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La poesía en Aragón – Textos comunicaciones y ponencias –

Enrique Galé: Experiencia biográfica y creatividad literaria en el “Cancionero del Peregrino” de Pedro Manuel de Urrea

En mi edición de la Peregrinación de las tres casas sanctas de Jhesuralem, Roma y Santiago[1] de Pedro Manuel de Urrea, utilicé la denominación de “Cancionero del Peregrino” para referirme al conjunto de inserciones poéticas que el autor había incluido, de una forma u otra, en los tres libros que componen el impreso publicado en Burgos por Alonso de Melgar en 1523. Se trataba, por supuesto, de una denominación aproximativa, puramente ocasional entonces, que me permitía llevar a cabo un primer acercamiento formal y temático a uno de los elementos literarios más llamativos, novedosos e interesantes[2] de la Peregrinación, sobre todo en comparación con el resto de los relatos y guías de peregrinación a Tierra Santa publicados en Europa en esa misma época.[3]

A partir de esos primeros tanteos, el propósito de esta ponencia es profundizar en el propio concepto de “cancionero” como término adecuado para acercarse al menos a cierta parte de esta producción lírica del señor de Trasmoz y, al mismo tiempo, deslindar lo que de refuerzo literario de tipo estructural, destinado a dar una forma literaria elaborada a un relato de la pregrinación, hay en otra parte de esos poemas. Dicho de otro modo, me propongo analizar con un detalle mayor que en aquel primer momento en qué medida estos poemas responden a dos voluntades literarias diferentes y complementarias: la expresión lírica de los sentimientos de forma inmediata, de acuerdo con las convenciones de la poesía de cancionero de la época, y la creación consciente de bloques poéticos destinados a proporcionar una función complementaria de tipo estructural. También cabe investigar, por supuesto, determinados casos concretos en los que algunos de esos poemas responden a esa doble intencionalidad creativa.

 

 

1.- LOS ORÍGENES DE UN CANCIONERO

 

Los estudios más recientes sobre la poesía de cancionero insisten en la condición autobiográfica y ocasional de buena parte de esta lírica. El poema que después formará parte de un cancionero[4] surge inicialmente como respuesta lírica necesaria a una situación cortesana en la que el poeta debe ser capaz de demostrar una mínima habilidad versificatoria, que forma parte de su buena educación. Se trata de una concepción de la poesía ajena a cánones literarios más cercanos a nosotros en los que se sobreentiende que el poema lírico emana necesariamente de la interioridad del poeta. La lírica de cancionero acumula poemas circunstanciales, juegos de palabras ocasionales, retórica de salón cortesano, demostraciones públicas de habilidades versificatorias. El poeta de cancionero convierte su autobiografía más exterior, la más evidente para los demás, la que resulta de su vida en sociedad, en el tema central de su lírica. Sus poemas dan fe de sus relaciones sociales, de su estilo de vida, de su presencia social y estamental.

1.1.- Esto es lo que sucede con Pedro Manuel de Urrea en buena parte de su Cancionero[5] y lo que vamos a volver a encontrar en un buen número de los poemas de este “Cancionero del peregrino”[6] que hallamos inserto en su Peregrinación. Se trata de poemas que van siendo creados sobre la marcha –nunca mejor dicho-, como respuesta a algunos de los acontecimientos que se suceden durante el viaje. De este modo, la creación poética se convierte en otra más de las diversas actividades del viajero, que no solo reza, visita monumentos, conversa con sus acompañantes o anota los datos de su periplo. También aprovecha las horas vagas de su viaje para escribir poesía, como el propio Urrea indica ya en el “Prólogo”: “Esta obra va en prosa, en donde van algunas coplas que hize en este sanctíssimo viaje”, p. 21.

