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La poesía en Aragón – Textos comunicaciones y ponencias –

Ángel Lozano BendichoÁngel Guinda, poeta de la vida, poeta de la muerte

Hay quien hace de su vida una frontera.
Otros la comparten como aire, luz,
o la levantan sobre un campo de minas.
Quien la deja al azar,
y el que a control severo la somete.
Algunos imitan la vida de sus héroes,
y quienes la embalsaman en un búnker de oro.
Todas las vidas trabajan para la muerte.

Ángel Guinda

 

 

 

 

 


 

OBJETIVO DE ESTA COMUNICACIÓN

El propósito de la presente comunicación es mostrar algunos aspectos que me parecen más reseñables de la poesía de Ángel Guinda, como son la vida, la muerte y el paso del tiempo, la luz y las sombras, las reflexiones sobre la existencia, la condición humana, el amor, la soledad, la solidaridad, la palabra y la muerte, a través de ejemplos de su obra poética. Voy a hacer un repaso fugaz por su trayectoria poética, y animo al público a leer su obra y a leer poesía en general.

INTRODUCCIÓN

Ángel Guinda es un poeta, profesor, ensayista, crítico literario, editor y traductor que ha publicado su poesía desde los años setenta hasta la actualidad. Tuvo relación con la Tertulia del Niké, grupo de intelectuales del mundo zaragozano que se reunía en este café, y cuyas obras le han influido y servido de referencia. Ha mantenido relación con algunos de sus componentes como Manuel Pinillos, Miguel Labordeta, Guillermo Gúdel o Luciano Gracia, quien fue su primer editor.

Los autores de referencia pertenecientes a la tradición que reconoce que le han marcado más son Quevedo, Jorge Manrique, Bécquer, Gil de Biedma, Ángel González, Cernuda, Salinas, los simbolistas franceses —Baudelaire, Rimbaud, Mallarmé— y los herméticos italianos —Ungaretti, Quasimodo, Montale—. Entre los aragoneses, Miguel Labordeta, Manuel Pinillos, Miguel Luesma, Ildefonso Manuel Gil y Rosendo Tello.

Realizó su primera lectura poética en la Agrupación Artística Aragonesa, de su primer poemario La pasión o la duda. A principios de los años setenta publicó poemarios como Acechante silencio, Cantos en el exilio, El exilio o Ataire, que fueron editados o publicados primeramente en revistas. Tras esa época de su vida, su afán de descubrimiento le llevó a experimentar con las drogas, lo cual cambió radicalmente su manera de escribir, y se refleja en su poemario Vida ávida, donde se retracta hacia lo anterior y considera un nuevo comienzo.

Vive en el madrileño barrio de Lavapiés, donde reina el crisol de razas propio de un distrito multicultural, y que influye en su poesía haciéndola más solidaria si cabe, e inclinada hacia el mundo real. Los temas de su poesía son: la vida como resistencia más que como existencia; la muerte, la ausencia en el mundo; el paso del tiempo, que todo lo erosiona, y que es un puente entre la vida y la muerte; el amor, el erotismo, el sexo; la soledad; la solidaridad; el contraste entre la juventud y la vejez, entre la rebeldía y la resignación; y el miedo, el estremecimiento frente a lo fantasmal del mundo. Lo más fantasmal es la realidad del mundo exterior, no lo espectral del mundo interior. En Arquitextura ha teorizado sobre su poética. La poesía es una rebelión, hay que escribir contra la realidad, no sobre ella.

Ángel Guinda piensa que la poesía ayuda al ser humano a sobrevivir. Defiende la poesía útil que sirva a las personas moralmente para vivir, estéticamente para gozar y culturalmente para incrementar nuestro conocimiento del mundo y de nosotros mismos. Sigue escribiendo en la actualidad. Su último poemario es Catedral de la Noche, publicado en marzo de 2015. También hay que destacar que ha sido galardonado con el Premio de las Letras Aragonesas 2010 y que es autor de la letra del Himno de Aragón junto a Ildefonso–Manuel Gil, Rosendo Tello y Manuel Vilas. Durante su trayectoria también ha sido traductor, ha publicado artículos sobre arte y literatura en diversos periódicos y revistas de tirada nacional, y editor, fundando la colección Puyal de poesía en 1977 y la revista Malvís en 1988.

