionero Postismo»[46], cuya lectura aconsejamos.

Gabino Alejandro Carriedo tuvo en Miguel Torrubia, empresario, artista y editor zaragozano, a un leal amigo. Durante años Carriedo visitó la Feria de Muestras de Zaragoza, con motivo de las Fiestas del Pilar, en su papel de editor de publicaciones conectadas con el mundo de la construcción y el transporte. En el momento de su repentino tránsito, en 1981, pretendía retomar el Postismo, para lo que había ya convencido a Carlos de la Rica, fundador de la colección de Cuenca El toro de Barro, que, a su vez, pretendía afiliar a esta nueva aventura al poeta Carlos Morales del Coso. Tras la desaparición de Carlos de la Rica, siguió Del Coso con la colección, en la que continuaron editando obras fundamentales del Postismo y de su entorno, así como de la poesía española.

La revista de Zaragoza El Bosque (1992-1996), dirigida por Javier Barreiro y Ramón Acín, publicó fragmentos del libro inédito La sal de Dios, de Carriedo, redactado en 1945, un año antes de iniciar su participación en el Postismo. Los textos iban acompañados de ilustraciones de Antonio Fernández Molina. En la colección de poesía El último Parnaso de Zaragoza, en 1998, se publica en un tomo la reedición del poemario Los animales vivos (1951), previamente editado por Carlos de la rica en su colección en 1966,  seguido por el poemario El otro aspecto, inédito como libro hasta ese momento, si bien algunos poemas aparecieron en las revistas El Bosque (1993) y en Hora de poesía (1996). Esta edición contó con epílogo de Antonio Fernández Molina.

Javier Barreiro también ha estudiado algunos aspectos de los participantes en el Postismo: Fernández Molina, Carlos Edmundo de Ory, Fernando Arrabal… Pero no queremos pasar por alto su artículo «Los aforismos de Carlos Edmundo de Ory: una teoría poética».[47]

En Las cenizas de la flor (1987)[48] Ángel Crespo incluyó un artículo dedicado al poeta Ángel Guinda: «Ángel Guinda, poeta maldito». En Los trabajos del espíritu[49], volumen que acoge apuntes de sus diarios del periodo 1971-1972 y 1978-1979, menciona a sus amigos de Zaragoza en diversas ocasiones. Suele reunirse, según lo allí expresado, con Mariano Esquillor, Rosendo Tello, Ana María Navales, Ángel Guinda… En 1982 la editorial aragonesa Olifante publica El aire es de los dioses. Y unos años antes, en Porvivir Independiente, también de Zaragoza, dirigida por Guinda, Claro: oscuro (1978). Durante los últimos años de su vida, junto a su esposa, la estudiosa Pilar Gómez Bedate, transita algunos meses en Calaceite, localidad en la que será enterrado en 1995. En 1996 Publicazions d’o consello d’a fabla aragonesa, en Huesca, edita su libro Triga Breu, traducido al aragonés por Francho Nagore Laín. Es conocido el interés de Crespo por la fabla del Alto Aragón.

En el año 1998 desde Zaragoza surgieron dos Antologías de poesía Postista[50], la primera en El Último Parnaso, la segunda, una versión ampliada de la anterior, en Libros del Innombrable. Ambas prologadas y organizadas por nos. De acuerdo con los planteamientos fundamentales del Postismo se proponía una primera parte de antecedentes (con textos en los que, aunque los autores vinieran etiquetados bajo otras estéticas, podían rastrearse algunas características, en mayor o menor medida, del Postismo). En ese primer apartado se incluyeron: Lope de Vega, Miguel de Unamuno, Carlos Miranda, Pablo Picasso, Juan Ramón Jiménez, César Vallejo, Juan Larrea, Gerardo Diego, Federico García Lorca, Luis Buñuel, Rafael Alberti, Salvador Dalí, Emeterio Gutiérrez Albelo y Juan Ismael González. La parte central de la antología agrupaba a los postistas, si bien, con la intención de ofrecer una visión completa de la obra poética de los autores incluidos, lo que incluía algún referente de la obra previa y posterior al paso por el Postismo: Eduardo Chicharro, Silvano Sernesi, Carlos Edmundo de Ory, Félix Casanova de Ayala, Gabino-Alejandro Carriedo y Ángel Crespo. Finalmente se recogían poemas de autores próximos a las revistas o a la estética postista, algunos de ellos declarados como postistas o admiradores del Postismo, otros sin una aparente relación con el mismo. En este apartado encerramos a: Juan Alcaide Sánchez, Francisco Pino, Juan Eduardo Cirlot, Camilo José Cela, Jesús Juan Garcés, Gloria Fuertes, Miguel Labordeta, Ignacio Aldecoa, Manolo Millares, Antonio Fernández Molina, José Fernández Arroyo, Carlos de la Rica, Antonio Saura, Javier Tomeo, Fernando Arrabal y Antonio Beneyto.