1.1.1.- Aunque no en todos los casos es posible concretar el origen exacto del poema, la situación que da origen a la composición lírica, hay numerosas ocasiones en las que el autor es muy explícito al respecto, dejando constancia del acto de la escritura en el propio relato. Hallaremos un reguero de anotaciones al respecto a lo largo de todo el impreso, con ejemplos significativos en cada uno de los tres libros que lo componen. En el primero, durante la estancia en Roma del señor de Trasmoz, leemos: “acordé de disfrazarme y yendo con una máscara, entrando en una casa, vi que sacaban de ella un hombre a enterrar y la verdad es que luego vino a la conciencia un pensamiento de la brevedad de esta vida, sobre lo cual hice estas coplas”, p. 62, puntualización que se refiere al poema que viene inmediatamente a continuación y cuyo título es casi coincidente con esa mención.[7] Ya en el libro II, el más extenso de la Peregrinación, cuando el escritor se halla en Venecia haciendo tiempo para embarcar, en relación con una dama veneciana de la que se encapricha, escribe: “Tuve por mejor el tiempo que puse en hacer estas coplas que los días que perdiera en dar vueltas por su calle”, p. 121. Es evidente, pues, más aún que en el caso anterior, que este poema fue escrito durante la propia estancia en Venecia del autor, antes de la partida hacia Jerusalén. Y algo muy similar es lo que encontramos un poco más adelante, ya en alta mar, en el poema que el autor le dedica a uno de sus compañeros, que se mareaba: “y luego, puestos por alta mar, hacía mucho mal la mar a un amigo mío, al qual hize estas coplas”, pp. 132-133, o en las “Coplas suyas a una vieja que le quería dar su hija”, que pertenecen a su paso por Nicosia: “Y porque yo conocí en ella que me convidaba a cosa que yo estaba bien apartado, visto de los pasos donde venía, defendime de ella e hícele estas coplas”, p. 245. Finalmente, incluso en el libro III, que tiene una estructura compositiva[8] mucho menos elaborada que los anteriores y una redacción más precipitada, hallamos las coplas en las que se refiere al episodio en el que cuenta cómo “pasando por la ribera de Génova le pareció bien una señora”. En el relato en prosa, leemos en ese punto: “Yo estuve de esto tan maravillado  que assí como quando estaba apartado della me quisiera juntar, viéndome en la iglesia, me quise apartar y por poner el pensamiento en otra cosa, acordé de hacer estas coplas siguientes”, p. 332. Y todavía podremos aportar otro ejemplo similar cuando lleguemos al poema “sobre la pestilencia que hubo en Zaragoza”: “Y porque supe que en Zaragoza comenzaban a morir de pestilencia, hize este romance sobre ello”.

Es evidente que durante todo su viaje el autor de la Peregrinación no solo iba componiendo una larga serie de poemas ocasionales en los que daba cuenta de los principales avatares emocionales que le ocurrían sino que, a la hora de redactar su relato, parece tener un interés especial en dejar constancia de ello. De acuerdo con lo que hemos podido anotar hasta ahora, parece claro que don Pedro Manuel de Urrea quiere presentarse a sí mismo como un poeta a tiempo completo, una personalidad literaria que integra de forma sistemática su experiencia vital en su creación lírica. En cierto modo, para él su Cancionero es su biografía.

1.1.2.- Aunque con menos claridad, otros poemas perderían buena parte de su sentido si no entendiéramos que fueron compuestos en el punto del itinerario en que los incluye Urrea. Un caso evidente es el poema “partiendo de la sanctíssima ciudad de Jherusalem” en el que el señor de Trasmoz escribe, v. 28: “Quisiera quedarme aquí”, p. 242. El deíctico refleja la presencia del autor en Tierra Santa en el momento de la escritura y el gran número de poemas en que podemos asegurar que el propio acto de escribir es contemporáneo del viaje permite rechazar que se trate de una recreación literaria posterior del momento de la partida. En la misma línea se encuentra la “Oración a la sanctíssima Trinidad donde ruega que lo lleve con bien en este santísimo viaje”, con el que acaba el libro primero, p. 71, antes de comenzar el relato de la peregrinación a Tierra Santa y el poema que Urrea escribe durante su estancia en Monserrat y que luego inserta sin alusión alguna en el relato. En ese texto leemos “y el pecado que me abrasa / me quita en esta tu casa / del monte de Monserrate”, donde de nuevo la deixis nos indica que el poema ha sido escrito durante el viaje.

1.1.3.- En el extremo opuesto en cuanto a los métodos de inserción en el relato pero con una interpretación que nos permite abundar en esta misma idea de la contemporaneidad de viaje y escritura, hemos de hacer referencia a poemas cuya principal o acaso única razón para ser incluidos en la Peregrinación parece ser el hecho de haber sido compuestos durante el recorrido. El ejemplo más claro de esta situación lo hallamos en la “Copla suya pidiéndole un pobre limosna”, p. 37, que forma parte de su estancia en Zaragoza y que no presenta ni en el propio texto poético ni en el relato en prosa punto alguno de apoyo argumental ni justificación temática concreta para su inserción. Hemos de pensar, por lo tanto, que se trata de una expansión lírica del poeta puramente ocasional que, después, no quiso dejar fuera del relato de su viaje, ya que su temática devota daba una ocasión oportuna para ello. En estos casos, la inclusión del poema carece de un sistema de inserción directamente relacionado con el texto del relato y su repentina aparición se justifica por algún aspecto temático relacionados con el lugar en el que en ese momento se encuentra el autor. Similares son, en este sentido, las coplas “sobre la opinión y apartamiento que los griegos hicieron de nuestra santa fe católica”, pp. 148-149, o las “Coplas suyas sobre el nacimiento de nuestro salvador Jesucristo”, pp. 188-189.

Algo peculiar es la situación de los dos poemas que el autor dedica a sendas enamoradas, zaragozana y barcelonesa, también en el libro I.[9] En ambos casos los poemas carecen de una introducción en prosa en el cuerpo del relato y su inserción solo está justificada por su relación con la localidad en la que se encuentra el peregrino en ese momento. Pero estos dos poemas, en la medida en que comparten una temática muy específica como palinodias amorosas, mantienen a su vez una relación, entre ellos y con la posible interpretación espiritual del libro, que no debe perderse de vista en ningún momento.

