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Juan Leyva, poeta

Juan Leyva

poemas

ANTICUENTO

Un noche llegó un padre y le contó el cuento a su hijo:

"Hubo una vez tres cerditos con la peste porcina, que violaron al lobo en peligro de
extinción en su propia cueva.

Hubo una vez un niño que se llamaba Peter, que no pudo comer pan en el país de 
Nunca Jamás.

Había una vez una niña que en su caperuza roja, le llevaba a su madre comida robada.

Hubo una vez una limpiadora con el cabello Ceniciento que a las doce de la noche cogía 
el autobús de color calabaza que va al extrarradio.

Hubo un bosque de hadas que hacían la calle donde concedían los deseos más sucios a 
dignos padres de familia.

Bambi tuvo un hijo que le salió carnívoro.

El patito feo ligaba con los cisnes por simpático.

La ratita presumida se puso botox y la contrataron en Tele 5

Hubo una vez un pulgar que se llamó Pulgarcito, porque lo cortó una máquina que no 
pasó la revisión.

Pinocho era de aglomerado, trabajó en Ikea, y fue despedido al combarse, por coger 
humedad en los huesos."

Érase una vez un niño al que le contaron los cuentos al revés, para que llegara a mayor 
totalmente confundido.
CUMPLEAÑOS

Pronto cumplo años,
hay quien dice que ya llevo
más de media película,
no sé,
lo que podría asegurar
es que no quedan palomitas.
TÉCNICAS DE PINTURA

Al besarnos somos acuarela
llegamos a óleo con las caricias
al comernos; pastel
cualquier marco es incomparable
acabamos hechos un cuadro
clavados el uno en el otro.
VACACIONES OUT

Al regresar
quitaron el tapón del mar
desinflaron las montañas
volvieron a tapar los caminos
enrollaron las carreteras
metieron en botellas a los barcos
volvió el tiempo a mi muñeca
cayeron los párpados de los árboles
bajaron los precios de los bañadores
el sol dejó su látigo
cesó el aliento del aire acondicionado
se despertó la siesta sin calor
volvieron las hormigas a sus ciudades
las mariposas a su alfiler
los perros a sus collares
la canción del verano a su recopilatorio
la maleta a su nicho de armario
los libros viajeros a medio leer
algo de arena entre los dedos
todo el amor que nos llevamos.
RECUPERACIÓN

Hay claras señales de recuperación:
se han recuperado las cruces santificadas
los timos de las estampitas.

Se han recuperado las mordazas
los castigos sin postre, a la cama sin cenar.

Se ha recuperado el papel de La Corona
los símbolos con decimales que no llegan a unidad.

Se han recuperado los discursos del miedo
las mayorías absolutas en mi contra.

Se han recuperado los fraudes de las viviendas
la carcoma de los bancos,
el crecimiento sin altura, los cuentos chinos
la olla podrida sin carne ni pecado.

Se han recuperado los ladrones del susto
si es que alguna vez se asustaron de nosotros.
SERVICIOS MÍNIMOS

Han nombrado servicios mínimos para los poetas.
Debe quedar un poeta de guardia para vigilar la normalidad
que mira desde la silla de socorrista como se ahoga el mar.

Debe quedar un poeta al menos, para sacar adelante la tarea
y clasificar esas palabras atrasadas que nadie recuerda
alguien que abra el correo y responda las llamadas
alguien que atienda las quejas y reclamaciones
un poeta que repare las fugas y avise si hay tierra a la vista.

Es preciso que alguien ruede por los bares, a quien nadie mire
que acuda a la farmacia a por ansiolíticos
que recoja las cáscaras de los amantes del suelo de las barras
que pasee a los perros sin vacaciones
que dé la bienvenida a los veraneantes del mes pasado
y les haya regado las plantas.

Debe quedar un poeta al menos
por si a alguien le da por hablar mal de la poesía
y poner una demanda por injurias y calumnias.

