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Sergio Ortas - Puritani, poeta

Sergio Ortas

poemas
2004

AUTORRETRETE

¡Oh, poetrusco de la nada!
tierniguarro y vulgar
envoltorio y armazón de tus propias cenizas.
¡Oh, poetín llorica!
como un perrito soñando
abotargado de caricias sin dirección
derramadas por el sumidero
transparente de los sueños
imposibles de recordar.
El problema hace el poema
Bardamu remando en galeras
ensucia el blanco de ojo y página
camina mientras revientas
guillotina las flores
crecidas en el estiércol.
1999

EL BUEN HUMOR Y LA MALA HOSTIA

Cuando haces cola en el Inem
y te ves obligado a acudir tres veces a sus funcionales oficinas
y te deniegan el paro por falta de horas cotizadas, es de humor.
Buen humor es cuando te fumas una colilla apagada incrustada
en el cenicero de fondo negro tizón y papel arrugado,
que engulles con una faringitis que arrastras desde hace dos semanas
y te sabe a gloria.
Humor es oler el alerón del barbudo hombre de carajillos en un autobús atestado
de gente y colapsado por el tráfico de las obras en agosto.
Humor es tener tu centro de salud a 45 minutos andando
y a una hora en transporte urbano.
Cuando recoges propaganda del ejército profesional es buen humor:
del intelectual, humanitario y gratuito.
Humor es cuando intentas reservar una habitación sencilla en mayo
para cinco días en el mes de agosto en cualquier pensión
de mala muerte.
Buen humor es oír al ministro portavoz, designio hábil del gobierno
de turno y oficio, escupir datos de bonanza económica
con ágil poder de comunicación y afilada propaganda.
El buen humor ajeno es oír cómo medio cine se ríe de lo que tú
piensas que es el momento más trágico de la película.
El chorro de orín o pis del abuelo que expulsa por la noche
trazando tres aristas y empapas la taza y te salpica en las manos,
eso es buen humor.
Buen humor hay que tener después de despertarte de una borrachera
de grandes dimensiones etílicas y ver cómo ronca
la sustituta por baja ilimitada en el sexo, y despierta junto a ti
muchas mañanas.

Mala hostia es alguna poesía de Roger Wolfe.
Mala hostia es una almorrana activa y vitalicia.
Mala hostia es el discreto camión de la basura avanzando
en una calle angosta con una perfecta acústica para reconocer
los nombres de los nocturnos funcionarios e incluso oler
algún residuo orgánico y veraniego.
Mala hostia es el insomnio y el desorden de tu vida que se pinta
en un juego de sábanas usadas con manchas entre las que desconectas con el buen
humor.
Mala hostia es tu vecina en bragas y tú sin poder hacer otra cosa
que una eterna paja.
Mala hostia es medio huevo frito frío
por causa de un ataque de tos.
La mala hostia vive contigo dentro de ti y en el orbe
donde habitas.
La mala hostia es echar vista al calendario de la cocina y ver
Que marca abril en vez de septiembre, prueba irrefutable
de que nunca estoy al día.
Mala hostia es un trozo de carne que se hace eterno y morado,
que no has sabido cocinar esta semana y en sábado
de madrugada le tienes que dar último destino al ser lo único
que llena tu nevera junto con un manojo de perejil mustio
de una comida que nunca hice y cítricos florecidos que parecen pasas.
Mala hostia es la clásica y anafórica enumeración.
Mala hostia es que no me haga nada de gracia lo que escribo
y esperar que algo pueda digerir.
Mala hostia es admitir que los Simpson tienen razón
y mala hostia es saber que el siguiente paso al buen humor
es la mala hostia.
HOGAR, DULCE HOGAR

Extenuado acerqué una silla,
subí a ella,
parecía un zíngaro recién llegado de una boda;
apunté y meé
sobre el fregadero de la cocina
para constatar que aquel ser era yo.
No surgió de la nada,
sino de un monstruoso día gris y febril,
sucio y húmedo como el pasillo y mis huesos;
comprendo lo que quiero decir, cuando lo digo
pero no cuando lo pienso.
A esto se le llama escuchar el sonido de tu propia voz
tosco y mermado de supuestas capacidades.
Acabo el día donde lo empecé,
en mi bendita cama.
2010

La cocina librada. El librero en pajarita.