1.1.4.- Por último, un caso muy especial, que merece un examen más detenido es la “Obra llamada Fin del desseo”, pp. 172.173,un atípico poema en pareados en el que el autor construye una especie de autobiografía del viajero mediante una larga enumeración de las localidades recorridas con anterioridad a su llegada a Tierra Santa. El interés que tiene este poema es que la secuencia del recorrido del poeta, en la parte en la que se refiere al propio viaje a Roma, no parece corresponderse con el itinerario mismo que se va construyendo a lo largo del relato que estamos leyendo. El poema dice:

Vi Navarra y Aragón,

Cataluña y Rusellón,

Mallorca, Cállar, Gayeta,

Nápoles, Roma perfeta

y toda la Romanía

y, andando siempre mi vía,

vi Requenate y Ancona…

De acuerdo con lo que el autor había relatado en la Peregrinación hasta este momento, carecen de sentido la aparición en esta secuencia tanto del Rosellón como, sobre todo, de Nápoles. ¿Hemos de suponer que el escritor se ve obligado a modificar la secuencia de sus viajes por dificultades métricas? Sin embargo, sabemos que Pedro Manuel de Urrea no tenía problemas a la hora de versificar casi al pie de la letra cualquier texto, como demostrará a continuación con su versión de los evangelios y había hecho ya años antes con el acto I de La Celestina.[10] Entonces, lo que parecen indicar estas inconsistencias es que, mientras que el poema está verdaderamente escrito por el autor en la propia Tierra Santa –no necesariamente en el barco, aunque dice expresamente “viéndola de lexos”-, probablemente durante el tiempo –“tres noches”, p. 170-, que permanecieron en Jaffa esperando el permiso para subir a Jerusalén, es el itinerario de la Pereginación lo que no se corresponde exactamente con el de su peregrinación real.[11] Nos hallaríamos, pues, ante el mejor ejemplo de que el relato de la peregrinación, en cuanto texto literario, fue concebido y compuesto, probablemente ya en Aragón, como una adaptación literaria de la peregrinación real del señor de Trasmoz, cuando ya buena parte de los poemas habían sido escritos. Por ello, “Fin del desseo” recoge el itinerario real del viajero mientras que el relato en prosa presenta un itinerario adaptado a los presupuesto literarios de un “relato de peregrinación” estándar, que es lo que Pedro Manuel de Urrea se está esforzando por redactar finalmente.

2.- LA COMPOSICIÓN DE UN RELATO DE PEREGRINACIÓN

Pero, no todos los poemas que vamos encontrando a lo largo de la Peregrinación de Urrea pueden ser interpretados, sin más, como composiciones líricas escritas durante el propio viaje a partir de una experiencia biográfica concreta del autor. Hay textos, algunos de una gran extensión e importancia en la obra, que no imaginaríamos compuestos durante la propia travesía o que, simplemente, no parecen guardar relación con ningún episodio concreto de la peregrinación. Es lo que en este punto de la ponencia llamaremos “poemas estructurales”.

2.1.- En primer lugar, encontramos en determinados momentos de la Peregrinación de Urrea algunos textos poéticos cuyo lugar en la obra tiene que ver con los criterios formales de organización de la materia literaria de la obra. Son composiciones cuya existencia no depende tanto del viaje en sí como de la propia redacción literaria de ese viaje.

2.1.1.- El caso más claro es el del poema prologal que lleva por título “Obra trobada por don Pedro Manuel de Urrea entre la Razón y Corazón”, pp. 23-27. Incluso aunque llegáramos a aceptar que el poema pudo ser escrito antes de que el poeta comenzara su viaje, como se lee en el texto, es evidente que su función en el texto es ante todo estructural. La razón de ser de estas coplas está vinculada, sobre todo, a la relación directa que mantienen con el “Prólogo” que las antecede, que, como veremos más adelante, es posterior a la redacción original de la Peregrinación, y con la “Oración” que sigue inmediatamente detrás. En esta, por cierto, solo se alude a “este viaje de tu casa y sepulcro sancto”, lo cual nos induce a pensar que no fue escrita antes de la salida, como Urrea pretende dar a entender, pues, según anota el propio autor en el “Prólogo”: “acordé de decir que iba solamente a Roma y de allí cumplir mi buena voluntad”,[12] es decir, que al inicio de su viaje Urrea sabía que iba a peregrinar a Roma pero no a Jerusalén.

Dejando aparte estos detalles, lo que importa ahora es que esos tres textos –Prólogo, Coplas y Oración– forman en conjunto un bloque prologal, previo al arranque de la peregrinación en el Libro I y tienen, por lo tanto, un valor estructural similar a algunos elementos paralelos que hallaremos en las últimas páginas del impreso como la oración “dando gracias a Dios que le ha dejado cumplir su peregrinación”, que cierra la obra, y, de una manera más compleja, los poemas “a la muerte de su madre”, sobre los que habrá que volver más adelante.