Debe quedar un poeta para explicar su mundo, por si vienen los extraterrestres
es preciso que quede un poeta para beberse la soledad de un trago y andar dando tumbos
de noche en noche.

Debe quedar un poeta que haga de camello, que se lo haga con el primero que pase, que 
se tire la primera piedra
que escriba con los dientes sobre una espalda
que se coma los marrones
que le conceda importancia a lo absurdo.

Debe quedar un poeta por si a alguien hay que darle dos hostias con el libro abierto
por si nadie acude a apagar los cuerpos ardiendo
por si se acabaron las existencias
y se necesitan suicidas urgentemente.

Debe quedar un poeta en pie
por todos los que están callados
por aquellos que desistieron
por algunos que no están muertos.
TEMOR

Querría escribir sobre el maltrato a la mujer pero no me siento capaz,
al fin y al cabo soy un hombre, un hombre cobarde que también teme a otros hombres.

Temo a los hombres cuyo sentido en la vida es comer, follar y que gane su equipo.

Temo a los jóvenes que espían los mensajes de sus parejas, que discuten en un coche 
golpeando el volante.

Temo a algunos hombres que salen de los bancos, de las iglesias y de los gimnasios.

Temo a los hombres que discriminan por razón del sexo, raza o cuenta bancaria.

Temo a los hombres que no leen, o que sólo leen el Marca o el Expansión.

Temo a los hombres educados para competir, para dominar y que se blindan para no 
mezclarse con el color y el olor de otros hombres.

Temo a los hombres que levantan la mano, que levantan el brazo, que dicen levantar 
España.

Temo a los hombres que no saben hablar sin insultar, que no saben acariciar sin 
penetrar, que no se cuestionan a sí mismos.

Temo a los hombres violentos de palabra, obra y comisión.

Temo a los evidentes, a los muy consecuentes y a los fríos gestores.

Temo a los hombres que gritan para imponer su razón y que guardan silencio cuando 
hay que gritar.

Temo a los hombres que ríen mientras fuman puros a las cinco de la tarde en un palco o 
a las diez de la mañana en un consejo de administración.

Temo a los hombres que no huelen flores, que no saben cuidar una planta.

Temo a los hombres que dicen querer ponerte mirando a Cuenca, a La Meca o cara al 
sol.

Temo a los que utilizan la palabra moro, negro o maricón.

Temo que mis palabras no las entiendan los hombres a las que van dirigidas.

Temo al próximo titular donde se asesina a una mujer
y no poderla salvar.
PAÍS DE LOCOS

Hubo un loco encerrado en una celda, que escribió con una sola mano El Quijote.

Hubo un loco que ganó la medalla de oro de esquí en 1972 entrenando sobre nieve
derretida.

Hubo un loco que descubrió la circulación de la sangre y lo quemaron.

Hubo un loco que escribió Bodas de Sangre, y de un tiro lo casaron con la muerte.

Hubo un loco que le arrancaba el alma a una guitarra ocho horas al día mientras lucía
el sol.

Hubo un loco que quiso que se lo bebiera el mar, porque pensó que el océano escondía
otro continente.

Hubo una voz que proclamó la revolución de la mujer, cuando la mujer era poco más
que un animal.

Hubo un loco que retorció los huesos de los edificios hipnotizando a las leyes de la
física. y sus sagradas familias.

Hubo un loco que pensó que podía navegar bajo el mar sin ser Neptuno, y otro que
podía elevarse sobre la tierra sin ser Jesucristo.

Hubo un loco que quiso abrir el cerebro y encontrarse con el sistema nervioso del
pensamiento.

Hubo un loco sordo, que nació entre piedras secas de un pueblo perdido, y pintó
desastres en mayo, majas desnudas, monstruos de la imaginación.

Quizás no hayan existido nunca, los hayamos soñado, o los hayan enviado para
demostrar que hay vida más allá de la tierra.

En éste país hubo, hay y habrá genios, cuyo único medio a su alcance, es la locura
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