El hecho de tratar al Postismo como algo vivo, como una estética que sufre modificaciones al hilo de los diferentes prismas que se le imponen, que sufre cambios de acuerdo con los que sienten la influencia de su estética, no fue bien acogido por aquellos que piensan en el Postismo como letra muerta. Y ahí callamos.

En el año 2000 Libros del Innombrable publica una carpeta de edición limitada: Homenaje a Eduardo Chicharro y Nanda Papiri[51], que se muestra por vez primera en la Feria del libro de Madrid. En su interior se incluye un cuadernillo con una breve antología de poemas de Chicharro, algunos inéditos, junto a láminas de Modest Cuixart, Fernando S.M. Félez, Antonio Fernández Molina, Fernando Arrabal, Francisco Nieva, María Luisa Madrilley, Manuel Padorno, Eduardo Chicharro, J. Leyva, Nanda Papiri, Eduardo Chicharro, nos y otros artistas.

En el año 2003 Libros del Innombrable edita el último libro publicado de Eduardo Chicharro hasta la fecha[52]. En él se congregan los poemas que componen Tetralogía y dos relatos: Un paciente poco paciente, inédito hasta el momento, cedido por Antonio Chicharro, hijo del poeta, también conocido como el niño Tony, y el estudioso Jaume Pont; precedido por La pelota azul. Este último lo incluyó Francisco García Pavón en la primera edición de su Antología de cuentistas españoles contemporáneos (1939-1966) (1959, Gredos). Incomprensiblemente en la segunda edición Pavón suprimió el texto de Chicharro, por lo que La pelota azul quedó preso en la primera edición del libro hasta nuestra recuperación. El prólogo del volumen lo firma Jaime D. Parra, donde reflexiona sobre el papel de la euritmia en el Postismo.

En el número 2  de la  revista Almunia[53], dirigida por Antonio Fernández Molina y Alejandro J. Ratia, y publicada por Libros del Innombrable, se rescató uno de los poemas perdidos de Eduardo Chicharro, abundantemente citado en sus escritos biográficos. Nos referimos al Romance de Euríalo y Niso. El poema iba acompañado por un pequeño texto introductorio de nos.

Por último, no queremos pasar por alto los artículos que, por citar a los vinculados con Aragón, Alfredo Saldaña («Amor y muerte a la luz de “Amo a una mujer de larga cabellera”, de Carlos Edmundo de Ory), José Luis Calvo Carilla («Carlos Edmundo de Ory novelista: Mephiboseth en Onou [1973]») y Chus Tudelilla («Sobre las cartas que escribo y me escriben. Correspondencia de Carlos Edmundo de Ory y Mathias Goeritz») han publicado, junto a otras interesantes colaboraciones (Jaume Pont, Javier Vela, José Manuel García Gil, etc.,)  en el número 23 de la revista Campo de Agramante, en homenaje a Carlos Edmundo de Ory.

Es posible que Aragón haya tenido otras relaciones con el Postismo más allá de las expuestas. Y, por tanto, invito a ponerlas en claro con vistas a futuros estudios o a prolongaciones de este mismo. Sin ir más lejos, el Ateneo Jaqués organizó en la Feria del libro de Jaca del verano de 2016 (21 de julio) un recital-homenaje al Postismo en el que intervinieron: Marcos Callau, Antonio Pérez Lasheras y Francisco Ferrer Lerín; este último poniendo voz a algunos de sus poemas, el resto a diversos autores de la órbita del movimiento estético. El eco de los libres, la revista del Ateneo, tiene previsto en su número 2 incluir un dossier dedicado al Postismo. Libros del Innombrable proyecta una antología poética de Eduardo Chicharro con edición de Jaume Pont [Véase la nota 52]. Además nos también andamos con algunas ideas «abstractas» en el magín acerca de homenajear al Postismo. Veremos en qué acaba todo esto. Mientras haya poesía habrá Postismo. «Yo soy Postista», clama el hijo de nos, Hermes Antonio, de tres años de edad, mientras enarbola a modo de banderola, a calzón quitado, el facsímil de la revista Postismo que atesoramos con mimo idílico.