2.1.2.- De forma similar a los anteriores, encontramos también algunos poemas que funcionan como elementos estructurales de la Peregrinación, figurando como cierre lírico de cada uno de los libros. Es el caso, de una forma claramente intencionada, de los poemas dedicados a San Pedro, p. 68, y a Santiago, p. 350, al final de los libros primero y tercero respectivamente. En ambos casos, el poema forma parte de un díptico que funciona como colofón de la parte narrativo-descriptiva de cada uno de esos dos libros y que incluye también una carta a la personalidad política más relevante en esa parte del viaje, el papa León X durante su estancia en Roma y el emperador Carlos V, ya en España. Puesto que esta repetición no puede ser coincidencia, esperaríamos hallar una estructura idéntica, o al menos similar, en el libro II. Encontramos, en efecto, la carta, dirigida en este caso al sultán turco Selim I, pero no el poema. Por ello, tal vez debamos pensar que el “Llanto espiritual de Jerusalén”, situado casi inmediatamente después de la carta, puede haber sido concebido con una intencionalidad estructural similar. Sin embargo, el libro II, mucho más extenso incluso que los otros dos juntos, es también mucho más complejo, contiene muchos más elementos compositivos y literarios de todo tipo y, en este caso, desde el punto de vista poético, debemos tener en cuenta también la presencia de las versificación de los evangelios de Cuaresma, cuya inclusión el el relato de la Peregrinación merece un análisis aparte.

2.2.- En efecto, en primer lugar resulta difícil imaginar que la extensa versificación de “los siete evangelios de los siete domingos de la Cuaresma con la Pasión”,pp. 208-223, pudiera haber sido realizada por Urrea durante el propio viaje, dada la extensión del conjunto de las composiciones y la complejidad técnica del proceso.[13] Además, su inserción en el relato se produce mediante la técnica de la yuxtaposición, es decir, en el texto no se explica las razones que motivan ni su escritura ni su inserción; simplemente, después de una larga “Exclamación” en forma de sermón retórico dirigido a todos los cristianos, Urrea abre un parágrafo nuevo y comienza a versificar. Y cuando termina, sin solución de continuidad, recoge las narraciones de varios milagros similares entre sí, que demostrarían la superioridad del Cristianismo sobre el Islam. Así, la razón por la que hallamos aquí estos textos poéticos adaptados de la Biblia es clara: su carácter religioso y evangélico los hace aptos para formar parte de este apartado misceláneo -reflexión, poemas y relatos piadosos- vinculado temáticamente con Tierra Santa.

Nos hallamos, en este caso, ante una inserción poética que ejemplifica una de las características estructurales más peculiares de la Peregrinación: la acumulación en el cuerpo del relato de todo tipo de materiales literarios organizados para dotar al texto de una mayor riqueza, probablemente con la idea de competir con el gran modelo de relato de viajes de la época, que Urrea conocía, había leído y tenía en cuenta mientras escribía, el Viaje de la Tierra Santa de Bernardo de Breidenbach en su versión castellana del aragonés Martín Martínez de Ampiés.[14]

3.- LAS “COPLAS A LA MUERTE DE SU MADRE”

 

Para terminar este análisis compositivo y estructural de los poemas que hemos incluido en el “Cancionero del peregrino”, todavía debemos demorarnos en un grupo de tres poemas muy especiales: los poemas “a la muerte de su madre”, que cierran el impreso, incluidos en la parte final del impreso, pp. 354-355, acabado ya el recorrido de la tercera peregrinación, la de Santiago. El origen de estos tres poemas –coplas, romance y villancico- que en el listado agrupo con el número 29, es muy diferente de cualquiera de los anteriores. Han sido colocados por el autor al final de la obra y, aunque en la redacción definitiva aparecen al inicio de la recapitulación final del todo el periplo de la peregrinación, como colofón del viaje a Santiaoo, fueron escritos, en realidad, al menos dos años después del regreso de Pedro de Urrea a Trasmoz y cuando la puesta por escrito del relato del viaje estaba, en buena parte o ya por completo, concluida.

De acuerdo con la documentación publicada,[15] el acontecimiento histórico que estos tres poemas evocan, la muerte de doña Catalina de Híjar, primera condesa de Aranda y madre del autor, tuvo lugar en junio de 1521, es decir, dos años después de que el señor de Trasmoz regresara de su larga peregrinación. A este amplio lapso de tiempo debemos añadir que el propio autor anota en el “Prólogo”: “Y después de yo venido hasta dos años, feneció mi señora la condesa, que Dios tenga en su gloria, a la cual yo tenía dirigida esta obra así como solía dirigir otras que van divulgadas no ha mucho tiempo”, p. 21. Así pues, dos años después de la finalización del viaje, la Peregrinación ya contaba con una primera redacción manuscrita y, como el Cancionero en general o la Penitencia de amor y la Rueda de peregrinación en particular,[16] iba precedida de un texto prologal dedicado a doña Catalina, viva. La muerte de la destinataria antes de que el manuscrito se convirtiese en un volumen impreso supuso la modificación del planteamiento inicial y, finalmente, la obra apareció “dirigida a todos los fieles cristianos, a los cuales ruego que rueguen por el alma de mi señora la condesa”.