Sus últimos libros publicados son Espectral, Caja de lava, (Rigor vitae), Materia del amor y Catedral de la Noche.

 

BIOGRAFÍA

Ángel Guinda nació en Zaragoza el 26 de agosto de 1948. Sentado una tarde, a los dieciséis años, en un banco del Paseo de la Constitución, meditando frente a la escultura de los amantes bajo el paraguas, la Poesía se le apareció, poseyéndole, y desde entonces existe y resiste a golpe de versos.

A finales de los sesenta comenzó a dar recitales, e inició estudios de Medicina que pronto abandonó y cambió por la Enseñanza. Sus primeros libros aparecieron en la década de los setenta, y a principios de los ochenta recogió su poesía asumida hasta ese momento en Vida ávida, que destacó muy pronto por la crudeza de sus textos y lo autodestructivo de su propuesta.

Compaginó con la escritura su trabajo de profesor de Lengua y Literatura Española: primero en el Prepirineo aragonés y posteriormente en Zaragoza, hasta que desencantado a raíz del juicio contra «La Guinda del Espermento» —un mural en el café de la Infanta en el que criticaba junto a Alejandro Molina la represión de la religión católica por medio de un afolirismo, el cual fue considerado una blasfemia— se exilió a Madrid en 1987.

Su etapa madrileña dio paso a una poesía más existencialista, más preocupada por la soledad y el paso del tiempo. De esta época son las publicaciones Conocimiento del medio, La llegada del mal tiempo y Biografía de la muerte.

Con el nuevo siglo, su afán de comunicar y transmitir le ha llevado a una poesía muy abierta y solidaria, llegando con Claro interior a un público más amplio que se identifica con sus Poemas para los demás. Según Guinda, su poesía, como su vida, «siempre intenta repartir la riqueza y compartir la pobreza. Sigue estando con los desheredados y con los perdedores. Los mayores vicios del momento son la avaricia y la insolidaridad».

  1. EL NACIMIENTO Y LA VIDA

El nacimiento de Ángel Guinda fue traumático desde un principio, puesto que conllevó la muerte de su madre. Desde bien pequeño arrastra un profundo dolor e incluso un sentimiento de culpa por la muerte de su progenitora. En un poema de Entre el amor y el odio, le escribe una carta a su hermana: «Venías de un castillo derrumbado»; se refiere a su madre muerta. «No fue feliz, hermana, nuestra infancia», afirma, puesto que hubo que pasar por tiempos difíciles y sin una madre que los protegiera. Ya en el segundo verso de su poemario dice «nací matando». Guinda sufre un conflicto interior, se siente un criminal: «Asesino de tu madre, traficante de muerte, / condenado eternamente a no dar vida / para evitar nuevos crímenes, necesitas vivir, / vivir más, por ti y por cuantos no / nacerán».

En Espectral su lírica sigue reflejando la eterna obsesión: «Un sueño martillea la red de mis neuronas: un niño cruza el mundo con un féretro al hombro, y ese niño soy yo».

 

  1. EL DESPERTAR

El poeta recuerda su infancia, y por ello deja de ser niño: «Está claro / que al recordar mi infancia esta mañana / he dejado de ser niño para siempre». La infancia es el despertar a la vida, y Ángel Guinda, como poeta, ve su representación en el día a día, cuando abrimos los ojos a la luz: «Acto feliz del despertar diario, / de abrir los ojos ambiciosamente, / más abiertos aún que el cielo abierto». Despertar cada día es volver a la vida, por eso ve importancia en madrugar para así poder asir la vida, aprovechar todos los minutos de la existencia. «Abre los ojos para que amanezca»

 

Vivir

como un resucitar diariamente,

un levantar persianas,

un ir al aire y a la luz dispuestos

a ser labio y mirada sin fatiga.

Ser poeta, ser hombre que madruga

al acto del paisaje y de los hombres.

Y que la muerte nos sorprenda vivos.