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[1] Este cuarto y último manifiesto del Postismo, redactado entre 1947 y 1948, se publica por vez primera en 1974 en el volumen Música celestial y otros poemas.

CHICHARRO. E. (1974). Música celestial y otros poemas. Edición de Gonzalo Armero. Madrid: Trece de Nieve.

[2] La designación y grafía «post-ismo», para referirse al movimiento postista, al Postismo, la encontramos exclusivamente, según nuestras fuentes, en el material relacionado con la citada exposición. Mantenemos la peculiaridad, como excepción, cuando así comparece en el original. Si bien Ángel Crespo en el texto del programa para la exposición «16 Artista de hoy» en la Galería Bucholz de Madrid, unos meses antes, escribe: «Post-ista».

[3] Precisamente para evitar confusiones firmaba, a menudo, como Chicharro Hijo o Chebé.

[4] CHICHARRO. E. (1974). Música celestial y otros poemas. Edición de Gonzalo Armero. Madrid: Trece de Nieve. Pág. 333

[5] CHICHARRO, E. y DE ORY, C. E. (2000). Las patitas de la sombra. Edición de Antonio Pérez Lasheras y Alfredo Saldaña. Zaragoza: Mira editorial. Pág. 38.

[6] En la muestra Campo Cerrado —Arte y poder en la posguerra española (1939-1953)—  (Museo Reina Sofía, 27 de abril – 26 de septiembre de 2016) se dedicó al Postismo una sala, lo que, de algún modo, viene a resarcirlo del injusto ostracismo con el que se le trató en ocasiones. Para la ocasión se rescataron, entre otras piezas, más o menos conocidas, dos óleos sobre lienzo de Nanda Papiri –magníficos, añadimos—, dibujos del «niño Tony», así como de Carlos Edmundo de Ory y Francisco Nieva… Junto a diversa documentación gráfica:  revistas, artículos, una carta de Juan Eduardo Cirlot… María Dolores Jiménez-Blanco ejerció el comisariado de esta exhibición cuyo catálogo recomendamos y que contiene el texto «Una lectura del Postismo desde las artes visuales» de Rosario Peiró. Si bien lamentamos la ausencia de Antonio Fernández Molina, que ya había comenzado su actividad como pintor en 1953. En 1952 participó en las muestras colectivas: Primera Exposición de Vanguardia en Guadalajara y Exposición de Escritores-Pintores, en salas del club de Prensa de Madrid. Para más información véase  el catálogo de la muestra El poeta multiplicado (Paraninfo de la Universidad de Zaragoza, 14 de diciembre 2005 – 25 de febrero 2006), que tuvo a Chus Tudelilla al frente como comisaria.

[7] A LA CARTA. TELEVISIÓN Y RADIO. A fondo – Carlos Saura, Joaquín Rodrigo y Gregorio Prieto. (Fecha de emisión: 6 de febrero de 1976). http://www.rtve.es/alacarta/videos/a-fondo/fondo-carlos-saura-joaquin-rodrigo-gregorio-prieto/3589038/ [Consulta: 1 de mayo de 2016].

[8] Más información al respecto en ARTES & LETRAS DE CASTILLA LA MANCHA. (29-9-2014). «Atrevidas poses “romanas” de Gregorio Prieto», de Amador Palacios.

http://www.abc.es/toledo/ciudad/20140929/abci-atrevidas-poses-romanas-gregorio-201409292247.html [Consulta: 15 de mayo de 2016].

[9] Además de en la revista Postismo (núm. 1, Madrid, 1945) el primer manifiesto se reprodujo en diversas publicaciones, citamos algunas: CHICHARRO, E. (1973).  Música celestial y otros poemas. Edición de Gonzalo Armero. Madrid: Trece de Nieve. Págs. 274-275. DE ORY, C.E.  (1970). Poesía  1945-1969. Edición de Félix Grande. Barcelona: Edhasa. Págs-279-287PONT, J. (1987).  El Postismo. Un movimiento estético literario de vanguardia. Barcelona: Edicions del Mall. Págs-247-260. Separata de la revista Postismo por Poesía, núm. 2, Madrid, agosto-septiembre, 1978.