Por otra parte, y de acuerdo con los presupuestos estéticos de ese lirismo autobiográfico que hemos desarrollado en la primera parte de esta ponencia, la muerte de su madre, con la que Pedro de Urrea había mantenido una relación tan estrecha en todos los sentidos, pero sobre todo, en el campo de la creación literaria, no va a dejar de ser explotada por la pasión literaria del autor. En este sentido, los tres poemas a los que estoy haciendo referencia aquí son similares, desde el punto de vista creativo, al Romance por la muerte del Condestable de Navarra, que aparecía ya en el Cancionero de 1513, en tanto que elegía por la muerte de un familiar querido, o a las Coplas sobre el pleito, en tanto que composición literaria de corte manriqueño vinculada a un episodio autobiográfico de carácter familiar.[17] Así pues, se trata de poemas cuyo destino presumible sería entrar a formar parte del Cancionero del autor, es cierto, pero no específicamente del “Cancionero del peregrino” que aquí estamos analizando, pues no pertenecen al relato de la peregrinación del señor de Trasmoz, sino a una etapa posterior de su vida, entre 1519 y 1524, acaso junto a otros poemas que no han llegado hasta nosotros.

Pero, por otra parte, como hemos visto, la muerte de doña Catalina supuso un cambio importante en la estructura básica de la Peregrinación como relato literario: de ser un volumen autobiográfico manuscrito dedicado a su madre pasó a ser un texto literario concebido como ofrenda póstuma y pública a su memoria. De todos modos y como sucede también en la reedición de su Cancionero,[18] no parece que esta modificación supusiera una reelaboración a fondo del texto ya escrito por parte de su autor. Por el contrario, hay datos internos que nos permiten asegurar que Urrea no volvió sobre lo que ya había enviado a su madre antes de 1521;[19] los cambios se limitaron tan solo, probablemente, a algunos de los elementos estructurales de inicio y cierre de la obra.

Ya hemos visto que el propio autor alude a la modificación del prólogo dedicatorio. Una alusión muy similar hallamos también en esa parte final en la que Urrea decide insertar los tres poemas “a la muerte de su madre”: “Después de yo llegado a mi casa hasta dos años, murió mi señora la condesa, que Dios tiene en su gloria […] y sobre su muerte hice estas coplas y este romance[20] con tantas lágrimas y trabajo que no pude proseguir en mayor cantidad de obra”, p. 353. De este modo, los poemas que el poeta incluye en esta parte final de su Peregrinación, escritos cuando en realidad el conjunto de la obra ya había sido escrito, aunque surgidos de un acontecimiento fuertemente autobiográfico, acaban teniendo también una función estructural, como motivo organizador tanto del prólogo como del epílogo del relato, y confieren a toda la obra un valor especial como obra literaria ofrecida, una vez más, por el señor de Trasmoz a su madre, esta vez como ofrenda piadosa por su salvación eterna, intencionalidad espiritual muy concreta que no tenía la versión redactada antes de la muerte de la condesa.

4.- CONCLUSIÓN

El análisis pormenorizado de las composiciones poéticas que formarían parte de lo que hemos denominado “Cancionero del peregrino”, insertas en la Peregrinación de Pedro Manuel de Urrea revela que, en realidad, nos hallamos ante una serie de composiciones heterogéneas. En primer lugar hallamos un conjunto amplio y muy coherente de poemas relacionados directamente con el relato en prosa. Son poemas escritos a partir de la experiencia autobiográfica de la peregrinación y que se insertan a lo largo del relato vinculados directamente al suceso del que dan cuenta. Dejando aparte posibles retoques llevados a cabo durante la redacción definitiva de la Peregrinación, de los que no hay constancia, estos poemas fueron compuestos durante el viaje y muy probablemente en el mismo momento en el que se produjo el acontecimiento al que dan respuesta lírica. No cabe imaginar, por lo tanto, una recreación literaria posterior ni una composición poética “ad hoc”. Este tipo de poesía responde a un hábito poético propio de la poesía de cancionero y bien documentado en el resto de la poesía lírica y narrativa del señor de Trasmoz,[21] los poemas de tema ocasional y autobiográfico. Estos poemas, la mayoría de los que vamos leyendo a lo largo de la Peregrinación, tienen características cancioneriles a todos los efectos y responden con exactitud a lo que se pretende identificar con el título de “Cancionero del peregrino”.