 

 

  1. EL PASO DEL TIEMPO

Así como hay luces, también hay sombras. Está la juventud, pero también está la vejez. El tópico del tempus fugit queda patente en su obra, y de un modo especial en su último poemario, Catedral de la Noche. Guinda ve al ser humano como ser que cambia: «La vida no es sueño, transcurso, duración, / antes bien realidad, acción, una energía». En la vida nada se crea ni se destruye: se transforma. Además, no somos más que algo perdido en medio de una vida, de la muchedumbre de gente, que es el mundo: «El hombre está en el centro de la Tierra, / siempre en el centro: / entre la vida y la muerte […] Así, / cuando me sepa solo estaré muerto, / fuera del centro de la Tierra. / Seré tan solo el diminuto ramo / de tierra pobre que dio a luz mi madre».

Hay dos maneras de ver el paso del tiempo: una positiva y otra negativa. La primera se refleja, ante todo, en las ganas de vivir: «Sonreír la aventura del mañana», «Y envejecíamos, ay con el placer / de arañar al tiempo un nuevo día». La vida es el rápido barrido de un limpiaparabrisas, la vida es un paisaje que se esfuma; una quimera que, además, se acaba. Cada instante vivido, más que un cuadro, es un museo de detalles únicos, por eso debemos atraparlos en todo su esplendor dado que no se repetirán.

La segunda, es la que le preocupa. A veces el tiempo se nos escapa, y el poeta adopta un aire entre pesimista y nostálgico como en este poema de Entre el amor y el odio.

PASAN LOS DÍAS
Pasan los días como nubes, como gaviotas, pasan
como el humo de una lejana hoguera,
como un niño travieso en bicicleta,
como una enfermedad. Pasan los días
y no ha pasado nada en nuestra vida:
apenas un amor, un dolor, una palabra
a medio pronunciar bajo el azul
del cielo bueno como una oveja.
Pasan los días
y nos quedamos a verlos pasar,
y nos quedamos a esperar que vuelvan:
siempre nos estaremos esperando,
siempre esperamos que alguien nos espere.
aquel balcón donde tuvimos flores
Pasan los días hasta que una tarde
es un abrazo al viento del adiós.
Entonces nos quedamos sin los otros,
nos pasa que ya no tenemos tiempo
para gritar que estábamos subiendo
hacia la claridad, hacia el perenne
reposar en el fondo de nosotros.
aunque nosotros no pasemos ya.
Pero pasan los días.

Ángel Guinda añora la juventud, el ser atrevido, inconsciente, impulsivo y con esa alegría sin motivo justificado que caracteriza a los jóvenes. En Claustro lo evidencia en estos versos: Si volviera a ser joven / —a no tener / abrasados los ojos por la sombra, / piedra las manos, / el corazón hendido…— / creería en la luz; / ni por temor a cómo morir. / …Si volviera a ser joven / tan veloz como ella viajaría / dispuesto a estrellarme. / Antepondría la acción / al pensamiento; / dispararía instantes / al pasado, al presente y al futuro. / Viviría / por necesidad, /  que no obligado.

El poeta es consciente de la fugacidad de la vida, y el paso del tiempo le produce una terrible sensación de desazón por la progresiva cercanía de la muerte. Lo plasma muy bien en el siguiente soneto, ya que es un autor que se siente cómodo tanto en el verso libre, en la prosa poética como en los metros tradicionales. Veamos este ejemplo:

 

VIVIR
  Cada otoño me duele más la vida
y mi dolor se torna más amargo,
pero es la vida misma el golpe largo
que me vuelca rotundo a la embestida.

   Vivir es una eterna despedida,
un sabor de distancia a nuestro cargo.
No he de poder ya más con tanto embargo,
no hay desembocadura a mi medida.

   Para morir toda la vida es poca.
Mas hoy quiero apostar todo mi empeño
hasta empazarme a trampas con el sueño.

   Porque me pesa el mundo que me toca
vivir desarraigadamente en suerte.
en pervivir hasta ganar mi muerte.

 

3.1. Reflexiones sobre la vida

¿Qué sentido tiene la vida? ¿Para qué estamos en el mundo? ¿Qué buscamos? Son preguntas que nos hacemos. Y Guinda nos responde: «Uno busca, en esta vida, algo / que en otras cree haber perdido. / Nadie sabe qué puede ser, / y todos darían casi todo            / por encontrarlo en su interior. / Pero hay excesiva luz, / y el plazo vence demasiado pronto». La finalidad de la vida es vivirla intensamente, aprovechando cada instante. Todos tenemos una misión en nuestra vida, pero esta es tan efímera que no tenemos tiempo para darnos cuenta de cuál es.

