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Estela Puyuelo, poeta y profesora
Estela Puyuelo
poemas

 

TIERRA

 

 

Has de saber que yo, 
antes que de mis padres,
nací de la tierra.
Soy la esperanza erguida de las tumbas anónimas
donde yacen todos los labradores que araron mi nombre. 
La esperanza viva de todos mis labradores muertos.

La tierra siempre resucita.
Ellos lo saben.
Soy su semilla.

Mírame bien; yo no soy lo que parezco.
Visto, hablo, pienso, siento
como cualquiera que habita este siglo,
pero mi cuerpo es salvaje 
como las garras del viento.

Fricciona mi piel de plástico 
y buscarán aullando la yugular de la noche
manadas de callos lunáticos.

Mis músculos se hinchan cuando recuerdan
que los forjó el arado en su cárcel siniestra,
y mi corazón es, de arcilla y piedra,
mezcla perfecta.

El polvo del camino me oxigena,
duerme en mi sangre,
me llamará la tierra
cuando la labre,
y olvidaré mi nombre
justo al tumbarme.

 

TODOS LOS GUSANOS DE SEDA



Hay algo fascinante en el fracaso,
una bocanada de rebeldía fresca
que anima el orgullo de los insignificantes.

Hay algo fascinante en el fracaso,
en lo que no hubieras vivido
de haberse cumplido
tu ensoñación imposible.

Hay algo fascinante en el fracaso,
en el no, en el stop, en el muro,
en el desaliento constante de los caprichosos.

Algo hay verdaderamente fascinante en el fracaso:
unas alas suaves de mariposa
que rompen las ilusiones de seda
donde se alimentan todos los gusanos.
CARTONES CANÍBALES  (poema finalista en el Certamen “II Umbral de la poesía” de Valladolid)

 

 
¡Cuidado con las cajas vacías,
esas perfectamente bronceadas que hablan de fragilidad!
Observa los entornados párpados de sus ojos esquivos
en su letargo de digestión lenta
que evitan mirar de frente y mostrar su interior.
Despliegan su cuerpo ahora tridimensional,
abren la boca y devoran la inutilidad del mundo.
Tienen hambre de ropa vieja, desfasada, incómoda o inconveniente,
de vestidos de novia.
Se alimentan de aparatos aniquilados por la era tecnológica y
tragan con ansia viejas cajitas
que fueron úteros fértiles garantizados
siempre a la espera de mejorar el parto.
Pero su manjar predilecto, presa fácil,
son los manuales de instrucciones,
ingenuos, ignorados, impotentes
como docentes sin autoridad.
Amordaza esas cajas con cinta adhesiva,
cierra sus fauces hambrientas 
antes de que te engullan
una tarde de aburrimiento, soledad o angustia.
Para mí ya es tarde.
La caja marrón estira sus solapas,
me estrangula con su garganta áspera,
deposita mi cuerpo en el interior de su estómago
y se cierra tras un raspazo.
Antes de ser digerido,
vislumbro entre las rendijas
las palabras que se grabarán en mi epitafio:
“¡Otra caja al trastero!”.

 

FRÍO

 

Camino desnuda 
sobre la nieve virgen del invierno.
Me creerás loca,
pero no hay refugio para el frío.
Construirás tu abrigo
de ropa y muros,
tejerás el sol del verano
para vestir tu piel en la niebla
y aun así
la cigarra congelará tu pecho
si no dejaste que cantara.
Desnúdate,
aun hay tiempo.
El frío está siempre dentro.

 

IDIOTA

 


Si te topaste con un idiota, 
lo lamento.
Nunca podrás demostrarle lo idiota que es.
Mas, al contrario,
te hará creer que el idiota eres tú
y, entonces,
no podrás deshacerte de él.
Lo necesitarás.
Querrás demostrarle que no eres idiota,
pero fracasarás en cada intento.

Si es así, has de saber que te topaste
con un verdadero idiota.

Si te topaste con un idiota,
lo lamento.
No le des crédito,
no alimentes más su idiotez.
O te convertirás en un idiota como él
y querrás convertir a todos en idiotas
para no sentirte tan idiota.

Pero no temas a los idiotas.
Un idiota se cata enseguida.
A no ser 
que te enamores de él.

 

MI CASA


 


Levanté mi casa con el esfuerzo de un insecto que intuye el invierno.
Amueblé las habitaciones de experiencias.
Las pinté de cordura.
Monté armarios en el salón para almacenar los sueños 
y guardé la locura en el canapé del dormitorio.
Llené la despensa de sopas de letras
y el baño de nostalgias marinas de una caracola ambulante
y de jabones de tomillo y albahaca.
Planté flores en el jardín de la lluvia
para no olvidarme de regarlas.
Y arranqué las puertas para conocer el viento.
Si alguien sopla no derribará mi casa.

 

¿PRINCESA EN APUROS?  


 

La princesa en apuros corre el pestillo
ya no teme más fieras que su castillo.
Con un arma sin filo marcha a la guerra
los príncipes valientes firman la tregua.
No consiente que nadie escale sus trenzas,
ni hacerse la dormida, ni ir de bella.
Ya no compra manzanas sin conocerlas,
a los lobos persigue si hay luna llena,
los guisantes le sirven de adormidera
y a las doce en punto se desmelena.
Desde que la princesa en apuros se hizo guerrera
hay sapos encantados que un beso esperan.

 

VIENTO


 


Tengo
un puñado de viento en mis manos.
Es casi invisible
pero lo tengo.
Para que me despierte
si quedo prendida de un sueño,
de un solo sueño,
lo tengo.
Para agitar las ideas que nacen
como semillas que viajan muy lejos
y piensan ser flores
lo tengo.
Para levantar el aire
que pesa
al cerrar las ventanas
lo tengo.
Para rellenar los huecos 
que teje paciente
la ausencia 
lo tengo.
Para que me recuerde
cómo se acaricia
cuando se ama
lo tengo.
Yo tengo 
un puñado de viento en mis manos
es casi invisible,
como el amor sin dueño,
un aliento de vida,
el preludio del canto,
el impulso en el vuelo 
de un pájaro.
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