Sin embargo, en determinados puntos concretos de la Peregrinación hallamos también unas pocas composiciones que no coinciden con este modelo anterior. Son poemas cuya función es sobre todo estructural y han sido compuestos expresamente u organizados de forma intencionada para dar una forma concreta, creativa y personal, a la materia literaria del libro. En unos casos la función tiene que ver con la configuración de un bloque prologal y en otros con el deseo de organizar determinadas secciones poligenéricas de temática similar en cada uno de los tres libros que componen la Peregrinación para dar una mayor variedad y simetría a su contenido. Se trata, por lo tanto, de piezas literarias de un valor literario diferente a las anteriores, pues no tienen que ver con la peregrinación como experiencia autobiográfica sino con la Pereginación como obra literaria. Estas composiciones, incluso aunque hubieran podido ser redactadas también en parte durante el viaje, han sido adaptadas con posterioridad, durante la redacción de la obra en prosa, y distribuidas de forma intencionada para ocupar el lugar que el autor consideraba más adecuado para ellas. Por eso debemos incluir en este bloque también obras especialmente complejas como la versificación de los evangelios de Cuaresma, de valor esencialmente enriquecedor del conjunto. Estos poemas no responden a la idea habitual que se tiene de un cancionero y solo se concibe su aparición en una hipotética tercera edición del Cancionero del señor de Trasmoz si este seguía siendo concebido, como el de 1516, como una edición de obras completas,[22] y no, como el de 1513, como un cancionero poético similar al Cancionero General de Hernando del Castillo.

Por último, los poemas que hemos denominado “a la muerte de su madre” ocupan un lugar muy especial e intermedio entre las dos tipologías a las que venimos aludiendo. Se trata, como es propio de la materia cancioneril, de un conjunto de poemas surgidos de una experiencia autobiográfica, pero esa experiencia es posterior a la peregrinación a Tierra Santa del señor de Trasmoz y, por lo tanto, en principio no hay razones para que se incorporen a la Peregrinación. Sin embargo, la propia función estructural de la condesa de Aranda como destinataria inicial del relato, hizo que su muerte afectara profundamente a la estructura externa de la obra, que para junio de 1521 ya estaba redactada, acaso íntegramente. Por ello, estos poemas “in mortem” fueron incorporados a la Peregrinación como parte de las modificaciones estructurales que la muerte de la destinataria original de la obra obligó a hacer al autor. Se unen, pues, en este último bloque de tres poemas los dos modelos bien diferenciados que hemos analizado en los apartados anteriores.

Queda por último insistir en que la riqueza, variedad y abundancia de inserciones líricas que hallamos en la Peregrinación de Urrea tiene que ver con una voluntad de variación genérica y enriquecimiento temático que se halla presente en todo momento durante la elaboración del relato por parte de su autor. Pedro Manuel de Urrea pretende siempre agradar al lector –a su madre, en un primer momento- con una continua variación temática y genérica y con un conjunto de elementos literarios inusuales en un relato de peregrinación al uso, y de esta manera se esfuerza por crear un texto literario rico y atractivo. La inserción de este “Cancionero del peregrino” no deja de ser, al fin y al cabo, uno de los principales elementos de la obra en este sentido.

 

EL “CANCIONERO DEL PEREGRINO”: LISTADO

TablaCancioneroPeregrino

 

[1] .- Pedro Manuel de Urrea: Peregrinación de las tres casas sanctas de Jherusalem, Roma y Santiago, ed. de Enrique Galé, Zaragoza, Institución “Fernando el Católico”, 2008, con reseña de Roger Boase: “Pedro Manuel de Urrea, Pregrinación de las tres casas sanctas de Jherusalem, Roma y Santiago / Pedro Manuel de Urrea, Cancionero”, Bulletin of Hispanic Studies, 92,4 (2015): 471-474. Para un primer acercamiento crítico, vd. Aurora Egido: “Señas de un libro encontrado: La Peregrinación de Pedro Manuel de Urrea” en María José Casaus (coord.): El Condado de Aranda y la nobleza española en el Antiguo Régimen, Zaragoza, Institución “Fernando el Católico”, pp. 173-186 y, más parcial, Aurora Egido: “El viaje a Italia. Nota sobre un libro recuperado de Pedro Manuel de Urrea”, Ínsula, 757-758 (2010), pp. 2-6.