 

 

3.2. Consejos a la juventud

Guinda ha sido profesor, ha convivido gente joven durante años y, sobre todo, tiene la experiencia de haber vivido, por lo que se siente en el deber de establecer un diálogo con los jóvenes para alertarlos de que no cometan sus propios errores. Defiende la unión entre viejos y jóvenes para compartir experiencia y energía vital, para mezclar sabiduría con avidez por aprender. «Repartiremos la vida para estar menos muertos».

 

CUANDO TENGAS MI EDAD
Cuántas veces, cuando tengas mi edad,
habrás leído estos versos que para ti escribía
y en los que no podías detenerte
porque tenías prisa,
esa prisa que da
haber vivido apenas,
y yo esté comenzando a dialogar con el silencio,
porque eras tan joven
y veías la muerte aún lejana.
Acaso entonces desees que mi voz continúe
a revivir en el silencio
la hermosura de aquellos ávidos años
frente a la paz equívoca de la fatiga.

 

El poeta llega a una conclusión, adopta una posición un tanto escéptica hacia la vida. No esperar nada de la vida para que la misma nos sorprenda. Si el tiempo es inexorable, y la vida un laberinto que no se sabe por dónde puede salir, ¿para qué preguntarse el por qué? Todo lo trae y se lo lleva el tiempo. «La vida es una trampa incorregible. / ¿En qué creer después de haber creído? / Todo lo crea el tiempo y lo destruye. / La muerte es la verdad de haber vivido».

 

  1. AMOR A LA VIDA

Ángel Guinda experimentó en una etapa de su vida con algunas drogas duras. Hicieron dar un giro radical a su poesía y a su manera de expresarse. A mediados de los años setenta se replantea el proceso poético en concordancia a una nueva conciencia existencial y literaria, retractándose de todo lo anterior. Se nota muy bien en el libro Vida ávida, que tiene un enorme espíritu autocrítico. La experimentación lo lleva a sentirse más próximo a la muerte. Dentro de sí mismo están luchando la vida y la muerte. Coquetear con las drogas lo está destruyendo, y percibe que está muy mal, pero no muere, porque se aferra a la vida. Es tan lento en su autodestrucción que vive más intensamente.

 

 

PRECINTO

Del riesgo, náusea, placer de intoxicarte,
estás colgado: sin tal veneno
vivir ya no podría,
y sus repetidas tomas serán mi acabamiento.
Mas no vuelve a morir lo que ha vivido.

 

«Entre la espada y la pared. No puedo: / no tengo otra salida que vivir. Tendré que andar, subir a las montañas, bajar al mar, / tendré que destruirme / para nacer de nuevo entre mis ruinas».

La conversión que sufre se lleva a cabo mediante un síntoma de adicción a la vida y a la voluntad de vivir y de dar vida, de estar alegre todas las mañanas, de regalar sonrisas: «Ya que la vida, a veces, es difícil / una sonrisa representa mucho a los ojos de un niño, / de un anciano, / de un joven agotado en plena marcha».

Por lo tanto, se afirma en su voluntad de permanencia. Dice en Claro interior: «Quiero vivir. / Vivir un año más, / un mes, / una semana, / un días más. / ¿Para qué, para quién? / No lo sé, / pero quiero vivir. / Querer vivir / es ya una vida más».

 

  1. ELOGIO DE LA PALABRA. Poesía útil

A favor de la claridad se produce una depuración estilística. El poeta quiere transmitir un mensaje solidario, quiere que su obra, tras ser leída, no deje indiferente al receptor y escribe con tal sinceridad que a veces daña. Es una poesía testimonio, cordial, directa; poesía de gran dominio sintético del lenguaje, rica en connotaciones, confusiones sensitivas que enigman el poema. Desea que el lector encuentre una utilidad a sus palabras, que descubra el misterio de la vida, de nuestra finalidad de ser y dejar de ser en el mundo para que halle por sí mismo la facultad de entender la vida: «Busco  dentro de mí la llaga, el veneno / que me tiene sitiado entre la vida y la muerte. / Después de decidir retenerme un tiempo engañándome, / esforzándome en creer que la vida tiene algo oculto que es hermoso, / esforzándome en comprender que mi presencia en este mundo es requerida / por unos pocos seres entrañables que acudirían a mi llamada, me tomarían con infinita ternura el rostro entre sus manos, / me darían calor si yo tuviera frío, / me darían conversación si no tuviera nada más que decir. / Mientras ordeno mis cabellos para estar más despejado. / Mientras todo esto sucede me pongo a escribir mi vida en la esperanza / de que si muero / mi muerte ayude a otros a vivir o por lo menos / a intentar vivir mientras la vida tenga / algo que dar a los que no han nacido».