-Dispense, señor, ¿podría tomarnos nota?
Querríamos probar…
-¿El rodaballo a la moda Günter Grass?
-Sí, ¡es una pieza extraordinaria!...
-... Pescada en el mar Báltico en los años setenta,
pesa unas seiscientas páginas y no los dejará indiferentes.
-Yo tomaré una Rebelión de Rábanos con Caracoles a la brasa.
-¡Buena elección para la señora la parrilla de verduras vegetal!
Sumamos a los rábanos otras hortalizas rebeldes y disidentes.
Ya sabe: las fundimos y las incorporamos a la brasa.
Nuestro jefe de cocina,el señor Tomillo, agregó los gasterópodos,
tan enemigos de los rábanos; ya sabe, la unión hace la fuerza...
Los caracoles están bien purgados, ni una página de mala baba les queda.
-Para la niña, una sopa de letras
que anuncia la literatura infantil
como sus gafitas, ¡huy! Qué monada,
huy huy huy, cos cos cos.
Mira cómo bate el sonajero;
le dan un aire tan intelectual esas lentes…,
parece un cruce entre Capote, Nixon y Warhol.
-Seguro, cariño, que llegará a secretaria del embajador.
-Claro, cielo, por la copa de mi sombrero
y por el guante caído en el suelo…
-¡Perfecto, un menú muy ilustrado!
-sonríe el maître-.
¿Lenin estaría orgulloso de nosotros?
Tomaríamos el puerco con col
que daba Vladímir Illich
en esos astilleros
del mar Báltico
que están en huelga.
-Demasiado atrevido;
y tengo entendido que pica y sangra
-espeta todo burgués-.
Simplemente no es de su agrado.
-La carta es variada.
Si tienen alguna duda
y no les puedo ayudar,
consulten el Gran diccionario de cocina
de Alejandro Dumas
o la Fisiología del gusto
del señor Brillat-Savarin.
Ya saben: tantos y variados
platos para diferentes paladares
que el lomo de algún libro
ya nos ha salido duro.
Si descubren los placeres
de cierta literatura,
quizás les deje alguna mancha...
No vaya ser que se les clave alguna espina
en la quijada.
Incluso hay gente que abusa del chorizo
o de la panceta...
Cuidado con la grasa, que no siempre es conveniente.
Bueno, ahora los dejo solos.
Que disfruten de la obra.
Les presto unos quevedos y un marcapáginas
Y una servilleta para la baba.
TIEMPOS DE COCCIÓN

Fui ánfora
para la sal de tus lágrimas
en el aire adúltero
y acre de la muerte
y del amor en las estaciones.
Dormidos en otoño,
paseando el estío,
tapamos el invierno
y el renacimiento
de la primavera,
evocación
de una memoria cruel:
las mañanas de aurora rosada
y sol de miel,
los días de humo y bruma,
las lecturas
en la biblioteca de Alejandría,
el cine en Berlín,
la pintura en París
el potaje en Madrid,
las tardes tostadas
como canela,
las duchas de menta
y los anocheceres
de guindilla y pimienta.
Descargas y vuelcos
de los sexos guerreros
como furia picante
y efluvios del tallo del limón
para amanecer en Bangkok,
atardecer en La India
o morir en Palestina.
La olla a presión del amor,
sin destapar, sin airear,
obertura del fermento.
Ahora que no estás
recolecto el fruto ya seco,
lo entierro en el dolorido
bramido del vino
y el almanaque de angostura
en la resaca salobre y marina.
LA SANGRE Y LA FLOR

