Parnaso 2.0 Logo
Javier Carnicer, poeta

Javier Carnicer

poemas

                          Lenguas enfermas

        Quien se rebele, sin armas y sin odio, contra la barbarie,
pronto será humillado: ajusticiada su debilidad, su cobardía.

        El débil animal de paz: un traidor, un cobarde, un desertor.

        Así le juzga tanta voz embrutecida (cuando el orgullo de la
estupidez es nuestra fuerza, nuestra hombría, nuestra hazaña).

        Una vez perdida la vergüenza, y la razón, y la inocencia.

        Y entonces desertor es sinónimo de vago (igual que no lucha
significa no hacer nada).

        En las lenguas de fuego del mercado, en las jergas del campo
de batalla.

       Disidente es sinónimo de inútil.

       O de traidor que ya no sirve como esclavo.
                         Homo homini lupus

     Si el hombre fuera un lobo para el hombre, la vida sería
como un sueño, como una fábula.

     Pero somos más feroces, más bestias todavía.

     Y no podemos compararnos con ningún otro animal sin
humillarlo.

     ¡Pobres lobos, pobres cerdos, pobres machos cabríos!

     Cuidado con el hombre natural (el hombre que presume
de su fiera, de su carácter, de su genio).

     El hombre que presume de ser hombre.

     Por encima de todo.
               Club privado

      Al final de la fiesta, un escenario a dos velas.

      Un micrófono de humo y un oscuro instrumento de viento: soplo
a soplo, rumor a rumor, ese aliento grave del insomnio.

      Y esa tos al compás de la sed, esa voz de la almohada nerviosa,
amplificada en el cuarto acolchado, insonorizado de la conciencia.

      A solas, esa canción desafinada con el mundo, esa música propia
que sólo se escucha a sí misma.

      Tan callada por fuera y tan sonora por dentro.

      La intimidad, lo inconfesable.
                               Premio


Un suicida se arroja al mar.

Y encuentra, en el fondo, un tesoro.
                         Posturas

        Como en una batalla donde nadie de tu bando queda en pie.

        Ni luchar ni entregarse, ni arrastrarse ni huir: hacerse el muerto
entre los muertos.

        En defensa propia, y al mismo tiempo en beneficio ajeno:
Generoso con el mundo, generoso contigo: en paz.

        También hay otra paz, y es más incómoda: esa mala costumbre
de agachar la cabeza ante el verdugo.

       La peor postura para el pensamiento.

       La postura peor para el corazón.
                          Valor

Sé valiente, y déjate vencer

Por los que son más débiles que tú.

Tal vez así podamos detener

El curso de esta infame evolución.
                  Otros humos

         El veneno más amable: una pipa cargada de paz.

         En la brasa del sueño, una utopía animal, una conciencia
festiva, una caricia común.

         Sin yo tener que superarte, sin tú tener que superarme.

         Yo dejándome ganar, tú dejándote perder.

         En la lengua del humo, amables señales de vida, como la
belleza, como la pereza, como la paz.

         Algo más de certidumbre, algo más de confianza.

         Romper el hielo, saltar la hoguera.
 
         Y a cambio del amor, nada, absolutamente nada: sin ser
indiferente, sin ser indeseable.

        Sin esa urgencia por llegar hasta uno mismo.

        Donde nadie nos espera.
                  Primer pensamiento

          El despertar, la lucidez de nuevo entre las sábanas.

          El bostezo advirtiendo del peligro que supone levantarse,
abandonarse, alejarse del sueño.

          Con los ojos cerrados, el primer pensamiento: no ponerme más
en pie, ni servir en el campo de batalla.

          Y aquí, corazón atado a tu bandera blanca, a tu almohada
invencible, hace tiempo que me encuentro muy bien.

          Demasiado tiempo, demasiado bien.

          Empiezo a preocuparme: acabará conmigo, al final, esa
vergüenza tan ajena como propia, ese complejo de culpa de estar
tan feliz.

         Apenas hambre, apenas sed.

         Tan débil, como reptando en el aire, casi de vuelo,
adaptándome a la gloria, tan suave.

         Apenas hombre, apenas yo.
Logos Parnaso 2.0