Las palabras son el instrumento de trabajo del escritor. En su poética Arquitextura, Guinda concibe la palabra como un ser vivo. Las palabras se unen y transforman a placer. Hay incontables ejemplos que enriquecen los poemas: cielocéano, alcolescencia, rebeldealegremente. Las palabras son entes dadores y negadores de la vida. Pone el ejemplo de un enamorado que le pide a su amada que le corresponda en su amor. Si esta dice «no», dicha palabra puede sumir al muchacho en un profundo dolor cercano a la muerte. Por lo tanto es un agente destructor que niega el placer. En cambio, si al día siguiente le dice otra palabra, —sí—, esta funcionará como generadora de vida y resucitará al enamorado moribundo por la herida de la palabra. Veamos un ejemplo del poemario Claro interior:

 

LAS PALABRAS

Cada palabra pesa
todo lo que la vida
ha pasado por ella.
Hay palabras que viven,
palabras que dan vida;
hay palabras que mueren
y palabras que matan:
solo algunas traspasan.
Cada palabra pesa
su paso por la vida.

 

  1. LA VIDA DE PUEBLO

Ángel Guinda vivió en Luesia unos años, pueblo aragonés de las Cinco Villas que plasma en sus poemas bajo el mítico nombre de Aiseúl. Elogia la vida en el medio rural, todo lo que tiene de sencillo, la pureza del aire, la franqueza y nobleza de sus gentes y el paisaje natural en medio del que se ubica. El tiempo pasa muy lentamente en los pueblos, se vive sin prisas, un lugar donde la gente habla y se escucha, el lugar perfecto para la inspiración de un poeta. En Aiseúl el aire es luminoso, es un lugar grato, humilde, tranquilo, solitario y triste, ruinoso, pero que significa un sentir especial para el poeta: Esta vida de pueblo sencilla y cotidiana / que nos da la alegría de conocernos todos, / de salir a la calle con la cabeza alta / y abiertos los pulmones al aire renovado. / Esta vida de pueblo sin cartón y sin trampa / consistente tan solo en esperar la tarde / para alcanzar la noche y con la noche el alba, / y con el alba el pájaro que nos repite el canto / del cielo que nos trae para la sed el agua, / y con el agua el río que nos riega la tierra / donde nacen el pan, el vino y la palabra. / Esta vida de pueblo llena de tiempo largo / para decirnos cosas unos a otros […] Este gozo de ser desde la sangre pueblo, / de tener en el pueblo el corazón, la casa, / de llorar con el pueblo, de cantar por el pueblo, / de saber que vivimos y que vivir no basta. / Esta vida de pueblo para morir tranquilos.

 

 

 

 

ESTE PUEBLO DE ESPAÑA DONDE VIVO
Aiseúl

   Este pueblo de España donde vivo
con dignidad soporta su pobreza.
El rostro gris, tatuado de aspereza,
y el pie siempre puesto en el estribo.

   Este pueblo de España donde escribo
mata su soledad y su tristeza
con descargas de vino o de entereza
y apuntala sus casas en derribo.

   Este pueblo entrañable, aletargado
como todos los pueblos de mi España,
sufre su devoción y su pecado.

   Con algo de verdad y de patraña,
su enorme corazón está apostado
tras un dique de ruejo y telaraña.

 

  1. LA MUERTE. Espectros y reflexiones sobre el más allá.

El tema de la muerte aparece constantemente. Para Ángel Guinda, morir es una eterna despedida, desde el mismo momento en que nacemos ya estamos comenzando a morir. La vida es una sana enfermedad que no se cura sino con la muerte, y algo que dura poco, puesto que la muerte no dura nada.

