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Juan Antonio Tello, poeta

Juan Antonio Tello

poemas

 

Cubro la jaula de los pájaros
para que podamos descansar.

Sus patas pinzan los barrotes
como cuerdas de arpa
y el ruido de la noche invita al sueño.

Ya podemos estar solos,
ofreciendo las palabras
que hemos guardado.

De Páramo (Zaragoza, Aqua, 2007).
Quai de la Monnaie



El paseo hacia el muelle
sosiega el pálpito de las horas, 
la brisa mueve nuestro pelo
mientras sujetamos la barandilla gris
para inclinarnos sobre los plásticos
que flotan en el Garona.
Los vemos pasar,
testigos de los días,
y tú desvías la mirada hacia el Atlántico
que nunca atravesamos.


De Hombre con perro (Ayuntamiento de Zaragoza, 2008).

 

Si encontrara la palabra que nombra la travesía,
ésa sería yo, o aquél traspasado por el tiempo,
con el silencio en los ojos y el lenguaje de la navegación.


De Cuando fui naufragio(PUZ, Colección La Gruta de las Palabras, 2008).
La guerra son los labios 
y su gusto a dolor,
la nave fracasada 
que se bate en escollos,
la palabra ad inferos 
que muerde el corazón
con dientes y arrecifes 
desgarrando oraciones
como una suplicante
que no sabe del mar 
ni de sus vendavales, 
estrépito y cadáveres 
de Escilas y Caribdis
para la travesía,
no seré yo tesoro 
pues botín es el otro,
quien miente en la aventura 
y regresa vacío, 
la vida a toda vela,
los ecos a su espalda, 
ladridos  que no cesan.



De Cuando fui naufragio (PUZ, Colección La Gruta de las Palabras, 2008).
Yo es otro, 
cuervos rojos 
se dispersan y reúnen 
en los versos de Rimbaud 
y se abaten sobre mí 
con sus picos de hueso.
Flores árticas 
(no existieron) 
en esta fiesta de invierno
donde crecen, 
en la danza de mis ojos, 
en el baile y el cortejo, 
en la obra que devora 
de umbrales los vientos fríos.


De Umbrales de Rimbaud (Zaragoza, Eclipsados, 2010).
Exiliado aquí, 
entre cuervos y frío,
enterrando sombras 
al pie de los árboles
como ruidos nuevos, 
nazco a un tiempo muerto
entre niños monstruo 
que piensan la nada,
y todo se aloja en mi corazón.



De Umbrales de Rimbaud (Zaragoza, Eclipsados, 2010).
Tierra adentro 
(o canción del que quiere ver en un mar de ramas).



Adentro, en las palabras, somos lo que decimos pero desconocemos la dimensión del disfraz. 
Laten las cosas, su música probable. Las imágenes quedan ancladas en la tripulación. Dejad
que me convierta en posibilidad. Por ello comparezco ante vosotros, para escribir de alguien
que tal vez sea yo. El pasado perfecto que cruje en un tiempo muerto, la puesta en libertad de
los lenguajes, quimera del que quiere ver.
Zarpar, solo zarpar, con destino al discurso entre tantas banderas. Y en cuántos descampados 
podrían ondear. Y a cuántas mujeres debiéramos querer y en cuántas noches o en cuántos 
fragmentos de un único cristal. 
Me persono en gusano, niño de hueso en el árbol, fruta encendida, idioma descosido de un
traje de domingo o el de un funeral. No importa más que el poema, con él se entierra el 
armazón del mundo. 
(No sé si las ficciones merecen la belleza de una cicatriz, roja al sol como un corazón 
hecho de ramas).


De Nosotros, Atlánticos (inédito).
Plantas de interior.


 
Por la noche riego las plantas de interior. Me ocupo de ellas. No hay sombra que las haga 
morir en la memoria sin llamar la atención. Resuelvo el horizonte y también la caída donde
debe existir este mundo supuesto que brota del presente como única certeza. Elogio las 
ruinas en un texto objetivo, el espacio fructífero del poema.
Tomamos posesión de un campo de escritura, los hombres cotidianos, cada día ocupados en 
la mudanza. No hay héroes ni vencidos para esta batalla. No podemos borrar al dueño del 
relato, sus máscaras lingüísticas, la parte de una vida que sigue deshaciéndose y deja tras
de sí su cola de cristales. El porqué de un suceso vive en cada momento su trama tartamuda, 
la extensión de un desastre.
Estoy entre nosotros, buscando acontecer una historia posible con fecha señalada en su 
acepción vulgar. He elegido a mi actor, revocado su herida para hacerla real de un modo 
diferente. La huida es el encuentro de uno ante el espejo. Ya lo he quebrado. De esta 
decisión surge el instante que no hay que repetir. El tiempo que lleva tu nombre está iluminado.

De Nosotros, Atlánticos (inédito).
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