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Emilio Pedro Gómez, poeta

Emilio Pedro Gómez

poemas

 

 

 

No existe en libertad
		  lugar de origen.

En patria alguna hallé
la verdad que nos hace,
motivo de bandera,
ni mérito de ser
bielorruso, zulú, coreano, suizo…

No hay secreto de estado respetuoso
ni lugares sagrados.

Cada silencio es un país
donde nacer de nuevo
		en cualquier parte.

 

 

 

La espuma de los sueños
que escapa legañosa
al subir la persiana

los silencios prohibidos
en las intrusas ondas de la radio

el cuerpo sumergido en la bañera
de la palabra “exilio”

el translúcido vaho
que en los espejos del azar
deja tu ausencia

la forma cóncava que irisa
el duende de la luz…

Todo lo que no está
conspira a tientas
su modo de volver.

 

 

 

Temo dejar de ser lugar
		        de encuentros

abandonar la casa del instante

temo perder la luz de la conciencia
la flexibilidad en los abrazos
el hondo escalofrío del asombro

temo confundir un halago
	                      con un mérito

ignorar lo que pierdo
			    si acaparo

desactivar el germen de la duda

temo olvidar el olvido
que encubre las infamias del poder
(traslucir mansamente
su lenguaje)

temo dejar de resistir…

El miedo que no tuve
me mira sin saber
qué le reclamo.

 

 

 

Nos entregan los ojos
al roce de una tecla,
el tacto a los colores
que irradian las pantallas,
el gusto al cloro aguado 
de la resignación,
el olfato a la asepsia
de las rosas virtuales,
el oído a beber
la mordaza del viento.

Nuestras metáforas
		           qué libres
su libertad
	         qué cárcel.

Los sentidos al borde del adiós.

 

 

 

Edad tardía

vibración de las pérdidas

la memoria varada
muy cerca de la fuga

toboganes cruzados 
al abismo

instantes que no queman
en el tiempo encendido de las sobras.

 

DURACIÓN

 

 

Pasión vertiginosa
cariño lento

ahora el fruto
como aroma el ayer.

Indagar en el tiempo
y su caja de ritmos

descubrir claros
en la desesperanza
indicios, trasparencias …

por si vuelven los sueños
que no pudieron ser.

 

 

 

Una infancia de musgo
			que la oculta

el mañana
	     más breve cada vez…

sólo poros a un grito de descarga.

Si nos ha de salvar 
lo que salvemos
arda mi voz en el dolor del mundo

contra el miedo

por la metamorfosis
		         ¿ imposible?
en ala colectiva
		    del poder.

 

 

 

Qué máquina de vértigo 
     			a la nada.

El amigo se ha ido
  		de un plumazo.

Fugacidad es lo perpetuo.

Ya pronto seré tarde
y no se hará la sombra donde piso
y nadie me restaña...
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