Para un escritor, la inmortalidad puede ser un sueño alcanzado si sus obras se siguen leyendo una vez que este ya no está. Como decían los sabios de la Antigüedad: Verba volant, scripta manent, y por el hecho de que los escritos permanecen, la obra de un autor sigue vigente aunque este haya fallecido: «Al final de tus días, tu obra / sea más que tu vida /  porque te contramuera».

La muerte deseable sería la de morir entero, de pie, de juventud, súbitamente, cantando, cuando la alegría invade la vida. No es deseable la muerte por olvido, de bala ni de tristeza o causada por el arrepentimiento. La mejor es la muerte de amor porque siempre habrá otra persona para poder contarlo.

Guinda siente la náusea ante la injusticia bélica. Clama contra los asesinos, que viven en nombre de la muerte y matan en nombre de la vida. El asesino sentirá culpabilidad y vivirá una vida maldita: «Hereda el asesino vida de su muerto / y vive más muriendo sus dos muertes / que viviendo solo su vida amortizada».

A Guinda le fascina el mundo del Más Allá y los espectros; recordemos que uno de sus últimos títulos es Espectral. De pequeño escuchaba voces de los muertos: «Tengo miedo. / A las apariciones, /  a desaparecer, / y a la voz de los muertos». Los espectros del pasado lo acosan continuamente: «¿Lo que fui distorsiona lo que soy?» «Las voces de mis muertos son carbones que centellean a mi alrededor, hachas de ausencia abriéndome el camino».

Se pregunta si el cielo cristiano existe, pero su mentalidad le impide creer en esa dimensión fabulada por la Iglesia; la realidad solo es una, la del mundo en que vivimos, y morimos. Cercano al tópico ¿Ubi sunt?, se puede ver en el poema «No hay tal lugar», recogido en La creación poética es un acto de destrucción:

 

¿ADÓNDE VAN?

Las casas y objetos que nos habitaron,
los grandes descalabros,
los triunfos,
las promesas incumplidas,
la ilusión caducada,
los instantes tremendos,
las huellas que se interrumpen,
los placeres,
los días tenebrosos,
las citas decisivas,
la avidez desplomada,
los álbumes de fotos,
los vivos,
y los muertos.

 

En Espectral encontramos una serie de reflexiones sobre la muerte: morir es un recíproco abandono. Todos dejamos la vida que nos deja. No se muere de vivir al límite como el arco tensado hasta sangrar: «¡Mi vida muere de vivir más vida! Muere de no morir, de desvivirse, como el fuego replicante, o como si la muerte fuese vivir después de haber vivido». No se agota una vida en su vivir. Vivir es arrojarse a convivir. «Lo que viví ha muerto. ¡Os dejo a todos lo que no he vivido!»

 

Pero, ¿qué sucederá, cuando la muerte se lleve al poeta? La voluntad de Guinda es la de ser enterrado en el pueblo de Trasmoz. En su poesía «Entrevista a mí mismo» dice: «¿Dónde acaba Ángel Guinda? / Cerca del horizonte, donde sigue la vida. / Donde empieza el Moncayo, allá, en Trasmoz».

Este pueblo es conocido por su fama de lugar mágico, al amparo del Moncayo, montaña que ha dado lugar a múltiples leyendas y que es un sitio propicio para los fantasmas, la imaginación, y lo esotérico.

El poeta deja más extensamente esa voluntad en este poema lleno de sensaciones y referencias a la naturaleza. Más allá está el cementerio donde le espera el descanso. Se encuentra en el libro Poemas para los demás: 

 

 

TRASMOZ

Cuando anochezca en mí
como un día cualquiera,
acércame a Trasmoz
para ver el Moncayo
bajo el bosque de estrellas.
Quiero sentir muy dentro
los chopos vigilantes
del último crepúsculo,
el aire transparente,
la grama en los caminos,
los tormos en los surcos,
el olor de la alfalfa,
el trigo entre los ruejos.
Llévame de tu brazo
a oír trotar el cierzo,
balar a las ovejas;
contemplar bajo el cielo
las nubes pasear
o la geometría
del vuelo de las aves
y de los aviones,
sus gentes tan sencillas,
los huertos despegados
como un museo abierto,
la rudeza elegante
del castillo, la iglesia
con sus piedras dormidas,
La Casa del Poeta
y el sobrio cementerio
que en silencio me espera.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