[2] .- No hay ningún relato de peregrinación de la época que incluya de forma sistemática composiciones poéticas como complemento del relato en prosa. Desde luego, algunos de ellos están versificados, como el Alcázar imperial de la fama de Alonso Gómez de Figueroa y la Trivagia de Juan del Encina y ocasionalmente hallamos también poemas concretos en cancioneros que sin duda están vinculados a alguno de estos relatos, como el romance a los “mócaros”, compuesto igualmente por Encina y que remite a su peregrinación de 1519, pero tanto unos como otros son textos de una filiación literaria muy lejana a los que aparecen en la Peregrinación de Urrea. De hecho, la construcción esencialmente híbrida de la obra del señor de Trasmoz es la mayor diferencia estructural entre su libro y cualquiera de los otros textos similares de la época. Para el Alcazar, uno de los relatos de peregrinación menos conocidos de principios del siglo XVI, vd. Pedro Tena: “Estudio de un desconocido relato de viaje a Tierra Santa”, Dicenda, IX (1990), pp. 187-203.[1] .- Pedro Manuel de Urrea: Peregrinación de las tres casas sanctas de Jherusalem, Roma y Santiago, ed. de Enrique Galé, Zaragoza, Institución “Fernando el Católico”, 2008, con reseña de Roger Boase: “Pedro Manuel de Urrea, Pregrinación de las tres casas sanctas de Jherusalem, Roma y Santiago / Pedro Manuel de Urrea, Cancionero”, Bulletin of Hispanic Studies, 92,4 (2015): 471-474. Para un primer acercamiento crítico, vd. Aurora Egido: “Señas de un libro encontrado: La Peregrinación de Pedro Manuel de Urrea” en María José Casaus (coord.): El Condado de Aranda y la nobleza española en el Antiguo Régimen, Zaragoza, Institución “Fernando el Católico”, pp. 173-186 y, más parcial, Aurora Egido: “El viaje a Italia. Nota sobre un libro recuperado de Pedro Manuel de Urrea”, Ínsula, 757-758 (2010), pp. 2-6. 

[3] .- En relación con la varia y continua publicación de guías y relatos de peregrinación en la Europa de finales del siglo XV y principios del XVI, vd. la sección 3 “Contexto literario: Relatos de peregrinación,” del Vol. 1. Estudio Introductorio en Pedro Manuel de Urrea: o.c., pp. 246-260.

[4] .- En los últimos años se ha estudiado en profundidad este proceso que va de la experiencia personal a la edición impresa de la poesía de cancionero, pasando por la creación literaria y la composición manuscrita del “cancionero de autor”. Vd. al respecto, entre otros, Vicenç Beltrán: “Tipología y génesis de los cancioneros. El caso de Jorge Manrique”, en Historias y ficciones: coloquio sobre la literatura del siglo XV. Actas del Coloquio Internacional organizado por el Departament de Filologia Espanyola de la Universitat de València, celebrado en Valencia los días 29, 30 y 31 de octubre de 1990 (eds. R. Beltrán – J. L. Canet – J. L. Sirera), València, Universitat, 1992, pp. 167-188; «Tipología y génesis de los cancioneros: Juan Fernández de Híjar y los cancioneros por adición», Romance Philology, 50 (1996), pp. 1-19; «Tipologia i gènesi dels cançoners. La reorganització de J i K», Llengua i Literatura, 11 (2000), pp. 353-393, y «Del pliego de poesía (manuscrito) al pliego poético (impreso): las fuentes del Cancionero General», Incipit, 25-26 (2005-2006), pp. 21-56; Cleofé Tato: “Cancioneros de autor perdidos (I)”, Cancionero General, 3 (2003), pp. 73-120; “Huellas de un cancionero individual en el Cancionero de Palacio (SA7), en Los cancioneros españoles: materiales y métodos, ed. de M. Moreno y D. S. Severin, Departement of Hispanic Studies-Queen Mary, London, 2005, 2005, pp. 59-89, y “Sobre los cancioneros de autor: el caso de Pedro de Santa Fe”, en Convegno Internazionales sulle raccolte poetiche ibriche dei secoli XV-XVII: I Canzonieri de Lucrecia (Ferrara, 7-9 de octubre de 2002), ed. Andrea Baldissera y Giuseppe Mazzochchi, Unipress, Padua, 2005, pp. 105-124, y Josep Lluís Martos: “La génesis de un cancionero catalán de autor: Joan Roís de Corella y el Cançoner de Maians”, en Canzonieri iberici, ed de P. Botta, C. Parrilla e I. Pérez Pascual, Toxosoutos – Università di Padova – Universidade da Coruña, Noia, 2001, I, pp. 313-328.

[5] .- Vd. a este respecto el apartado II.2. “La génesis del manuscrito” en el “Estudio Introductorio” a Pedro Manuel de Urrea: Cancionero de todas las obras, Toledo, 1516, ed. de Enrique Galé, Institución “Fernando el Católico”, Zaragoza, 2012, pp. 43-53.

[6] .- En el “Anexo” de esta ponencia recogemos por orden de aparición la totalidad de las composiciones en verso incluidas en su Peregrinación por Pedro Manuel de Urrea.

[7] .- “Coplas de don Pedro Manuel de Urrea porque yendo en este santísimo viaje de Jerusalén le importunaron las carnestolendas en Roma que se disfrazase y, entrando con una máscara en una casa, vio que sacaban de la misma casa un hombre a enterrar”, p. 63. Aunque el texto al que remito pertenece a una edición crítica, en este artículo modernizaré de forma sistemática la escritura de Urrea.

[8] .- Sobre la estructura compositiva de la Peregrinación de Urrea, vd. el apartado 4.2 del “Estudio Introductorio” de la citada edición crítica.