[10] CHICHARRO. E. (1974). Música celestial y otros poemas. Edición de Gonzalo Armero. Madrid: Trece de Nieve. Pág. 278

[11]CHICHARRO. E. (1974). Música celestial y otros poemas. Edición de Gonzalo Armero. Madrid: Trece de Nieve. Págs. 280-281

[12] En la columna «Hablan Chicharro (hijo), Carlos Edmundo de Ory y Silvano Sernesi» de la página «Marinetti ha muerto ¡Viva el Postismo!», publicada en La Estafeta Literaria (nº21, 15 de febrero de 1945, pág. 19) leemos: « ¿Cuándo?  El “Postismo” es de hoy y empieza hoy… Ejemplos de “Postismo”, como expresión o modalidad, los encontramos ya en los asirios, en Cervantes, en Oscar Wilde y en Arturo… […] ¿ El “Postismo” es un movimiento estrictamente literario o se extiende a otras artes? Se extiende a todas las manifestaciones político-literarias. No puede extenderse a la música, por considerarla eternamente “postista” por su propia naturaleza. Tampoco a la arquitectura, por no ser arte susceptible de “Postismo”».

[13] PONT, J. (1987). El Postismo. Un movimiento estético literario de vanguardia. Barcelona: Ediciones del Mall. Pág. 69

[14]  Véase el artículo de Fernando Arrabal «Salud, amigos», publicado en El País, Madrid, el 10 de abril de 1977. Ángel Berenguer se ocupa de la relación entre Arrabal y el Postismo en la introducción a la edición de las obras Pic-Nic. El Triciclo. El laberinto. (1977) Madrid: Cátedra. También hace lo propio Jaume Pont en su libro ya citado sobre el Postismo. Y Francisco Torres Monreal en su introducción al Teatro Completo (1997), de Arrabal, en dos volúmenes. Madrid: Espasa Calpe/ Ciudad autónoma de Melilla. Al igual que nos en la introducción a la Poesía reunida, (2016) de Arrabal. Madrid: Huerga y Fierro.

[15] En el Primer manifiesto del Surrealismo André Breton afirma: «… lo maravilloso es siempre bello, todo lo maravilloso, sea lo que fuere, es bello, e incluso debemos decir que solamente lo maravilloso es bello». BRETON, A. (1985) Manifiestos del Surrealismo. Barcelona: Labor. Pág. 31.

[16] CHICHARRO, E. y DE ORY, C. E. (2000). Las patitas de la sombra. Edición de Antonio Pérez Lasheras y Alfredo Saldaña. Zaragoza: Mira editorial. Págs. 35 y 36.

[17] PONT, J. ( 2012). Espejo y laberinto. Estudios sobre literatura hispánica contemporánea. «El Pájaro de paja (1950-1956): de las vanguardias al realismo mágico». Lleida: Edicions de la Universitat de Lleida. Pág. 128

[18] ARRABAL, F. (1983). Pic-Nic. El triciclo. El laberinto. Edición de Ángel Berenguer. Madrid: Ediciones Cátedra. Pág. 53

[19] A Manuel Fernández Sanz, también conocido como Manolito «El pollero», personaje y poeta singular. Antonio Fernández Molina lo incluyó en su Antología de la poesía cotidiana.  (1966). Madrid: Alfaguara. Págs. 81-95.

[20] El artículo «Mis caminos convergentes» se incluyó en Ángel Crespo. Con el tiempo, contra el tiempo. (1995). Catálogo de la exposición dedicada a Ángel Crespo en el Círculo de Bellas Artes, sala Juana Mordó, del 20 de abril al 3 de junio de 1995. Págs. 30-31. Si bien apareció originariamente en la revista Anthropos (1989), núm. 97, Barcelona.

[21] SEPÚLVEDAS SAURAS, M.I. (2005). Tradición y modernidad: Arte en Zaragoza en la década de los años cincuenta. Zaragoza: Prensas Universitarias de Zaragoza. Pág. 262.

[22] A pesar de nuestros esfuerzos ni siquiera recurriendo al archivo digital hemos podido interpretar la palabra que dejamos ausente.

[23] Seguramente se refiere al Grupo Pórtico, con el que también habían entrado en contacto Ángel Crespo y Mathias Goeritz.

[24] Este texto también aparece recogido en el catálogo de la exposición Campo cerrado, ya mencionado en la nota 6.

[25] En el original, evidentemente, se han saltado la línea que remataba las declaraciones de la señora.

[26] AMADOR, P. (1991). Jueves postista. Madrid: Biblioteca de autores y temas manchegos. Diputación de Ciudad Real. Área de Cultura.

[27] El primer texto del número 1 de la revista Doña Endrina (Guadalajara, 1951), dirigida por Antonio Fernández Molina, será el poema de Silvano Sernesi: «María de los Ángeles».