CONCLUSIONES

Como conclusión de este trabajo se puede entender que la obra de Ángel Guinda está marcada por el sentimiento de orfandad materna, hasta el punto que la muerte será uno de los temas claves de su poesía, unido al de la vida. La poesía de Ángel Guinda está marcada por su avidez vitalista frente al paso del tiempo y la constante búsqueda de un porqué. Es una poesía metafísica que interroga al ser individual y al ser en general. Es indagador y rupturista en los comienzos, y pasa a la profundidad en el decir y una mayor sencillez en la expresión con el paso de los años. A su vez, su poesía está comprometida con la sociedad. Si la poesía no es capaz de transformar el mundo, debe al menos poetizarlo, espiritualizarlo, rehumanizarlo, liberarlo de la más aplastante realidad adversa. Reflexiona sobre el tiempo, la misión propia en la vida y el sentido de estar en el mundo. Exalta la juventud como momento cumbre de la vida, en que se vive intensamente. El poeta necesita vivir existencia. cultural, obsesiva, solitaria y solidariamente con la máxima intensidad: escribir como se vive. Guinda siente la necesidad de encontrar la verdad de la vida y de la muerte, escribe en un intento de comprender la realidad del mundo desde una posición siempre favorable hacia la convivencia y el comparto de experiencias entre personas de toda edad y condición. A pesar de que reflexione sobre la muerte, incluso esta está contaminada por una ávida voluntad de vivir.

 

A PIE DE PÁGINA
El poeta Ángel Guinda
desertó de este mundo.
De espaldas a la muerte
y abrazado a la vida.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

BIBLIOGRAFÍA

Guinda, Ángel, La pasión o la duda, Zaragoza, 1972.

—, Las imploxiones, Bilbao, Comunicación Literaria de autores, 1973.

—, Acechante silencio, Zaragoza, 1973.

—, La senda, Zaragoza, Institución Fernando el Católico, 1974.

—, El pasillo, Zaragoza, Editorial El Noticiero, 1974.

—, Ataire, Cuenca, El Toro de Barro, 1975.

—, Entre el amor y el odio, Zaragoza, Publicaciones Porvivir Independiente, Puyal, 1977.

—, Crepúscielo esplendor, Zaragoza, Olifante, 1983.

—, Claustro (poesía 1970–1990), Zaragoza, Olifante, 1991.

—, Breviario (1980–1992), Lola Editorial, 1992.

—, Conocimiento del medio, Zaragoza, Olifante, 1996.

—, La voz de la mirada, Zaragoza, Lola Editorial, 2000.

—, Biografía de la muerte (1996–2000), Madrid, Huerga y Fierro, 2001.

—, La creación poética es un acto de destrucción: antología (1980-2004), Zaragoza, Prensas Universitarias de Zaragoza, 2004.

—, Toda la luz del mundo. Minimal love poems, Zaragoza, Olifante, 2005.

—, Claro interior, Zaragoza, Olifante, 2007.

—, El mundo del poeta, el poeta en el mundo, Zaragoza, Olifante, 2007.

—, Poemas para los demás, Zaragoza, Olifante, 2010.

—, Espectral, Zaragoza, Olifante, 2011.

—, Caja de lava, Zaragoza, Olifante, 2012.

—, (Rigor vitae), Zaragoza, Olifante, 2013.

—, Catedral de la Noche,Zaragoza, Olifante, 2015

Martínez Forega, Manuel, Ángel Guinda, pus esplendoroso del cielo, Zaragoza, Al margen, 1983.
Vídeo documental «La diferencia», David Francisco, D.L., 2011.RECURSOS DIGITALES:

 

PÁGINAS WEB:

Ángel Guinda en Borradores: <http://angelguindanoticias.blogspot.com/2011/01/video-de-angel-guinda-en-borradores.html>

Ángel Guinda. Premio de las Letras Aragonesas 2010. Entrevista. En el blog de Antón Castro: <http://antoncastro.blogia.com/2010/121901-angel-guinda.-premio-de-las-letras-aragonesas-de-2010.-entrevista.php>

Entrevista a Ángel Guinda por Antón Castro en Heraldo.es: <http://www.heraldo.es/noticias/suplementos/artes_letras/angel_guinda_dejo_sufrir_con_los_que_sufren.html>

Página web oficial de Ángel Guinda: <www. angelguinda.com>

Última fecha de consulta: 24/05/16

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