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Pilar Peris, profesora y poeta

Pilar Peris

poemas

 PRANAYAMA

 


 Soplo. No respiro.
 Horado el vacío.
 Las páginas sin palabras que
 escribe el libro de cada acontecer.
 Desde el iglú de mi mudez magiar
 golpeo la mampara de tu transparencia,
 como mosca cegada por la luz.
 Soplo. No respiro.
 Amalgamo el dolor al vértice luminoso de la risa.
 Modelo vidrios y cálices mercuriales pletóricos de nubes,
 mares sin senda contra el légamo de la aurora y su tunante rocío.
 Voy donde la mañana no lleva.
 Asida a las raíces que el árbol ignora.
 Prendida a la enramada que dibuja sensuales pinceladas,
 verdes llamaradas, estertores piramidales
 en los confines cenitales de la tarde.
 Soplo contra los templos sagaces y
 sus confusos escuadrones de polillas.
 Contra las bocas enharinadas y pusilánimes.
 Contra el goteo de redes y pértigas que
 decapitan al girasol impidiendo su giro.
 Contra la arena que cubre el cielo de dunas,
 la escalera sin peldaños,
 la tez sin gesto,
 los túneles infernales que cada estación
 atraviesa Perséfone para nacer.
 Contra la leprosería del amor.
 Soplo para reparar mi fuga,
 desde el hueco neumático de
 campanas que tiemblan en mis manos
 como algas sinuosas ventilando oxígeno.
 Ofrezco resistencia al tiempo incoercible,
 a la losa marmórea que fragua
 aquello que el alma no necesita abastecer.
 Soplo para irrigar en la mirada
 el lagrimal esmerilado de una luz extinta.
 Para no sucumbir a la succión, el golpe y la deriva.
 Las palabras traen aire y aliento.
 Respíralas conmigo.
 Que no las coagule el olvido
 Que el ruido no las mutile.
 Que ardan con el mismo soplo vital
 que alimenta y mueve mis ventrículos.
 Y desde la pira del silencio,
 cimbreantes y firmes,
 sus cenizas fermentarán
 contra la nada y el miedo a morir.
                        De Fisuras 2012
 KAIROS

 


 Mira cómo nos mira lo imposible.
 Mira lo que nos ignora
 y tórnalo íntimo.
 Mira tu mirada en precario equilibrio
 afianzar su anclaje celeste en torreones de ceniza.
 Mira en el suelo el alimento
 y en el alimento el veneno del miedo.
 La lágrima del viento nos busca.
 Nos busca la rosa
 y las jaulas sin rejas
 donde cabizbajo algo espera
 para liberar nuestro ser efímero.
 Así deviene íntimo lo imaginario.
 Así lo extraño nos cobija y reconoce.
 Así soy blanco de la vida imponderable.
 Y es pálpito y rumor de líquenes el poema.
 Airada mecha, torbellino de palabras
 que crujen y saquean
 la tersa y cálida mudez de la piel.
 Así lo intangible levanta puentes
 sostenidos por el arco del deseo.
 Y las palabras guarecen de la imagen
 y su ambiguo poder.
                               De Fisuras 2

 LA DERELITTA

 


 Et quid amabo nisi quod aenigma est?
 Giorgio de Chirico
 El lenguaje se burla del dolor.
 Cuando las palabras se agolpan
 como musas inquietantes en su nada,
 ¿qué amaré, si lo que es es enigma?
 De la memoria no emerge porvenir.
 Fuese luz esa bóveda.
 Cuadrado negro tu lágrima
 en su blanco descenso al corazón.
             De 20 poetas Aragoneses Expuestos . 2008
 PALLAKSCH

 


 Debería contar hasta diez.
 Frenar el ímpetu de acaloradas reacciones.
 Domesticar la furia.
 Anestesiar la torpeza espontánea de cada afecto
 antes que la insensatez los sumerja en
 una irrefrenable y desafortunada cascada
 de palabras que hieren como dardos.
 Debería usar comodines y trampantojos.
 Guardar los triunfos de la baraja.
 Sustituir la confrontación y el diálogo
 por el silencio ambiguo y cómplice.
 Debería esperar paciente a que el habla
 encaje su momento propicio.
 Husmear como el topillo y el lémur
 sin hacer ruido.
 Cubrir el corazón de rábanos, cominos y madreselvas.
 Esquivar la verdad.
 Dormir tranquilo.
 Callar para no dañar al amigo.
 Y sacudir en la trastienda
 el mantel de las emociones
 lejos de los actuales sistemas protocolarios.
 Debería ratificar el sí y el no con el silencio de los actos.
 Pues quizá exista un lenguaje vacío que
 diga a la vez terriblemente sin palabras
 lo que somos y a menudo no podemos ver.
 ARENAL

 