[28] Los interesados pueden consultar el texto del programa en el estudio sobre el Postismo, citado en diversas ocasiones, de Jaume Pont. Págs. 519-525.

[29] AYUSO, C.A. (1995). El realismo mágico. (Un estilo poético en los años 50). Carboneras de Cuenca: El toro de barro.

[30]  CARRIEDO, G. A. (1980). Nuevo compuesto descompuesto viejo. Prólogo de Antonio Martínez Sarrión. Madrid: Hiperión. Pág. 13.

[31] DE ORY, C.E. (2004). Diario (1944-1955). Vol I. Cádiz: Diputación Provincial de Cádiz. Pág. 48.

[32] TUDELILLA LAGUARDIA, CH. (2014). Mathias Goeritz recuerdos de España 1940-1953. Zaragoza: Prensas Universitarias. Pág. 65

[33] PONT, J. (1988). Introducción a la edición facsímil de El pájaro de paja. Ciudad Real: Archeles. Pág. 7

[34] LABORDETA, M. (2015) Obra publicada. Edición, introducción y notas de Antonio Pérez Lasheras y Alfredo Saldaña. Zaragoza: Lastura.

[35] MAINER, J.C. (1990). «Para leer despacho literario». Edición facsímil Despacho literario (de la oficina poética internacional). Zaragoza: Diputación General de Aragón.

[36] DE ORY, C.E. (2004). Diario (1944-1955). Vol I. Cádiz: Diputación Provincial de Cádiz. Pág. 53.

[37] FERNÁNDEZ MOLINA, A. (1984). Rin-Tin-Tín cruzando los Alpes. Adolfo de perfil. Zaragoza: Comercial de Publicaciones Aragonesas. S.A.

[38] FERNÁNDEZ MOLINA, A. (1993). Los frutos de la noche (una historia camp). Zaragoza: Mira editores.

[39] FERNÁNDEZ MOLINA, A. (1997). La liebre mecánica (películas de personas, animales y máquinas). Zaragoza: El último Parnaso.

[40] FERNÁNDEZ MOLINA, A. (2002). La llama invisible. Zaragoza: Libros del Innombrable.

[42] FERNÁNDEZ MOLINA, A. (2003). Fragmentos de realidades y sombras. Zaragoza: Biblioteca aragonesa de cultura. Págs. 88 y 89.

[43] ABC (10-11-1996). Madrid: Diario ABC, SL. JOSÉ  CELA, C. «El pelo de la rana». Pág. 21

[44] PONT, J. (2012). «El hombre que habla por espejos». Barcarola. Especial Beneyto. nº78. Albacete.

[45] PARRA, D. J. (2002). «Beneyto, creador postista: el arte eurítmico». Beneyto creador postista (catálogo). Barcelona: March Editor. Pág. 6

[46] FERNÁNDEZ MOLINA, A.  (1992). «Notas en torno al pionero Postismo». Ciudad de Ceniza (Catálogo exposición). Teruel: Museo de Teruel. Págs. 85-92

[47] BARREIRO, J.  (2001). «Los aforismos de Carlos Edmundo de Ory: una teoría poética». Carlos Edmundo de Ory. Textos críticos sobres su obra. Cádiz: Diputación de Cádiz. Págs. 241-247. También puede consultarse el texto en el blog de su autor: https://javierbarreiro.wordpress.com/2015/09/01/los-aforismos-de-carlos-edmundo-de-ory-una-teoria-poetica/. [Revisado: 21 de marzo de 2016].

[48] CRESPO, A. (1987). Las cenizas de la flor. Gijón: Ediciones Júcar.

[49] CRESPO, A. (1999). Los trabajos del espíritu. Edición y notas de Pilar Gómez Bedate. Barcelona: Seix Barral.

[50] «CLAUDIO» HERRERO, R. (1998). Antología de poesía Postista. Zaragoza. Libros del Innombrable.

[51] CHICHARRO. E. (2000). Homenaje a Eduardo Chicharro y Nanda Papiri. Zaragoza. Libros del Innombrable.

[52] CHICHARRO. E. (2003). Tetralogía. Un paciente poco paciente. La pelota azul.  Prólogo de Jaime D. Parra. Zaragoza: Libros del Innombrable. En el momento de transcribir este texto (2017) ya se ha publicado en Libros del Innombrable Radical libre (Antología poética 1944-1960), de Eduardo Chicharro, en edición de Jaume Pont y con dibujos inéditos de Nanda Papiri.

[53] Almunia (otoño-invierno 1998-99). Núm 2.  Zaragoza: Libros del Innombrable.

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