[9] .- Coplas “a una dama a la cual él servía y agora, yendo a Jerusalén, le dice la brevedad de esta vida y vanidad de este mundo”, pp. 35-36, y “a una dama de quien él solía estar enamorado y agora, yendo él en peregrinación y romería, le dio ella un cirio bendecido para la tormenta del mar”, pp. 42-43. El paralelismo se acentúa cuando vemos que en ambos casos los poemas van seguidos de un “caso” sobre dos pecados mortales distintos, la soberbia en Zaragoza y la lujuria en Barcelona.

[10] .- Sobre esta versificación del Auto I de La Celestina, que aparecía ya en el Cancionero de 1513, vd. Marta C. Ayala: “Índices léxicos de la «Egloga de Calisto y Melibea» y su comparación con el del primer «auto de La Celestina», Archivo de Filología Aragonesa, XXXVIII (1986), pp. 251-264.

[11] .- Estudiamos esta cuestión de forma pormenorizada en el apartado “El viaje de Pedro Manuel de Urrea”, del “Estudio Introductorio”, Pedro Manuel de Urrea: Peregrinación…, pp. 107-142.

[12] .- En la misma línea se hallan las disposiciones de su testamento, fechadas en septiembre de 1517, cuando el señor de Trasmoz se disponía a partir hacia Italia. Nada hay en ellas que indique que el viajero llevara idea por entonces de viajar más allá de Roma.

[13] .- Sobre la versificación de los evangelios y su más que posible relevancia en la prohibición de la obra por la Inquisición a partir de 1551, vd. “Estudio Introductorio”, en Pedro Manuel de Urrea: o.c., pp. 498-503.

[14] .- Sobre la importancia del Viaje de la Tierra Santa de Breidenbacho, y más en concreto, del incunable zaragozano de Pablo Hurus, como modelo de prestigio para la Peregrinación de Urrea, vd. el apartado “Modelos globales”, pp. 380-386.

[15] .- E. Galé: “Aportación documental para el establecimiento de la biografía de Pedro Manuel de Urrea, señor de Trasmoz (y II)”, Turiaso, XV (1999-2000), pp. 229-285. La documentación original pertenece al Archivo Ducal de Híjar que se conserva en el Archivo Histórico Provincial de Zaragoza.

[16] .- Pedro Manuel de Urrea: Cancionero…, ed. de Enrique Galé, p. 260 para el prólogo de la Penitencia de amor y pp. 416-417 para el de la Rueda de peregrinación. Aunque sí las más extensas, no son las únicas obras que van dirigidas en particular por el autor a su madre, además, por supuesto, del Cancionero en su conjunto, tanto en la edición de 1513 como en la de 1516.

[17] .- He desarrollado más en profundidad la gran importancia del entorno familiar, y de la figura de doña Catalina en particular, sobre la obra literaria de Pedro Manuel de Urrea en E. Galé: “La creación literaria en el seno de un clan familiar: la obra de Pedro Manuel de Urrea”, en María José Casaus (coord.): El Condado de Aranda y la nobleza española en el Antiguo Régimen, Zaragoza, Institución “Fernando el Católico, 2009, pp. 139-172.

[18] .- La idea de que el señor de Trasmoz no se preocupaba de llevar a cabo una última revisión sistemática ni puntual de sus obras de cara a la publicación impresa, he tenido ocasión de desarrollarla de forma más detenida tanto en la edición de la Peregrinación, pp. 278-279, como en la del Cancionero, p. 75 y n. 123.

[19] .- Hay varios datos concretos en el texto definitivo de la Peregrinación que revelan esa falta de revisión. Los más llamativos son la invitación a los estados cristianos a que defiendan a los caballeros hospitalarios antes de que sean atacados por los turcos –en realidad, Rodas ya había caído en su poder de manera irremediable cuando el manuscrito llegó a las prensas burgalesas- y sobre todo, el mantenimiento de las alusiones al califa Selim I como gobernante vivo, cuando ya había muerto en septiembre de 1520.

[20] .- Urrea no menciona expresamente el villancico porque lo considera parte del romance, del que funciona como desecha. La construcción bimembre romance – desecha es habitual también en la sección dedicada a los romances en el Cancionero del señor de Trasmoz.

[21] .- Buenos ejemplos de este tipo de poesía, que podríamos llamar “de ocasión”, son el poema “sobre el pleito”, el romance “sobre la muerte del Condestable de Navarra” o las coplas “cuando se quemó el castillo” en el ámbito de la poesía moral y del mismo modo, las coplas “a su amiga porque estando ella a la ventana, pasando él por la calle, se atapaba ella el rostro por no verle” o las que dedica “a su amiga, que estaba doliente de sarampión” entre los poemas de temática amorosa.

[22] .- Sobre la edición del Cancionero de 1516 de Pedro Manuel de Urrea como una cancionero de “obras completas”, vd. el apartado “Las dos ediciones del Cancionero”, del “Estudio Introductorio” varias veces citado, pp. 53-71.

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