 Sabía que el viento me azotaría.
 Que un mar de encrespada espuma
 escupiría olas bajo el látigo de la marea.
 Sabía que un mar agreste me esperaba
 para gritar su ultraje y su desvelo
 y succionarme con sus garras extendidas.
 Detengo la mirada en brazos del agua.
 Y como alas de gaviota que el viento peinara
 me atraviesan haces de enfebrecida luz en calma.
 Quisiera persistir como el añil
 que serpentea en estas aguas portuarias,
 entre meridianos destellos y noctámbulas filigranas plateadas.
 Nécora y equinoccial,
 áspera como salitre y arena.
 Y entre ánforas y conchas burbujear,
 indómita e imprevisible como tú.
 Pues ahora que tus cenizas conocen el origen de la vida
 y peces de colores te respiran,
 le digo a este mar que ruge y llora:
 sin el perdón de las aguas no puedo vivir.
                                   (Inédito)
 DESCONFÍO DE LA LUZ

 


          Por ganar esta luz vine y estoy aquí.
          (...)
          ¿Por qué están hechos nuestros ojos para llorar y para ver?
          LEÓN FELIPE. Ganarás la luz
          Más vale cerrar los ojos. Aprenderás más de la sombra
          que de la apariencia de las cosas.
          EDMOND JABÉS. Un extranjero con, bajo el brazo un
          libro de pequeño formato
 
 Desconfío de la luz
 como de mi cuerpo
 que arde lentamente
 a pesar de la lluvia.
 ¿Conoce el sol la noche?
 ¿Conoce el día la luz y
 su afán inmisericorde
 por doblegar la
 vana persistencia de los charcos?
 La vista no configura
 espacios para el canto.
 La mirada es alma clandestina
 que gime y gira confundida
 como derviche en el desierto.
 Yo no vine
 ni estoy aquí
 para ganar esta luz.
 Yo no vine a
 levantar mi falda ni
 a exhibir palabras en
 una falla que premia
 ninots indultats.
 A pleno sol
 los ojos celebran el
 esplendor de la luz.
 Yo vislumbro en
 la sombra su
 trágica insurgencia.
 Pues mi voz
 no alcanza la palabra,
 y se enreda torpe y
 obstinada
 escarbando del subsuelo
 la raíz.
 Entonces callo y
 el silencio
 suena.
 Es el vasto
 susurro de
 las imágenes.
 Todo aquello que
 nace de la oscuridad
 y sólo
 la oscuridad desvela.
            De El vasto susurro de las imágenes. 2007
 REBELIÓN DE LA TERNURA

 


 Hay noches que se alzan procelosas lacerando el día.
 Hay archipiélagos furtivos tras cada lágrima.
 Infinitas trayectorias líquidas germinando en el musgo de los libros.
 Fuera del asedio del reloj y los mapas
 hay bosques lejanos como planetas habitando el corazón,
 y claros ocultos en cada pupila.
 Cuando brillan los siete brazos de mi candelabro vacío,
 y adivino su destello en el cristal donde se posan las polillas,
 el torno de mi duelo gira y muta.
 Me refracto en versos impelidos al silencio por el estupor y la culpa.
 Versos de escarcha y acebo lloran su necesidad y
 balancean palabras sin columpio ni caballito de madera.
 Porque duele cada verso derretido en los ojos.
 Cada palabra obturada y confinada al silencio por saturación de vocablos.
 El aliento estéril del pájaro cantor sin vuelo ni reclamo.
 La esclusa hundida en el erial de sueños insípidos.
 El páramo repleto de cáscaras.
 La lija.
 Mirarte tan sólo
 tras una turbia cortina de palabras.
             De El vasto susurro de las imágenes. 2007

 VIERNES SANTO

 
 

 Hora escarnecida.
 Día de sagrado luto.
 Entre cirios, reliquias,
 largas y solemnes túnicas
 deslizan sus negras colas
 barriendo polvo y colillas en
 los bordillos de las aceras.
 Virgen del dolor que me habita,
 madre de marjales y acequias,
 tuya es la fuerza de mi paciencia,
 tuya la pureza bastarda de
 mi sacrificio,
 la esperanza vacía
 que se agota oferente
 en mis entrañas.
 Tuyas son las vísperas de
 esta fiesta eternamente aplazada.
 Agonízame aquella furia,
 aquella hoguera de vidrio,
 aquella culpa que incita al saqueo
 y la rebelión por las causas últimas.
 Retumban bombos y atabales,
 redoblan cajas, clarines,
 enjambres de cornetas y tubas ante
 la imagen dolorida del martirio.
 No quiero centinelas para
 mi antorcha encendida.
 No quiero brillos de
 piel marmórea ni
 que tus pupilas me
 etiqueten con un
 código de barras.
 Muéstrame tu costado de
 arcángel y mártir.
 Muéstrame el vacío
 donde sobrevive la
 costilla que te falta.
 Muéstrame la manzana,
 pues a mi pecho desciende,
 altiva y errónea, tu mirada,
 escondida tras los ojales de
 capirotes y pantallas.
 La noche te presagia
 inverosímil como el encuentro
 del gorrión y la estatua.
 Vestida de jazmín y azahar,
 desde balcones de forja y
 arabescos vegetales,
 entre azulejos, celosías y lirios,
 sombras, vibraciones,
 fulgor de farolas y grillos,
 lágrimas y señales convulsas
 serán órbita del azar y el destino.
 Noche de abril detenida a
 los pies de la memoria.
 Noche procesional y cíclica
 como rumor de olas y
 chasquido de puas.
 Noche irredenta donde gime
 el silencio y suspira el aire
 por la hija bienamada que
 otro abril esta calle vio nacer.
 (Inédito)
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