Al parecer y según reza la leyenda,
un dios griego
llamado Hermes,
viajero con sombrero de ala,
espía en la noche,
canalla y ladrón
y sabio hijo de Zeus,
lanzó un disco
y le arreó duro en la cabeza
al hasta entonces su amigo Croco.
Hermes, como buena deidad,
convirtió la sangre de Croco
en una misteriosa
flor de tres estigmas.
De igual manera,
por resolución divina,
la ninfa Esmilax,
que amaba a Croco,
fue reducida a zarzaparrilla
que el generoso dios
le impuso como paliativo del dolor.
Esmilax jamás recordaría
a Croco con los sesos revueltos
y esparcidos por el monte Olimpo.
La masculina flor llamó la atención de propios y extraños:
sus estambres irradiaban un tostado olor,
lucía un color que iba del púrpura
a un oro rojizo
y teñía las civilizaciones
a través de su comida.
Las paredes cretenses
del templo de Gnosos
atestiguan y anticipan
milenios de recolecta manual.
Se popularizó
entre las elites
esta especia,
tal vez de origen persa,
flor compañera del arroz.
La sangre de Croco aderezó
salados y postres,
fue curativa en Egipto,
adornó a modo de tintura
lujosas prendas en China e India
y se enseñoreó de la cocina árabe y judía.
Pinta a la francesa
las claras aguas coquinarias
en la sopa Bullabesa,
revive en La Toscana,
canta al dorado atardecer de La Mancha
o Cachemira.
Fondo suavemente amargo
y evocación de algas marinas,
el azafrán,
violeta flor de la herida,
filo rojo,
crocus sativus,
misterio divino,
una brizna
de miles de sus flores
que convierte
la cocina en poesía.
2013

GOLFO DE ALTAMAR

Un puente infinito para cruzar el llanto
con el viaje que calma al desarraigo
y una copa de cobre llena de salino ron,
facilitan la misión
al sujetar con un alfiler el corazón a la solapa
de su marinera casaca
es todo el patrimonio que posee el golfo de altamar

Cuando los demonios y los amores
invisibles al catalejo,
trazan los vapores terrenales
de las lucernarias penínsulas;
susurra el mar que reposa salobre y muerto
en los espigones de algún espejeado puerto
entonces la esquilma de esperar,
nos recuerda en la lejanía al golfo de altamar

Los taberneros del puerto
y las vendedoras de seda, abalorios y especias
y todos los marineros en tierra que beben solos
y las mujeres con el secreto de sus ponis rosas;
en los carruseles incendiados del amor más azaroso,
sienten la feria del exilio de su atesorada presencia,
y engullen el jarabe de la tristeza que mejor les sienta:
la melancolía de no estar, con el golfo de altamar.
Aquí habita periodos el golfo no accidental
con alma de bergantín y roja nariz sobre una pipa oreada.
Es delito dicen, acusar sus coordenadas.
Y los cascabeles turquesas de la memoria
le hacen de su cabeza bien poblada por bailes y correrías,
escuchar buzukis tricordos y acordeones de madera.
los tercos anillos de ámbares pesados engordan su puño
Apretado al saber que en ningún puerto, nadie encuentra a nadie.
Lágrimas, ron y sal han de parar a la barba y al paladar.
2015

PARA CANTARLE A LOS SIGLOS

Para ti animal asustado
es la salmodia
de la miel robada a los labios
y el miedo secular cultivado
por saqueadores, mercaderes y mercenarios.

De tu hueso son los siglos
y de carne los segundos
en harto campo baldío
fecundo de llanto y "quejío"
por la gloria de los vencidos.

Si tu cara a la cruz amarrada
se arma de lanza rota y visera de papel
que prenda lenta esa lumbre
y la llama de ese fuego caliente al partisano
apartado del delirio de toda cumbre.

Tendidas quedan las milenarias trampas
y el brioso corcel de la quimera
testigo eres de la hora del lobo
y de los días borrados
por bermejas auroras.

Para ti, animal asustado.
Para ti, animal asustado.
Para ti...
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